Soy el marido cornudo de Pili, la hermosa y caliente mujer que, desde hace tiempo y como ya os he contado en cartas anteriores, tiene como "novio" a Domingo.
La anterior Navidad, volvía a entristecer mi relación con Pili tras la partida de Domingo con su familia. Iban a ser quince días de separación, tedio y melancolía.
Mi morena esposa, de enormes ojos marrones y mirada oblicua y aterciopelada, nunca me había parecido tan hermosa. Realmente Domingo, su hasta entonces "novio", la había mejorado en calidad y cantidad en esos siete meses de "noviazgo". Había puesto cuatro kilos en su fina anatomía. ¿Como había estado tan ciego antes de fijarse él en ella?.
Si os dijese que me parecía, anteriormente, feúcha. Un "callete" pensaba que tenía por consorte. Por efecto de una leve miopía no quería nunca ponerse sus gafas que la hacían tan interesante.
De nariz encantadora y casi recta con la frente, cara de óvalo perfecto y boca tiernamente sensual, siempre dispuesta a sonreír, a desarmar a cualquiera.
Nunca me había fijado suficientemente, en los ocho años de feliz casorio, como revelaba su blanquísima hilera de dientes sin mácula al sonreír.
¿Como he podido ser tan gilipollas de encontrar siempre más verde la hierba del vecino que la mía?.
No había visto suficientemente bien su cuerpecito firme y esbelto, de curvas armoniosas, de poco pecho pero de piernas muy espléndidas y perfectamente moldeadas.
Nunca hubiese imaginado que una hembrita de tan solo 1,56 y 50kg, con un aire despabilado y maneras a veces demasiado corteses, estuviera con el que se la venía zumbando más de medio año seguido.
El cortejo, fase mágica e irrepetible en toda historia de amor y pasión puros, duraba, como sabéis, siete largos meses pero, por fin, la otra tarde en nuestro piso, Pili decidió que cambiásemos los papeles.
El paripé de la ceremonia fue una nueva experiencia feliz y entretenida para los tres e incluso arrebatadora para mí que pude hacer de maestro de la ceremonia entregando mis derechos de marido a Domingo en una breve boda, entregando todos los poderes a mi sustituto y renunciando yo, tan enamorado de mi lozana y vital Pili, para siempre pero sin perder, por supuesto, mis obligaciones en particular en las ausencias del macho.
Todos mis anteriores privilegios y derechos se borraban sin piedad de mi memoria para dar paso a otras notas más trascendentes y sutiles.
El presente triunfa de la manera más fulgurante. El presente tiene el rostro radiante y fornido de Domingo fundido con el cuerpo marmóreo y menudito de Pili. Dicen que cada hijo viene con un pan bajo el brazo, este, algo madurito, lo ha hecho con un barra de kilo entre las piernas.
La espontánea frescura de la que ahora es escuetamente "su mujer", la fascinación sexual de mi ex-esposa, una fascinación apetitosa que sólo me había pasado desapercibida en mi periodo de ceguera mientras ellos estaban chingando tan a gusto, ahora volvía a estar latente como una fruta madura en sazón, cuyo sabor es sólo suyo y muy difícil de definir, tal vez como una especie de regusto perverso que dan los cuernos puestos.
Hemos pasado días encantadores. Al menos un servidor. El viaje de novios ha sido para mí, puesto que él ha marchado con su prole y su verdadera y real esposa a otra provincia. Pili se ha quedado conmigo en casita esperando el retorno de su verdadero amor. Ella está colada por él. También Domingo tiene el aire de estar encoñado con Pili.
Lo que para alguien pueda parecer malo y hasta absurdo, para mí son noches deliciosas, de una intensidad hecha de muchas pequeñas atenciones a mi ex.
Si no son recíprocas por su parte, al menos por la mía son sinceras, de ternura y de sensualidad.
Cuando acabamos de cenar ambos quitamos la mesa, vemos la tele en el sofá, una versión picante en ausencia de Domingo, el "actual" de Pili, y a la hora de ir a la cama tienen lugar las confidencias.
- ¿Como te parece que vamos en cuanto a sexo, ex-marido? - quiso saber el otro día Pili.
- ¡Muy bien, de perlas! - respondí con una sonrisa en mi rostro aún acalorado de haberme hecho una paja viéndola como se acicalaba en el baño.
- ¿Te das cuenta, querido Luis, que ahora estoy en adulterio... qué hago aquí sola contigo, si con el que ahora estoy casada y es mi auténtico marido, está a tantos kilómetros?. ¡Tú eres simplemente un ligue... que digo un ligue... eres mi sirviente, mi asistente!. ¡Desde hoy dormirás en la otra habitación!.
