viernes, 12 de octubre de 2007

Cámaras

En la playa, siendo mediados de Junio y las 12 de la mañana, solo había algunas parejas y un grupito de chicas solas, con muchos metros de separación. Ideal. Desplegamos las toallas a distancia suficiente entre dos parejas y soltamos macuto y bolsa.

Carola me mira picarona y me dice entre dientes –¿Seleccionamos?, jiji- . El verano anterior fuimos asiduos de esta playa nudista, y nuestro morboso juego consistía en seleccionar otras parejas, chicos o chicas, y después, de vuelta a casa, cada uno relataba una historia de tríos o intercambio con los seleccionados. Esto nos ponía a cien, y el polvo en casa era sensacional.

Internet fue después nuestro catálogo para seleccionar y disfrutar, sobre todo en páginas de contactos e intercambios de parejas. Estuvimos tentados de enviar anuncio y probar, pero no nunca pasó de húmedas fantasías.

Carola, de pie, se desanudó el pareo. No llevaba nada debajo desde que salimos de casa, bien sabe que me excita enormemente. Sus movimientos pausados abriendo el pareo, descubriendo al sol y al aire sus pequeños pechos y sus pezones tiernos y rosados, su vientre terso y suave, su sexo recién depilado con solo un poco de vello casi rubio en su pubis, sus finas piernas, hicieron que me sentara en la toalla nada más quitarme el bañador, para disimular mi inicio de erección.

Carola, en sus treinta años, de pelo castaño claro casi pelirrojo, rizado y hoy con una cola, de piel clara y maravillosamente pecosa, está como nunca. Nos gusta el deporte, y nos mantenemos en forma.

Se agacha dándome la espalda, se pone de rodillas situando el pareo como almohada, me mira, sonríe, y pone su redondo y blanco culo en pompa, descubriendo su limpio sexo a dos cuartas de mi nariz. Le pego una palmada en el cachete, y nos reímos. Carola se tumba boca abajo en la toalla, separando levemente las piernas.

El sol debe de estar dándole en el chochete, pienso, y desvío la mirada hacia la pareja de la derecha, que estaban observándonos, porque veo que sus cabezas giran al mar. Miro al mar yo también, y cierro los ojos para sentir el sol, la brisa, el rumor de las olas, y el aroma del mar. Me tumbo boca arriba y alargo la mano hasta tocar la cintura de Carola. Delicioso.

-¿Has visto la pareja de al lado?- me dice Carola al rato. –Sí-, le contesto, -Y no me gustan especialmente-, digo entre dientes. Siento como ella se incorpora sobre sus codos. -¿Qué nooo?-, me dice. –Creo que no has mirado bien-.

Giro la cabeza a la derecha, y siguen los mismos de antes, una pareja extranjera de cuarenta y largos, ella un poco rellenita para mi gusto. –Allí no, al otro lado- me susurra Carola.

Giro la cabeza al otro lado, y por debajo de su cuerpo, entre sus pechos que no tocan la toalla y su torso… jodeer, pues sí, esto es otra cosa. Una morena de pelo corto, delgada y bronceada por el sol, con unas tetas considerables, y una raqueta en cada mano, de pie hablando con un maromo sentado de color café, cortado de café, delgado y musculoso hasta en la distancia. Parece que le convence para jugar con las raquetas, porque se incorpora, mirándonos un instante al levantarse.

-¡Has visto esooo?- Susurra entre dientes Carola. Claro que lo he visto, -Creo que él va a jugar al béisbol, no a las paletas-. El tío tiene una morcilla de Burgos entre las piernas. En erección será un chorizo Revilla familiar lo menos. Pero color morcilla. Carola no le quita ojo, y le digo -¿Seleccionamos?, jeje -. –Seleccionados- me contesta, riéndose nerviosa.

Carola se incorpora manteniéndose de rodillas, culo en pompa arreglando su almohada. Sus movimientos, como siempre pausados y suaves. Diría que exhibiéndose, se da la vuelta poniéndose boca arriba apoyándose en los codos, las piernas un poco flexionadas y separadas. –El moreno me está mirando-, me comenta. –Me lo creo-, le digo.

Me incorporo sentado, los brazos sobre las rodillas, y me recreo mirando el cuerpo de Carola, hasta que mis testículos empiezan con su habitual movimiento previo a la erección, y miro a la pareja jugando con las palas. La chica está de muerte. Unos veintitantos, no muy alta, sobre 1,70 y cuerpo estilizado suavemente musculado, se nota que es de gimnasio. Sus piernas están fuertes, el culo apretado y seguro que duro, tiene recortadito el vello púbico, al estilo de Carola, caderas estrechas, cintura de avispa, y unas tetas naturales que no cabrían en mis manos y que se bambolean a ritmo de su andar. Son grandes, pero firmes y con los pezones medianos y oscuros apuntando al cielo. Su negro pelo corto deja al aire su cuello, y el flequillo se mece por su cara, llevándolo de vez en cuando con la mano detrás de la oreja, en un movimiento que me resulta familiar.