Aquí mis celos retrospectivos volvieron a aflorar. Consentí en dormir en la habitación de huéspedes pero insistí en que me contase más cosas de ellos.
- ¿Cuantas veces lo habéis hecho sin yo saberlo? - pregunté.
- No lo sé, no las he contado y aunque las supiera no te las diría, eres demasiado indiscreto y lameculos. ¡Eso es particular y privado, cabrón! - contestó muy seria.
Ella estaba sentada frente a mí. Había cruzado las piernas y me mostraba los muslos, pícaramente, hasta la mitad.
Sonreí. Aquella visión tan agradable para un enamorado rechazado, menospreciado y casi desesperado de amor, me trajo sin remedio a la mente un recuerdo que me devolvió a la época en que nuestras relaciones navegaban por el agua tranquila del convencionalismo.
Pili quiso aprovechar el fin de semana para ir de compras de "reyes" para su amor y mientras, me dijo, yo aprovecharía para hacer limpieza general de la casa.
Esa misma mañana encontré, entre las sábanas de la cama matrimonial, algún cabello perdido de ella, algún pelo del pubis de mi amada.
Sentía aún el calor de su cuerpo y percibía su grato olor, algo fuerte, a chocho falto de leche, ese olorcito que echa mi Pili cuando está en celo.
Me desnudé y me metí en la cama, todavía deshecha. Encontré por sorpresa sus bragas de seda adornadas con dos preciosas rosillas escarlata en sus extremos. Las recogí como si fueran una preciada reliquia.
Tras desdoblarlas, las besé, las desplegué en su totalidad, les di varias vueltas entre mis dedos y las olfateé con fruición varias veces como un sabueso, como si quisiera retener el más sutil, sublime y huidizo de los perfumes femeninos.
Luego oprimí la prenda contra mi cara hasta cubrirme los ojos y embriagándome, rompí en un leve llanto.
Estaba claro que bajo los pocos centímetros cuadrados de tela todavía húmeda, había pernoctado y palpitado el joven y gordo pipón de la cálida vagina de Pili. Olí aquella prenda delicada como un perro, buscando el precioso aroma del chocho de Pili, amada y reverenciada más que nunca, muchísimo más que antes y, por desgracia, perdida para siempre.
Busqué aquella mezcla sutil, embriagadora, afrodisíaca y dolorosa al mismo tiempo, de secreciones secretas, de flujos naturales, busqué aquel aroma tan peculiar que anidaba en un punto preciso de las braguitas y cuando lo hube hallado, lo aspiré con toda mi fuerza pulmonar, con la esperanza de obtener un consuelo y tuve la sensación de algo muy vivo que, en imperceptibles efluvios, entraba en mis fosas nasales desde las más recónditas entrañas de la mujer que amo, de la relación amorosa que me queda con ella cuando, en realidad, no hago más que exasperar de ese modo el deseo carnal de mi pituitaria insatisfecha durante casi dos semanas y, en consecuencia, avivar el doloroso pero feliz tormento que de ello se deriva.
Hasta el otro día, siempre había encontrado sus bragas bien lavadas y que sólo olían a "colada".
Sólo la casualidad o el destino me han podido permitir al fin alcanzar el soñado salto de calidad. Apreté contra mi corazón herido el precioso y carísimo talismán, postrero recuerdo del bomboncito que me ha plantado.
La imagen de Pili se me apareció de continuo, cruel y bellísima a un tiempo, despiadada, fascinante, caprichosa e impredecible mientras eclosionaba en un blanco y copioso orgasmo onanista.
Todavía tengo latente el fin de la "boda" del otro día. Fui testigo presente y ausente al mismo tiempo, deseoso, hasta implorante pero ignorado y borrado de la escena.
Pili lo desnudó ante mi atónita mirada. Después de desnudarlo enteramente, lo besó tres veces en la boca, se dejó desvestir a su vez y se arrodilló para besar y succionar el miembro erecto de su nuevo esposo, a pocos centímetros de mi cara anhelante.
- ¡Que hermosa herramienta! - exclamó Pili para sacarme de mis casillas, aguijoneándome - ¡Tienes la verga más preciosa de este mundo, Domingo, nunca he visto un aparato tan grande, tan gordo, tan duro, tan rico, tan bien moldeado, tan exquisito!.
Domingo sonrió burlón, satisfecho y encogiendo los hombros al mismo tiempo que introducía la nudosa polla, perfectamente vertical y pegada a su vientre, en la boca de su reciente y locuaz señora.
La felación en directo se alargó varios minutos ante mis propias narices. Percibía claramente el olor del cipotón igual que mis oídos percibían los ruidos al sorber.
Después, los "nuevos consortes" continuaron sus discursos amorosos y ceremoniales en la cama.
Allí tuvo lugar una cópula furibunda que los dos "cónyuges" me comentaron en voz alta. Sus palabras les excitaron a ambos, por el placer de exasperar mis celos.
- ¡Dámelo todo... dame tu chocho... toma mi colita! - decía él.
- ¡Tómalo, amor mío... siente como te abraza, como aprieta con fuerza tu enorme pistón... échamela toda cuanto antes, cariño! - replicaba ella.
- ¡Sí, Pili, que maravilla... me entran ganas de llegarte hasta el fondo, reina... toma lefa rica, que está acumulada de dos días! - seguía Domingo.
- ¡Fóllame bien, para que aprenda Luis!.
- ¡Siéntela vibrar... como te entra... oooh... me voy... me voy...!.
- ¡Cariño, como te siento... tesoro mío, como te siento dentro... en el centro de mi coño... oooh... como me hace gozar... préñame, hazme tuya... gocemos juntos, mi amor, gocemos en la cara del cornudo que se la está cascando mientras nos contempla.
Esta es la historia de un cornudo consentido por amor hacia su mujer.
viernes, 12 de octubre de 2007
El mirón
Mi mujer estaba siendo follada, con mucho placer, por su joven amante y en mi excitada presencia.
- Maridito, no me aguantas nada - me dijo ella con sorna mientras su joven amante seguía barrenándole sin piedad el coño.
Instantes después mi mujer estallaba en un sonoro orgasmo, chillando como hacía tiempo yo no la oía hacerlo así en una follada. Pero antes de que Luis se corriera, Alicia tuvo otro tremendo orgasmo y en el momento en que el joven se corría en su peludo conejo, ella tuvo un tercero que le hizo decir:
- ¡Aaaah... pero que bueno... que gozada... soy la más puta de todas las mujeres casadas... como gozo jodiendo con un joven mientras está delante, viéndolo, el cornudo de mi marido!.
- Pues todavía no hemos acabado, cerda - le dijo Luis - Ahora tu marido te la va a meter en el chocho, que lo tienes bien lubricado, mientras yo te estreno ese culo de zorra que tienes.
Era verdad lo del estreno pues, aunque yo lo había intentado un par de veces, Alicia nunca había querido saber nada de que yo le diera por el culo. Sin embargo ahora, la muy puta, no hizo la menor objeción. Es más, meneó un poco su tremendo pandero y le dedicó a Luis una sonrisa de lo más sugerente. Entonces el chico dijo:
- Venga, Elías, empieza a comerle el culo a tu mujer para dejárselo a tono. Sácale con la lengua la lefa que yo le he dejado en el coño y embadurnale el culo.
Desde luego aquel chaval era un degenerado, pero su propuesta me puso supercachondo, aunque más excitada pudo a mi mujer ya que exclamó:
- ¡Sí, sí, maridito, cómeme el chocho para sacarme la lechecita que ha echado Luis ahí y luego chúpame el ojete, con la lengua bien llena de su semen, cabronazo, que Luis lo encuentre bien blandito y lubricado cuando estrene mi culito, quiero darle mucho placer con mi culo!.
Me situé detrás de mi esposa y empecé con la tarea de prepararle el ano siguiendo las indicaciones de aquel joven tan vicioso. Rebañaba con la lengua la leche que rezumaba del coño de mi esposa y luego trataba de meterle la lengua en el ojete tan profundamente como era capaz para lubricarle la entrada anal. Mi esposa deliraba de placer con mis chupadas y por el morbo de la acción, gritando:
- ¡Así, así, Elías, prepárame bien el culito para que me lo estrene Luis, mete bien la lengua, cabronazo, cómete la leche de mi amante y chúpale el culo a la puta de tu mujer... así... así... aaah... que gusto!.
Después de un rato preparándole el culo a mi mujer, Luis me dijo que me echara de espaldas en la cama y luego le indicó a Alicia que se tumbara sobre mi, metiéndose mi polla en el coño. Cuando mi mujer se ensartó mi rabo, me dijo:
- Gracias, querido cabrón, por haber insistido en emputecerme y en que te pusiera unos buenos cuernos. Lo estoy pasando de maravilla y de ahora en adelante voy a ser cada vez más puta, querido, ya lo verás.
A continuación Luis inició las maniobras para taladrarle por primera vez el culo a mi esposa. Sin duda mi trabajo en su ojete había sido bueno pues la polla del chico entró, sin demasiadas dificultades, consumando el desvirgamiento anal de mi mujer.
Los movimientos de Luis en el trasero de mi esposa eran lo que hacía que ella se moviera sobre mi polla de modo que los tres disfrutábamos a la vez. Alicia no tardó ni medio minuto en empezar a chillar como una cerda diciendo que se corría y que estaba gozando como nunca.