Le dan fuerte a la pelota, ella con más seguridad que él, y espectacular es cuando alguno tiene que saltar, ella por sus tetas, que describen círculos independientes, y él, por su miembro, dibujando una elipse completa. En una de estas, ella no llega, y la pelotita cae a unos 10 metros enfrente de nosotros. Se aproxima al trote para recogerla, y al agacharse, me mira. Yo no puedo dejar de mirarla. Se lleva los pelos detrás de la oreja y me sonrie. Es Marta. No la había reconocido hasta que sonrió, además de que nunca la había visto desnuda.

Se incorpora rápidamente, se da la vuelta y vuelve andando, moviendo descaradamente el perfecto trasero. No me ha reconocido, pienso, menos mal, porque estoy completamente bloqueado. Gira la cabeza, mirándome seria mientras se aleja, se le cae la pelota, se agacha a recogerla, me mira de nuevo, sonríe, piensa unos segundos y se incorpora dirigiéndose a nosotros, llevandose los cabellos detrás de la oreja. Me ha reconocido.

-¿Sergio?- me pregunta a cinco metros, según me levanto intentando sonreir, y haciendo un esfuerzo sobrehumano para fijar la vista en sus ojos y no en sus tetas. -Eres Sergio, ¿no?- me repite a 3 metros, con la sonrisa que recuerdo. -Claro-, le contesto, -y tú eres Marta, no me cabe duda-. -¿Qué haces por aquí?- decimos los dos a la vez, y nos reímos por la pregunta y la situación. –Ejem, yo, esto … estamos esperando el autobús, y no viene-, le digo poniendo cara de jilipollas. –JAJAJA- ella se rie de veras ante la idiotez, y sus tetas se mueven al ritmo de la risa. – Mira, te presento a Carola, mi mujer- le digo, volviéndome y cogiendo a Carola por la mano que me tiende, incorporándose con mi ayuda. –Hola, encantada- dice Carola, -Igualmente-, le contesta Marta, aproximándose para los besitos de rigor.

Marta es un poco más alta que Carola, y por fin puedo mirar de cerca sus preciosas tetas, su espalda y culo. Se dan los besitos, veo que Marta deja la mano en la espalda de Carola, casi donde empieza el culo. - Así que casados, ¿cuanto tiempo lleváis? -, pregunta Marta, mirando a los ojos de Carola -Tres años y pico-, le contesto. Tres nerviosos segundos de silencio. –¿Y tu amigo?- salta por fin Carola. –Ah, si, Frank-, dice volviéndose Marta hacia él, y llamándolo con la mano. Miro a Carola, que me mira a los ojos, mordiéndose el labio inferior, picarona. –Es Frank, mi novio, o pareja, no sé, jaja-, se ríe Marta, -Llevamos viviendo juntos casi un año-. –Es canadiense, un pelín tímido, pero un encanto-. Carola no pierde ojo de Frank según se aproxima.

Veo que Marta se da cuenta, sonrie, y mira directamente y sin tapujo mi fláccida polla. Para no ser menos, le miro con descaro las esplendidas tetas y su recortado pubis. Nos encontramos la mirada, y nos reímos, cogiéndome ella de la muñeca. –Frank, te presento a Carola y Sergio-. -Encantado- , saluda con acento extranjero, -Que tal-, nos saludamos con un apretón de manos, y se dirige a Carola, se dan los besitos en cada mejilla, la mano derecha de Carola en el bíceps de él, y su mano derecha en el hombro de ella. Curioso el contraste de color.

Carola está sonriente, mirándole directamente a los ojos. El tío me saca una cuarta de alto, y otra de miembro, de cerca es músculo y fibra, pero no voluminoso. O no tiene vello o está completamente depilado, y he de de reconocer que no es feo. Tiene además la suerte de follarse a Marta. O quizás sea Marta la que se lo folle a él. De todas formas, me ha caído bien, parece amable y tranquilo.

-Bueno, y venís mucho por aquí?- les pregunta Carola. –Pues no, es la tercera vez que venimos. Estamos en el camping. Tenemos un bungalow para el fin de semana- contesta Frank. –Ah, el naturista, no?-, digo yo. –Si, este-, contesta señalando con la mano. -La verdad es que se está muy a gusto. Es tranquilo y relajante-, dice Marta. –Ajajá, igual algún día nos metemos- digo. –Claro, seguro-, añade Carola, mirándome.

–Bueno, que tampoco queremos molestaros mucho, que estábais muy tranquilos …- dice Marta, -No, no, que va-, se excusa Carola, -Si, además, nos vamos al agua, ¿verdad, Frank?-, -Si, claro, aprieta el sol…-

Nos despedimos con apretón de manos, y besitos. Marta, al darme los besos, desliza una de las tetas por mi brazo. Estoy seguro que lo hace a posta.