Enseguida tuvo un orgasmo y yo, caliente perdido, le lancé mi semen dentro del coño corriéndome con un placer que nunca antes había experimentado.
Luis, por su parte, seguía dándole por el culo cada vez con mayor furia y así siguió, entre alaridos de placer de mi putísima esposa, hasta que se corrió por fin, inundándole el culo con su joven y espesa leche. Cuando acabamos, los tres estábamos exhaustos pero todos estuvimos de acuerdo en que aquella viciosa relación no había hecho más que empezar.
Saludos y hasta la próxima.
- Maridito, no me aguantas nada - me dijo ella con sorna mientras su joven amante seguía barrenándole sin piedad el coño.
Instantes después mi mujer estallaba en un sonoro orgasmo, chillando como hacía tiempo yo no la oía hacerlo así en una follada. Pero antes de que Luis se corriera, Alicia tuvo otro tremendo orgasmo y en el momento en que el joven se corría en su peludo conejo, ella tuvo un tercero que le hizo decir:
- ¡Aaaah... pero que bueno... que gozada... soy la más puta de todas las mujeres casadas... como gozo jodiendo con un joven mientras está delante, viéndolo, el cornudo de mi marido!.
- Pues todavía no hemos acabado, cerda - le dijo Luis - Ahora tu marido te la va a meter en el chocho, que lo tienes bien lubricado, mientras yo te estreno ese culo de zorra que tienes.
Era verdad lo del estreno pues, aunque yo lo había intentado un par de veces, Alicia nunca había querido saber nada de que yo le diera por el culo. Sin embargo ahora, la muy puta, no hizo la menor objeción. Es más, meneó un poco su tremendo pandero y le dedicó a Luis una sonrisa de lo más sugerente. Entonces el chico dijo:
- Venga, Elías, empieza a comerle el culo a tu mujer para dejárselo a tono. Sácale con la lengua la lefa que yo le he dejado en el coño y embadurnale el culo.
Desde luego aquel chaval era un degenerado, pero su propuesta me puso supercachondo, aunque más excitada pudo a mi mujer ya que exclamó:
- ¡Sí, sí, maridito, cómeme el chocho para sacarme la lechecita que ha echado Luis ahí y luego chúpame el ojete, con la lengua bien llena de su semen, cabronazo, que Luis lo encuentre bien blandito y lubricado cuando estrene mi culito, quiero darle mucho placer con mi culo!.
Me situé detrás de mi esposa y empecé con la tarea de prepararle el ano siguiendo las indicaciones de aquel joven tan vicioso. Rebañaba con la lengua la leche que rezumaba del coño de mi esposa y luego trataba de meterle la lengua en el ojete tan profundamente como era capaz para lubricarle la entrada anal. Mi esposa deliraba de placer con mis chupadas y por el morbo de la acción, gritando:
- ¡Así, así, Elías, prepárame bien el culito para que me lo estrene Luis, mete bien la lengua, cabronazo, cómete la leche de mi amante y chúpale el culo a la puta de tu mujer... así... así... aaah... que gusto!.
Después de un rato preparándole el culo a mi mujer, Luis me dijo que me echara de espaldas en la cama y luego le indicó a Alicia que se tumbara sobre mi, metiéndose mi polla en el coño. Cuando mi mujer se ensartó mi rabo, me dijo:
- Gracias, querido cabrón, por haber insistido en emputecerme y en que te pusiera unos buenos cuernos. Lo estoy pasando de maravilla y de ahora en adelante voy a ser cada vez más puta, querido, ya lo verás.
A continuación Luis inició las maniobras para taladrarle por primera vez el culo a mi esposa. Sin duda mi trabajo en su ojete había sido bueno pues la polla del chico entró, sin demasiadas dificultades, consumando el desvirgamiento anal de mi mujer.
Los movimientos de Luis en el trasero de mi esposa eran lo que hacía que ella se moviera sobre mi polla de modo que los tres disfrutábamos a la vez. Alicia no tardó ni medio minuto en empezar a chillar como una cerda diciendo que se corría y que estaba gozando como nunca.
Enseguida tuvo un orgasmo y yo, caliente perdido, le lancé mi semen dentro del coño corriéndome con un placer que nunca antes había experimentado.
Luis, por su parte, seguía dándole por el culo cada vez con mayor furia y así siguió, entre alaridos de placer de mi putísima esposa, hasta que se corrió por fin, inundándole el culo con su joven y espesa leche. Cuando acabamos, los tres estábamos exhaustos pero todos estuvimos de acuerdo en que aquella viciosa relación no había hecho más que empezar.
Saludos y hasta la próxima.