Nos despedimos sonrientes, y se van a sus toallas, ella le pone la mano en la espalda, juntándose y comentándole algo. Él también se la pone a ella, pero baja hasta su culo, abarcando una de sus nalgas sin apretar, haciendo lo mismo ella. Se van riéndose y hablando.

Me siento, y Carola igual sin dejar de mirarles. –Ufff-, exlama, -Vaya pareja. Estoy nerviosita como nunca. Vaya músculos-. –Ya-, le digo, -Y aquí hay tema vara varios relatos. jeje. Creí que en la presentación, ibas a agarrarle la polla en vez del brazo, jeje-. Carola se rie, y se tumba flexionando las piernas y abriéndolas un poco. Seguro que tiene la rajita encharcada, pienso. Le cuento que conozco a Marta de una empresa que visitaba hace tiempo, unos 5 años, y no la ví más. Ya entonces estaba estupenda, tendría unos 22 añitos, pero creo que ha mejorado con el tiempo.

Marta y Frank dejan las palas y se van para la orilla, medio en juegos y risas, y se meten en el agua hasta la cintura. Ella está más sonriente y juguetona que antes de hablar con nosotros, y se zambullen en una ola.

Pasa una pareja joven por la orilla, son de unos veintipocos y de buen tipo. Miran con descaro a Carola, que con las piernas separadas debe de mostrar su depilada rajita. Me excita enormemente que vean a Carola desnuda, y más en actitud provocadora, lo que generalmente me hace tener una erección incontrolada. Ahora más, cuando veo que con el agua por el ombligo, Frank tiene abrazada a Marta por detrás, y el brazo de ella se mueve pausadamente. Se la está meneando debajo del agua.

La pareja joven llega a la altura de ellos, y se saludan con la mano sin detenerse. Me tengo que volver boca abajo, cerrar los ojos y pensar otra cosa.

-Sergio, Sergio ..- Me llama Carola. Salgo de mi amodorramiento, y veo que Marta y Frank vienen hacia nosotros, con las toallas en el hombro y mano. –Hola de nuevo- dice Marta sonriente, -Vamos al bar del camping, a tomar algo fresquito, y nos preguntábamos si os apetece-. Nos miramos Carola y yo, ella asiente. –Pues buena idea-, les contesto, -Encantados-. Nos levantamos, recogiendo la ropa y toallas. –Habrá que ir desnudos, ¿no?- pregunta Carola. –Sí-, contesta Marta con una sonrisa, -Pero no pasa nada si te pones el pareo por la cintura-.

Nos encaminamos para el chiringuito del camping, dos minutos andando, entre chascarrillos y comentarios sin trascendencia. Llegamos al bar, hay una zona acristalada que parece un restaurante, y unas sillas y mesas amarillas fuera, rodeadas de algunas sombrillas y hamacas. Algunas están ocupadas, y todos parecen extranjeros. Nos sentamos, y los cuatro pedimos cerveza. Me sorprende Carola, muy pocas veces toma alcohol, se pone cachonda enseguida. La tengo enfrente, Marta a mi derecha, y Frank a la izquierda.

Nos traen las cervezas, y siento la pierna de Marta rozando la mía por debajo de la mesa. Se la mantengo, y ella no la retira sino que la mueve suavemente, sin mirarme y tomando un trago. Yo tomo otro laaargo trago.

Al rato, Carola se levanta quitándose lentamente el pareo, quedando completamente desnuda. Conozco bien el significado cuando se muerde el labio inferior, esa mueca picarona significa que está excitada. Frank la observa con una media sonrisa. Con parsimonia coloca el pareo en el respaldo y asiento, y se sienta, cruzando las piernas debajo de la mesa. Está jugando. Me encanta como se mueve, natural y llena de sensualidad.

Marta, mirándome a los ojos me dice –Pues una sorpresa verte por aquí, no te veo desde hace años, y estás igual que entonces-. –Bueno,- le contesto, -no puedes saber si todo sigue igual, hay cosas que no conocías jeje…-. Todos se ríen, y Marta mirando a Carola, dice –Es cierto, aunque a alguna que otra de la empresa que estaba le hubiera gustado comprobarlo-. Nos reimos, aunque no tengo claro si se refiere a ella misma.

Se miran Marta y Frank, con complicidad y sonrientes. –Voy al baño, ahora vuelvo- dice él, levantándose de la silla. Sigue con la media sonrisa. Carola le mira casi con descaro el pene, que creo que no está como antes, ha aumentado de volumen, aunque sigue apuntando a sus pies.

–Marta-, dice Carola después marcharse él y beber un traguito, -No alcanzo a ver como haces para metértela-.

Casi me ahogo con la cerveza. Marta suelta una carcajada, y riéndose, me dá palmaditas en la espalda hasta que dejo de toser y recupero la respiración. Vaya con mi mujercita, pienso, no lo esperaba.

–Pues al principio parece difícil-, responde Marta mirándola a los ojos, -Pero como todo, es cuestión de práctica-. Se rien las dos. Yo estoy como fuera de juego. –Lo entiendo-, sigue Carola, -La de Sergio es respetable de tamaño, y practicar, practicamos-. Más risas. Cuando acaban de reirse, Carola, sin dejar de sonreir, nos dice –Pues en realidad nos habéis caído muy bien, y nos gustais-, -El sentimiento es mutuo- intermedio yo, después de un segundo de tenso silencio. -Así, que si os apetece, os invitamos a tomar algo en nuestro bungalow-.

Silencio.

Se me empieza a poner tiesa pensando en lo que puede pasar si aceptamos. Miro a Carola, sus ojos indican indecisión, me lanzo sin pensar -Por mi parte acepto encantado, ¿y tú?-. -Pues me parece bien- contesta Carola sonriendo. –Estupendo-, dice Marta. Los tres cogemos las birras y echamos un trago. Yo no puedo evitar mirar las tetas de Marta mientras bebo. Ella se da cuenta, y yo me doy cuenta de que ella se ha dado cuenta, y nos reimos al bajar el vaso.

Aparece Frank, viene con unas bolsas del camping. –He comprado unas cosillas- dice, -Y si os parece bien, os invitamos a picar algo en el bungalow-. Nos reimos los tres. Están perfectamente coordinados, pienso. –Aceptamos encantados-, le contesto, y me bebo de una tacada lo que queda de cerveza. Frank le indica al camarero que le apunte las consumiciones. Nos levantamos y nos vamos para la puerta del camping, detrás de la zona acristalada, en un sendero entre palmeritas y césped, y con nudistas en tumbonas y toallas tomando el sol.

Carola se para, me coge de la mano, agachándose y buscando una piedrecita entre los dedos de su pié. Espera que ellos estén a unos metros delante. –¿Sabes donde vamos?-, me pregunta. Tomo aire, –Los cuatro sabemos donde vamos-, le contesto. –Tenemos dos opciones-, sigo, hablandole tranquilo, –O volvernos ahora, o continuar. Desde luego hasta que alguno ponga un límite-. –Puede que no pase nada, o puede ser lo que tantas veces hemos fantaseado y lo que hemos releído en los relatos de Morbocornudos.com, pero ahora de verdad.-. Carola sigue quitándose arenilla del pie, la veo inquieta e indecisa. Nos miramos a los ojos, y le digo –Vamos, que sé que te gustaría sostener ese peazo de polla, y yo estoy deseando ver como se la pones dura-. Carola piensa un instante y me sonrie, –Vale, adelante-.

Marta y Frank está esperándonos en el acceso al camping, al final del sendero, una puerta blanca entre setos con un cartel de prohibición del paso a toda persona ajena etc etc. Frank, invitádonos a entrar, nos dice –No os preocupeis por el cartel, venís como invitados, no para pasear-

Está bien el camping, Frank me va contando las instalaciones, las dos chicas, delante a unos tres metros. Es más grande de lo que parece, todo ordenado y bien cuidado, amplias parcelas separadas por setos, una respetable piscina y otra cubierta, padel, sauna, gimnasio… No hay mucha gente y casi todos parecen extranjeros. Y se respira tranquilidad, buen ambiente.

Nos acercamos a los bungalows, al final y al lado de la piscina, prefabricados, blancos con un pequeño porche y buen aspecto. Presto mucha atención a las indicaciones de Frank, pero mi mente está en los distintos cuerpos de las chicas, las espaldas, cinturas, el movimiento de las piernas y los dos magníficos culos. El redondo, respingón y con alguna pequita estratégica de Carola, y del bronceado culo de Marta, de menos caderas, más apretado y más vertical. Pienso en el momento de abrírselo con las dos manos para meterle la lengua en su rajita. Estoy seguro que Frank está pensando en el momento de meterle la morcilla de Burgos a Carola. Y no sé cuál de las dos cosas me excita más.

Entramos en el bungalow, pequeñito pero suficiente. Marta nos dice –Coged unas cervecitas, me voy a dar una ducha. Estáis en vuestra casa-, y se va al baño. –Voy contigo, serviros-, añade Frank. Nos dejan solos.

Abro el frigo y saco dos cervezas, abro una y tomo un largo trago resfrescante.

Carola me abraza desde atrás, sintiendo sus tetas en mi espalda y su vientre en mi culo, sus manos se van a mi pecho y mis testículos, masajeándolos. –Estoy muy, muy caliente-, me dice bajito apoyando la barbilla en mi hombro. Bajo la mano hasta su sexo, tiene su rajita completamente mojada. –Quiero ver-, continúa Carola, mientras su mano pasa a mi polla que va tomando ya el tamaño operativo, -Como te follas a Marta mientras le paso la lengua por sus pezones-. Esto es suficiente para que se me ponga dura como una piedra. Carola me pajea suavemente, y me muerde la espalda cuando mis dedos tocan su clítoris. Siento una respiración profunda suya, y como apoya su mejilla derecha en mi espalda.