De cómo me humilló mi mujer con su amante
Una de las últimas veces que disfruté siendo un cornudo de mierda fue durante un fin de semana en Madrid con Eduardo, uno de los amantes de Rosa. Habíamos contactado con él a través de un chat, como con casi todos, y antes de conocernos en persona habíamos hablado bastantes veces por teléfono.
Eduardo estaba obsesionado por tener criados y si eran los maridos de sus amantes mejor todavía. Le gustaba ser servido por un criado servil como los de antes. Así que una vez contrastamos nuestros gustos, quedó claro que yo iba a ser el criado de los dos mientras me ponían a gusto los cuernos. Los tres estábamos de acuerdo con nuestros papeles y Rosa me anunció lo bien que se lo iba a pasar humillándome con su amante.
El primer día que hablamos por teléfono, Rosa y Eduardo estuvieron un buen rato hablando de lo que íbamos a hacer, de cómo lo haríamos y se reían imaginándose el momento. Antes de colgar Rosa me pasó el teléfono para que saludara a Eduardo y éste me dijo lo siguiente:
"Eres un gilipollas por dejarme follar con esta tía tan estupenda, gilipollas, ¿has oído? Además piénsate bien si vas a venir, porque una vez estés aquí no vas a poder ni rechistar, vas a ser nuestro puto criado y vas a estar las 24 horas a nuestro servicio". Yo no hacía más que asentir, pero al oír esas palabras se me puso la polla a cien y casi me corro de imaginarme la situación que me esperaba. Me gustó mucho su actitud y Rosa estaba encantada.
Por fin quedamos un viernes en Madrid. Íbamos a pasar el fin de semana en un hotel con la peculiaridad de que él volvería a dormir a casa, pues estaba casado y ella, claro, no sabía nada. Eso también me excitaba mucho. Pensaba que él follaba con mi mujer, pero que la suya se la quedaba para él, de modo que yo le ofrecía todo y él nada, me gustaba mucho, muchísimo.
Nos vino a recoger a la estación y desde que lo vi pensé que iba a ser un amante estupendo para ella, todo un caballero, mientras que conmigo iba a ser un chulo.
Habíamos quedado que esa primera tarde nos conoceríamos y luego, al día siguiente, comenzaría todo en serio. Tomamos algo por ahí, hablamos de los planes y de los roles de cada uno y poco a poco yo me fui adaptando a mi papel de marido cornudo y sumiso. Eduardo deseaba tener un criado a toda costa y le daba un morbo terrible que éste fuera, además, el marido de su amante.
Rosa, por su parte, estaba encantada con un tipo tan bien plantado que la trataba como a una reina, a la vez que disfrutaba humillándome de esa manera. Yo, ni que decir tiene que me estaba relamiendo del gusto ante el fin de semana que se me avecinaba. Cuando nos despedimos, como yo ya había adoptado en cierto modo mi papel, Eduardo no dudó en darle un largo beso en la boca a Rosa ante mi presencia y luego se despidió de mí dándome unos golpecitos paternalistas en la cara diciéndome con gran ironía y una sonrisa en la boca: "Hasta mañana, Sebastián, descansa porque te espera buena..."
Sólo con ese gesto subí empalmado a la habitación y Rosa lo notó en el ascensor, lo que fue motivo para cachondearse de mí hasta que nos dormimos. Por supuesto, esa noche no follamos, porque, como dijo Rosa, tenía que guardarse para su hombre. Lo cual, evidentemente, acepté de buen grado.
Llegó la mañana y nos despertaron unos golpecitos en la puerta. Abrí semidormido y entonces entró Eduardo apartándome con un empujón y se dirigió directo a la cama a abrazar a Rosa, que estaba desnuda en la cama. Allí comenzó mi labor. Tuve que descalzar a Eduardo mientras besaba a Rosa sin parar, se desnudó y se metió en la cama para "catar" a Rosa y empezar a coronar mi cabeza con unos buenos cuernos.
Mientras follaban tuve que bajar a encargar un desayuno para ellos en la habitación, momento que aproveché a desayunar yo porque ya me habían anunciado que sólo me dejarían los restos. Subí y los encontré abrazados y charlando después de su primer polvo. Eduardo sonreía pletórico, con un aire de superioridad que me dejaba por los suelos, algo que Rosa sentía y disfrutaba haciéndoselo notar a Eduardo. Cuando llegó el desayuno lo coloqué en la mesa y se lo serví quedándome de pie a la espera de sus instrucciones.
Se ducharon y salimos en coche a comer a El Escorial. Saqué el coche de Eduardo del parking y los recogí en la puerta del hotel. Yo era su chófer y tenía que actuar como tal, de modo que les abría las puertas, les esperaba de pie hasta que entraban. Por supuesto que ellos iban sentados en la parte de atrás pasando de mí, hablándome sólo para indicarme por dónde ir. Eduardo siempre hablaba haciendo alusión a mis cuernos, a lo imbécil que yo era y lo buena que estaba Rosa.
En el restaurante decidieron comer solos mientras yo les esperaba fuera, en el coche, comiendo un bocadillo. Me sentía totalmente humillado y fuera del juego y me dieron tentaciones de acabar la historia, pero en el fondo la disfrutaba, me gustaba sentirme cornudo de esa manera tan evidente y humillante.
Cuando salieron, Eduardo me hizo una seña y me acerqué con el coche, volví a abrirles la puerta y ya sentados me preguntaron: "Qué, ¿has comido bien? Ja, ja." Y se metieron en el coche riendo y charlando como siempre. Me dijeron que parara en un parque cercano para pasear y, como siempre, me quedé esperando en el coche.
Al cabo de media hora volvían despacio, agarrados, por uno de los caminos de tierra del parque y me quedé observándolos mientras se acercaban besándose. Me sentía como un cabrón gilipollas. Allí, esperando a que llegaran para llevarlos a otro sitio y luciendo una cornamenta que ya empezaba a pesarme. Al llegar al coche Eduardo me dijo: "Tú, saca un trapo y límpianos los zapatos que por el parque se nos han llenado de polvo."
Nadie rechistó, incluso ellos estaban serios y les parecía lo más natural. Empecé por Rosa, que apoyó el pie en un banco cercano mientras hablaba con Eduardo. Froté un rato sus zapatos hasta dejarlos brillantes de nuevo. Luego le tocó a Eduardo que ni siquiera alzó los pies al banco, de manera que tuve que arrodillarme en el suelo para poder limpiarlos bien. Se reía mientras fumaba y me decía: "A ver cómo lo haces, que si te sale bien te contrato, ja ja ja."Entre tanto debió pasar alguna persona que se quedó mirando, pero yo seguía mi trabajo y Eduardo disfrutaba de estas muestras públicas de humillación. Le gustaba sentirse un tío poderoso delante de todo el mundo y yo, con mi papel, le daba el juego estupendo, aparte de follar con mi chica, pero eso de momento no lo sabía la gente.
Después del paseo por el parque los llevé de nuevo al hotel. Ellos se bajaron en la puerta y yo aparqué el coche en el garaje. Al subir a la habitación noté cómo el conserje me miraba como diciendo: "Vaya cuernos que llevas, tío." Llamé a la puerta de la habitación y tardaron en abrirme. Salió Eduardo sin camisa y llegué a ver a Rosa desnuda en la cama. Me dijo que me fuera a comprar más condones, un consolador y algo para merendar. Me dio la tarjeta para entrar la habitación y me cerró la puerta en las narices.
Anduve vagando un buen rato, pues había hecho la compra en un momento en uno de los sex-shops de la zona y pensé que preferirían estar solos. Volví a las dos horas. Llamé antes de entrar y me gritaron que pasara. Al abrir la puerta me encontré a Rosa a cuatro patas y Eduardo follándosela por detrás como un bestia. Me dijo: "Mira qué bien, llegas para ver cómo cabalgo a tu mujercita, cornudo de mierda." También Rosa me regaló un piropo y me dijo: "Mira, imbécil, cómo disfruto con la polla de un tío de verdad. Esto sí que es follar, no lo tuyo." Sólo con estas palabras ya me había empalmado y como Rosa se lo imaginaba me dijo: "Anda, desnúdate y enséñanos cómo estás...que seguro que la tienes a tope." Así que me desnudé a topa prisa y efectivamente dejé a la vista mi erección al tiempo que los dos se reían de que los cuernos me pusieran tan cachondo.
Eduardo siguió un rato culeando a Rosa entre gemidos y yo miraba absorto su polla dura entrando y saliendo sin parar. De repente, Eduardo paró, salto de la cama, me cogió del pelo y me metió la cara en el coño húmedo de Rosa. Me dijo: "Lame, perro de mierda, limpia el coño de tu mujer que me acabo de follar y déjalo como nuevo, venga chupa, cabrón."
Rosa se reía sin parar y yo comencé a lamer su coño. Estaba super húmedo, yo nunca lo había visto así, y le pasé la lengua como un perro fiel, sabiendo que me estaba comiendo las humedades producidas por otro tío, por su amante. Mientras Eduardo me preguntaba: "¿Qué, te gusta, cabrón? Me parece que sí, porque no paras de lamer, además te veo la polla por detrás y tío, me das pena. Estás más cachondo que un perro en celo. Venga, lame todo, perrito." Y se rió sonoramente a la vez que me propinaba una buena patada en el culo.