–Hola-, dice Carola. Es un hola sensual, dulce, el hola que siempre me dice cuando la encuentro lista para follar. Miro a la izquierda, y están ellos mirándonos sonrientes, todavía mojados por la ducha. Frank apoyada la espalda en el quicio de la puerta, sostiene y mueve lentamente las tetas de Marta con las manos, que tiene su espalda apoyada en él. La mano izquierda de ella se desliza por el pollón oscuro de Frank descubriendo su glande, y la derecha sostiene una cámara digital. La fantástica figura de Marta hace que me paralice un segundo. Carola mueve las caderas para que continúe con mis dedos. Marta sube la cámara a la altura de sus ojos y nos hace una foto. O dos.

Las manos de Frank abandonan las tetas de Marta, le coge la cámara y casi la empuja hacia nosotros. Ella viene despacio, recreándose en los movimientos de su cuerpo desnudo, con la mano lleva sus cabellos tras la oreja, mirando a los ojos de Carola, un poco desafiante pero buscando un permiso. Lo recibe, porque cambia la sonrisa abriendo los labios, y sus ojos oscuros ahora picarones y brillantes, buscan los míos.

Se pone enfrente, planta las palmas de sus manos en mi pecho subiéndolas despacio y juntando las tetas con sus brazos, hasta que resbalan por el hueco. Apoyando los antebrazos en mis hombros y los dedos en mi nuca, aproxima su cuerpo al mío con la vista fija en mis labios. Creo que va a besarme pero se desvía, sintiendo sus pechos empujando mi cuerpo.

La punta de mi polla toca su vientre, y soltándola Carola, resbala hasta quedar plegada entre los dos. Cuando siento todo su cuerpo pegado al mío, susurra al oído –La cámara os la lleváis, y nos la devolvéis otro dia con lo que queráis dentro-. De mientras, me coge del brazo, sacando mis dedos de la encharcada vagina de Carola y se separa lo suficiente para meterselos en la boca cerrando los labios y los ojos, saboreando los flujos vaginales de Carola. Yo voy a reventar, siente la presión de mi polla, y baja la mano agarrándola. Entonces me besa. Con dulzura y pasión, con labios y lengua. Llevo mis manos a su espalda, apretándola contra mí, recorro espalda, … cintura, ….caderas,… y nalgas. Son duras, como imaginaba.

Nuestras lenguas juegan, y ella abre un poco las piernas dejando sitio para una mía entre las suyas. Siento su vello púbico en mi muslo, y el calor de su sexo. Una mano la llevo hasta su pecho agarrándolo y pellizcando el pezón, y la otra la pongo en donde acaba su columna. Marta arquea la espalda poniendo el culo respingón, bajo despacio la mano, el dedo corazón abriendo sus nalgas, deslizándose y buscando. Carola separa sus labios de mi boca cuando la yema de mi dedo se sitúa en su ano, relajándolo e invitándome a entrar. Emite un gemido bajito y sonríe cuando mi dedo lo abandona, buscando la entrada de su vagina. Su sexo, suave, húmedo y caliente, se abre a mi dedo penetrándola lentamente.

Me muerde la barbilla al sentir mi dedo dentro, y desliza su mano por mi polla a punto de explotar, recorriéndola lentamente, como catando tamaño y dureza. Miro sus labios semiabiertos, su naricilla, sus ojos cerrados, y detrás veo a Carola junto a Frank, mirándonos de pie apoyados en la mesa. No sé cuando ella se fue de mi espalda. Está en el costado de él, una mano recorre lentamente sus musculosos pectorales, una pierna un poco flexionada y de puntillas delante de una de él. El brazo izquierdo de Frank por encima del hombro de mi Carola, y la morena mano iniciando el recorrido que unos segundos antes hice con Marta.

La mano derecha de Frank sostiene la cámara, haciéndonos fotos sin mirar. Mi mujer baja su mano por los abdominales de él, por su ingle y por su pierna. La verga oscura con el prepucio fuera, aún apuntando al suelo, está tomando tamaño a cada pulsación, moviéndose sola. Carola la mira y nos mira. La mano izquierda de él se sitúa en el inicio de sus nalgas, y Carola separa un poco las piernas, arquea la espalda, más que lo hizo Marta, y mirándome, gira un poco para que yo vea con nitidez el dedo corazón de Frank alcanzando su ano. Parece que presiona un poco, pero lo abandona y continúa hasta llegar a su vagina, introduciéndolo despacio. Llega a meterlo entero, y lo saca mojado. Carola está con los ojos cerrados mordiéndose el labio inferior, subiendo la mano por la pierna de Frank. Estoy alucinando viendo a mi mujer con el dedo de un negro dentro de su rosado coño.

Frank me alarga la cámara, -Apuntar y disparar- me dice con una sonrisa. Alargo la mano derecha alcanzándola. Marta los está mirando con la cabeza girada, moviendo las caderas, y al elevar su culo un poco más meto un segundo dedo en su vagina. Vuelve la cabeza, me mira, le hago una foto, y empieza a morderme y a recorrer mi pecho con sus labios, bajando progresivamente el torso sin doblar las piernas, mientras sube el ritmo de su mano en mi polla. Es mucho lo que está pasando en tan poco tiempo. Sé que cuando sus labios toquen mi glande me correré sin remedio, así que me concentro en la cámara. Hago fotos sin parar a Carola.

Carola, con la vista fija en la polla de Frank, que sigue aumentando de tamaño, sube la mano hasta sostener los huevos, colgantes y sin vello. La polla pega un respingo manteniéndose horizontal y bamboleándose. El dedo de Frank sale y entra despacio de Carola, ella está completamente en pompa, las piernas rectas. Un dedo de Carola aparece entre los labios de su sexo, se está masturbando.

Intento concentrarme en hacer fotos sin parar, que esto es una película, que la mano que ahora mismo está agarrando esa enorme polla morena no es de mi mujer, que el culo con una mano oscura encima y un dedo perdido en su interior no es de ella. Que no es mi polla la que está sintiendo unos labios en la punta, y una lengua recorrerla de arriba abajo, que no es Marta la mujer que veo al bajar la vista, esta mujer de perfecta espalda, cintura y culo que tengo debajo no se acaba de meter mi polla en su boca, subiendo el ritmo de la mamada progresivamente. Que no son de mi mujer los labios que chupan el capullo de ese enorme miembro, iniciando una mamada, no puede ser Carola.

Miro como los labios de Marta se abren para dejar paso a mi cipote, grande y rojo como pocas veces, siento sus labios apretar el tronco de mi polla, y deslizarse sus labios hasta que sale. Estoy a punto de reventar. De nuevo adentro. Sus manos abiertas en la base de mi miembro. Se ha puesto de rodillas, y veo sus tetas moviéndose en cada mamada. –Me voy a correr- le digo. No es un aviso, es un hecho inmediato. –Córrete-, me contesta sacando la polla de su boca, mirándome y recorriéndola con la lengua.

Miro a Carola, está con la boca completamente llena por el glande de ese miembro, ya en todo su esplendor, color café, brillante y surcado de venas, y su mano la recorre arriba abajo, pajeándole. Harían falta tres manos de Carola para cubrirla entera. Sigue con la espalda arqueada, las piernas sin doblar, abiertas un poco y el culo respingón, apuntando arriba, un dedo de Frank que sale y entra rotundamente pero despacio de su coño, y su mano que la veo en su clítoris, masturbándose frenéticamente.

Marta se detiene un momento, parece que toma aire y se mete mi polla en la boca sin detenerse, entera hasta topar su nariz en mi cuerpo. Siento el calor de su boca hasta en la base, y mi glande está apretado como nunca había sentido. Se la saca poco a poco, entera afuera, se la mete de nuevo, entera dentro sin ahogarse, se la saca de nuevo, me mira, sonríe, se lleva su cabello detrás de la oreja, sitúa su lengua en la punta de mi capullo, y eyaculo.

Tres, cuatro, cinco espasmos. Con todas mis ganas. Cuando recupero la coordinación, abro los ojos. Marta sigue de rodillas, mirándome sonriente. Tiene mi leche en pelo, frente, mejillas, labios, cuello. Caminos de semen se desprenden de su mejilla, cayendo al vacío hasta estrellarse en sus tetas. –Te avisé..- le digo bajito.

Sin dejar de mirarme recoge con la punta de la lengua una gota que sale de mi capullo y se la lleva a su labio superior, cerrándolo. Hace gesto de tragar, algo habría en su boca, y me dice – Me gustas, has sido bestial-. Gira la cabeza a Carola y Frank. Manteniéndose de rodillas, con su dedo recoge semen de su frente y se lo lleva a su boca, tragándolo. Carola está mirándonos, su lengua se desliza por la porra de Frank. Él está mirando al techo, la boca abierta y los dientes cerrados. Marta se incorpora, me mira, -Me gusta tu mujer, hace tiempo que no veía a Frank tan excitado y deseoso por otra-. –Es toda tuya, tú también le gustas-, le contesto sin pensar, cortesía supongo.

Me mira Marta, se incorpora y da dos pasos hasta llegar a ellos. Pone una mano en el pecho de Frank, que baja la mirada, y la otra la sitúa en la espalda de Carola, acariciándola. Carola cierra los ojos, deja sus labios entreabiertos en la punta de la polla de Frank, y su culo y muslos vibran sintiendo el orgasmo, lanzando su bajo gemido habitual. El dedo de Frank sale despacio de la vagina de Carola, llevándolo a su ano y acariciándoselo.