Cuando le pareció oportuno me retiró cogiéndome de los pelos de nuevo y me condujo hasta el lateral de la cama y me dijo que me quedara ahí abajo a cuatro patas. Tenía toda la cara pringada por el coño de Rosa y ellos se descojonaban de mi aspecto. Yo me relamía lo que quedaba y entonces Eduardo se sentó encima de Rosa y le metió la polla en la boca. Estaban tan excitados de antes que Eduardo se corrió encima de ella en pocos minutos y Rosa hizo otro tanto tocándose el clítoris, que se lo había dejado yo antes a punto. Me pidieron un papel para Rosa y la limpié de semen. Luego se echaron una siesta mientras yo me quedé en el suelo. Allí no aguanté más y en silencio me hice una paja de campeonato. Después también me quedé dormido.
Me despertaron las pataditas de Eduardo en mi cara. Lo vi sentado en la cama apoyando sus pies en mi pecho y diciéndome: "Levanta de ahí, perro, y prepáranos un baño, venga." Me levanté precipitado y vi a Rosa estupenda en la cama desnuda con sus deliciosos pechos a la vista y le sonreí. Ella se rió y me dijo: "Echa abundante espuma y que no esté ardiendo." Les preparé el baño y les dejé solos hasta que me llamaran.
Mientras arreglé la cama y preparé algo de cenar en la mesa con lo que había comprado.
Cuando acabaron me llamaron para que les preparara las toallas y tuve que secarles los pies. Eduardo no perdía detalle para que yo me sintiera su criado y yo, en el fondo, se lo agradecía. Parecía que tenía mucha práctica tratándome como criado y viendo su decisión yo adoptaba cada vez más mi papel con más seguridad también.
Mientras cenaban algo me hicieron ponerme a sus pies como si fuera un felpudo, los dos estaban descalzos y yo tenía la polla dura como la piedra, aplastada contra el suelo. De vez en cuando se divertían a mi costa y me tiraban algo de comer al suelo para que lo cogiera con la boca y entonces se carcajeaban.
Era realmente humillante, pero, insisto, yo me sentía feliz allí abajo. Cuando acabaron relamí sus platos y luego recogí todo. Ya era tarde y Eduardo tenía que irse a casa con su mujer. Yo me quedaba con Rosa, mi mujer, a la que había follado Eduardo sin parar, al mismo tiempo que me había humillado hasta más no poder. Se despidió de Rosa con un gran beso en la boca y a mí, que seguía a gatas por el suelo, me acercó su zapato izquierdo a la boca para que se lo besara. Y eso fue lo que hice.
Me daba hasta vergüenza mirar a Rosa después de tanta humillación, pero ella estaba encantada y en seguida me preguntó qué que tal lo había pasado. Ella, según afirmó, había disfrutado como nunca y ya estaba ansiosa de que llegara el día siguiente. Viendo que ella estaba satisfecha me quedé más tranquilo y nos acostamos para descansar para el domingo. Antes de dormirnos repasamos lo ocurrido y yo me hice una paja rememorando los mejores momentos. Ella, agotada de tanto sexo, se durmió sin hacerme mucho caso. Me imagino que pensando en su querido Eduardo.
Al día siguiente se repitió la misma escena del anterior. Eduardo llamó, me empujó y se lanzó a la cama a por Rosa. Era como una rutina, Rosa le abrazó como a un salvador y yo me quedé de pie mirando. Eduardo había planeado pasar todo el día en el hotel hasta que nos fuéramos por la tarde de vuelta. Así que me dijo que me fuera a comprar algo de comer y de beber mientras ellos descansaban un ratito.
"Venga, cornudito", me dijo, "tráenos algo de comer que nos lo vamos a pasar muy bien."
Salí como siempre, bajo la mirada del conserje, que ya debía saberlo todo, compré lo necesario y volví al cuarto. No estaban follando y, además, encima de la cama había una cuerda destinada para mí. A Eduardo le daba un morbo terrible atarme en la silla mientras ellos follaban y así lo hizo. Puso la silla mirando a la cama, me senté y me ató fuertemente por el tronco.
Cuando ya estaba bien sujeto me dio un par de bofetadas que le causaron una estrepitosa carcajada a Rosa y luego Eduardo me dio unos golpecitos paternalistas en la cabeza diciendo: "Ya verás cómo disfrutas, cabroncete, te van a salir unos cuernos hasta el techo." Me quedé atado en la silla, desnudo, de frente a ellos y empezaron la sesión. Primero fue Rosa quien le chupó la polla a Eduardo hasta ponérsela a tope. Mientras yo la veía tocarse el coño sin parar, con las piernas bien abiertas esperando que se la follara.