Dos a cero, pienso yo. Ahora les toca a ellos, supongo. Marta se arrodilla delante de Frank, y aproxima su boca al ahora libre pollón , pero se desvía y busca la boca de Carola, a centímetros del glande. Marta, aún con la espalda arqueada y la mano de Frank en su rosado culo, mira a Marta y se besan. Siento mis testículos removerse al ver las dos comiéndose la boca, suavemente pero con ansia. Carola lleva una de sus manos a una teta de Marta, cogiéndosela y apretando el pezón con suavidad. Con la otra agarra la polla de Frank por su base, debajo de la de Carola que está a la mitad, y las dos empiezan a deslizarlas a lo largo del enorme miembro, sin dejar de besarse, jugando con los labios, separándolos para tocarse solo con las puntas de las lenguas.

Me aproximo y le alargo la cámara a Frank, -Te toca-, le digo sin dejar de mirarlas. Me arrodillo detrás de Marta, y le beso la espalda, recorriéndola hacia arriba con la punta de la lengua. Las manos las pongo en sus caderas, y recorro su cintura para arriba hasta sentir sus tetas. Intento abarcarlas y sopesarlas.

Son realmente espléndidas. Las aprieto, las junto, pongo los pezones entre los dedos, apretándolos y tirando de ellos. Le beso y muerdo el cuello, y le susurro –Ven-. Nos incorporamos, dejando ella boca y polla. Miro a mi mujer, que me sonríe con una cara de viciosa que nunca había visto, alargo una mano a su nuca y la beso con pasión. Está ardiendo. –Ahora les toca a ellos- le digo. Ella mira la polla negra de Frank como respuesta. Cojo de la cintura a Marta, y la llevo a la mesa, al lado de ellos. Carola se arrodilla enfrente de Frank, agarrando su pollón con las dos manos, acercando sus labios al negro y reluciente glande. Miro como sus labios se abren cubriéndolo, como entra la polla en su boca, y empieza a mamársela con ansia.

Siento la mano de Marta en mi pecho. La miro, el flequillo en sus ojos brillantes y semicerrados, sus labios dejando entrever los blancos dientes. Echa hacia atrás la cabeza, miro su cuello, sus tetas a mi alcance. La imagen misma de la lujuria. La agarro de la cintura, la aproximo a mí hasta aplastar sus pechos en el mío, y la beso con energía. Ella se deja llevar, gime cuando aprieto su lengua con mis labios. Mis manos recorren su espalda y cintura, agarro su culo separando las nalgas.

Sin dejar de besarla, la elevo y la siento en la mesa, tumbándola hacia atrás. Dejo sus labios, beso su cuello, busco una de sus tetas con la boca. Duras y grandes, con sus pezones apuntando al techo. Llego a uno de ellos, lo beso, lo aprieto con los labios, lo muerdo suavemente, lo succiono. Con la mano amaso la otra teta. –Mmmmm, sigue- susurra. Dejo sus tetas, deslizo la lengua por su vientre, y al llegar al vello púbico me incorporo, la agarro por la cintura y llevo su culo hasta el borde de la mesa y le abro las piernas.

Ahí esta. Su coño. Está completamente depilado, sólo un triangulito de vello oscuro y corto nace por encima de su clítoris. Tiene la raja pequeñita, como Carola, pero sus labios menores se asoman como un mejillón buscando alimento. Paso sus piernas por encima de mis hombros, mis manos en su vientre. Frank lanza un –¡Jooder!!- con ojos y dientes cerrados. Carola está aplicándose con boca y manos en la polla, y todo su cuerpo se bambolea al compás de la mamada.

Sin preámbulos me como el coño de Marta, está empapada. Ella lanza un gemido seco, encorvando el torso y apoyando las piernas en mi espalda. Está jugoso y caliente, con la lengua recorro su raja hasta el clítoris, sintiéndolo pequeño y duro. Con los labios lo aprieto, sintiendo que Marta se encorva más. Bajo con la lengua, abriendo sus labios como un arado, hasta llegar a su vagina. Con un dedo le acaricio el clítoris mientras mi lengua la penetra hasta donde puede, con fuerza. Su vientre sube y baja con la respiración entrecortada, y sus ‘Mmmm’ son casi continuos. Frank, grita algo que no entiendo. Marta lanza una risa nerviosa que se transforma en un gemido de placer. Separo mi boca de su encharcado coño, Carola está sonriendo mirándonos, sin dejar de pajear recorre con sus labios esa enorme polla, cada vez más reluciente.

Meto el dedo corazón en la vagina de Marta, y le como suavemente el clítoris. –Hiiii..- Ella lanza un gritito ahogado. Meto un segundo dedo, girando la mano y palpando la rugosidad de las paredes de su cavidad busco su punto G. Se contonea suavemente, la espalda arqueada, su respiración agitada. –¡AHH..!!- Lanza un grito. Parece que lo encuentro, empieza a moverse con frenesí. -¡Siguee .. no pares, no paresss …!!. Sin dejar de mover los dedos dentro de su chorreante coño y succionar su clítoris, miro por encima de su vello como gira la cabeza de lado a lado, gimiendo sin parar, magreándose sus tetas, pellizcándose y estirando los pezones. Frank está mirando como Carola le mama la polla, y diciendo bajito no sé que en qué idioma. Carola está chupándosela con ansia, apretando fuerte el miembro con las dos manos.