En seguida Eduardo, con la verga bien erecta, se la metió despacito mientras me miraba sonriendo y diciendo: "¿Ves cómo se abre tu mujer para que me la folle? Está deseosa de mi polla, pero a ti no te importa, eres un puto cornudo, gilipollas y además te gusta." Bien lo sabía él que me gustaba, además mi polla estaba empezando a ponerse dura del espectáculo.
Una vez adentro empezó a mover el culo contra Rosa y agarrándola de las caderas se la follaba sin para mientras gritaban cosas como: "Toma puta, ábrete para que te folle delante del cornudo de tu marido." "Fóllame más, más fuerte, quiero más, jódeme hasta romperme. Que se joda ese cabrón de mierda, además estará empalmado como un cerdo." Yo estaba viendo cómo se la follaba Eduardo casi por primera vez, oyendo todas esas cosas, atado a la silla sin poder hacer nada y sin embargo estaba disfrutando tanto o más que ellos, me sentía un cornudo muy feliz, lo único quizás que me habría gustado hacer era estar más cerca para poder chupar algo que ellos me dieran, pero eso lo tuve al terminar.
Cuando acabaron, después de haber pasado por varias posturas, entre otras la de Rosa a cuatro patas mirándome y él por detrás follándosela. Esa visión fue increíble, ver sus dos caras desencajadas de placer mirándome, aquello era tremendo, maravilloso. Como digo, cuando acabaron Eduardo se levantó en seguida, vino hacia mí, se subió a la silla y apuntándome con su polla todavía algo erecta y con el condón puesto me dijo:
"Ahora vas a probar las delicias del amor, ja ja, abre la boca, cornudo de mierda, que te voy a meter la polla para que te quedes con el condón y lo saborees"
Abrí la boca, introdujo su polla la cerré y la volvió a sacar mientras yo retenía el condón usado. Estaba húmedo y sabía a una mezcla de plástico y flujos de Rosa. Cuando lo tuve un rato más empecé a saborear el semen de Eduardo que empezaba a salirse. Los dos me miraban atentamente y Eduardo dijo:
"Parece que le gusta bastante ¿no? ¿Está rico, cornudo de mierda?" Rosa se reía mientras yo tragaba saliva mezclada con varios sabores más. Se fueron a la ducha y al salir me soltaron y me dijeron que me sacara el condón de la boca y se lo enseñara. Estaba vacío, es decir que me lo había tragado todo. Se descojonaron de mí todo lo que quisieron y me prometieron que si me había gustado iba a tener todos los que quisiera.
Les preparé algo de comer y me acomodé de nuevo a sus pies. Me tiraron algo de comida mientras ellos comían y charlaban de lo bien que se lo habían pasado y de los planes para el futuro, dónde quedaríamos otra vez, etc. Me usaban de alfombra con mucha naturalidad y luego empezaron a hablar más seriamente sobre mí y mi condición de cornudo, pero sobre todo de la de criado sumiso y servil.
Como ya he dicho a Eduardo le obsesionaba la idea de tener criados como yo y pensaba que si había tanta gente así, él podría disponer cuando quisiera de ese tipo de gente. A mí ni me hablaban, era como un mueble. De todo lo que dijeron esto me llamó lo que más la atención:
"Mira, Rosa, si este disfruta sirviéndonos, hay que aprovecharlo, hay que explotarlo y luego ya ves con qué poco se contenta." Y Rosa contestaba: "Yo creo que tenemos la obligación de hacerlo. Pienso que es gente inferior que disfruta sirviendo a los de clase más alta y así hay un intercambio muy productivo, todos salimos ganando." Mientras decía esto me ponía el pie en la boca y metía los dedos para que se los calentara, era ya una costumbre habitual.
"¿Ves con qué gusto lame? Sería una pena que yo me quedara sin este tipo de masajes." Eduardo, a la vez que me tiró una rodaja de chorizo al suelo, asentía lo que decía Rosa y yo me contenía para no correrme allí mismo, además me lo habían prohibido. No obstante se dieron cuenta de mi erección y para fin de fiesta me dejaron hacerme una paja en el suelo. "Pero cuidadito con salpicar", dijo Eduardo y se sentó al lado de Rosa para observarme cómo me corría con los pies de ambos encima de mi cabeza.
Ya por la tarde nos llevó Eduardo a la estación y allí se despidió de Rosa con un muerdo de escándalo delante de todo el mundo y yo allí parado, mirando al suelo.
Eduardo estaba obsesionado por tener criados y si eran los maridos de sus amantes mejor todavía. Le gustaba ser servido por un criado servil como los de antes. Así que una vez contrastamos nuestros gustos, quedó claro que yo iba a ser el