-¡¡ AHHH, …. Iiiiii ¡!-. Marta grita entre dientes. Tiembla todo su cuerpo. Yo sigo, y ella lanza otro grito, ya con la boca abierta, acabando en un -¡Para, para por Dios!!- Su cuerpo sufre unos espasmos, cada vez más lentos, hasta que relaja su espalda, una mano en su teta, sobándoselo, y la otra recorriendo su cara y cabellos. Saco los dedos empapados de su coño, quedando su raja casi abierta. Se la acaricio suavemente, admirando su cuerpo tendido.

La cámara está en la mesa, la cojo y la fotografío. Ella me mira sonriendo, los pelos alborotados, un dedo entre sus labios. Más fotos. Se incorpora un poco y mira a Frank y Carola. Yo apunto la cámara a mi mujer, mi dedo pulsa automáticamente cada segundo, me separo un poco, me agacho, rodeo a mi mujer sin dejar de hacer fotos, su cuerpo moviéndose al ritmo de la mamada, su culo respingón sentado en sus tobillos, las rodillas en el suelo y separadas, la espalda arqueada, sus pechos con el contraste de la negra piel de Frank, sus manos y labios deslizándose en el enorme pollón, su boca abierta al máximo para que le entre.

Marta baja de la mesa, y se arrodilla detrás de Carola, acariciándole la espalda, las manos bajan por hasta el culo de Carola, suben por la cintura hasta agarrarle los pechos. Aumenta el ritmo de la mamada. Frank empieza a moverse como follándose a mi mujer por la boca, ella se queda quieta, y es él quien se mueve, aumentando el ritmo.

En un espasmo, Frank se corre dentro de la boca de mi mujer, ella saca la polla de su boca, dejando los labios abiertos para recibir más. Un segundo espasmo lanza un chorro de semen, rebotando en la mejilla de Carola y aterrizando en los pechos de Marta. Frank sigue moviéndose, lanzando semen en cada recorrido de su polla entre las manos de mi mujer. Marta pega su cara a la de Carola, recibiendo las dos la leche que sale a borbotones del oscuro miembro, hasta que se agota la fuente, cayendo algunas gotas en las tetas de Carola. Ella estruja la enorme polla, extrayendo la última gota y recogiéndolas con los labios y lengua. Finalmente desliza los labios por el glande, mirando a los ojos de Frank, que sonrie abiertamente.

Brilla el semen en los labios, mejilla, cuello y pechos de mi mujer, igual en Marta, que no para de magrearle las tetas. Carola gira la cabeza, buscando la boca de Marta, besándose las dos con dulzura, compartiendo jugos y leche. La cámara dice que no hay espacio para más fotos.

Después de unos segundos de morreo, Marta se incorpora ayudando a Carola a ponerse de pie, me miran juntas y sonrientes, poniendo pose de foto. –Lo siento, no quedan- me disculpo. – No importa, habrá otra ocasión- responde Marta. Lástima, el contraluz de sus cuerpos con la ventana abierta es precioso. Al mirar la ventana, con asombro o espanto, no sé, veo a la parejita joven que pasaron por la playa, desde el porche apoyados en el marco de la ventana, mirándonos sonriendo con naturalidad. Parece que lleven tiempo ahí.

Marta se gira, mirándolos. –Hola, pareja- les dice. Ellos, sonriendo saludan con un –Hallo-, ella moviendo la mano como saludo. –Son Erika y Peter, amigos de aquí, muyyy buenos amigos, jaja- dice Marta. –Me lo puedo imaginar-, le respondo. -¿Os importa si les invito a pasar?, nos pregunta Marta. -Quien dijo miedo- pienso yo, y como no decimos que no, Marta con la mano les invita a entrar. Ellos responden algo en alemán, creo, y Frank les contesta igualmente. –Dicen que van antes a su caravana, y ahora vienen-, nos traduce a nosotros.

-¿Nos han visto?…..¿desde cuando estaban ahí?, pregunta Carola sonriendo pero cortada, tapándose las tetas con el brazo y mano. Se da cuenta de que está chorreada de semen, y exclama –Me voy a la ducha, estoy toda….-. Marta, que está por partida doble, -Espera, voy contigo-, y se van al baño. Frank, me mira sonriente, y comenta –Vaya mujer que tienes, me ha dejado seco-. Le miro y le sonrio por respuesta, pensando en las imágenes de hace un minuto de mi mujer recibiendo los chorros de leche con la tranca negra entre las manos. Pienso en la cantidad de veces que hemos follado fantaseando en voz alta eso, y ahora ha pasado realmente. Tan realmente que la he visto, y ella me ha visto a mí, y ella estaba disfrutando de su primera polla negra, y yo estaba excitado como nunca viéndola mientras tenía entre mis manos otra mujer.

Llaman a la puerta, seguro que son la parejita alemana, y queda mucha tarde por delante. Y noche. Y verano.

No hay comentarios: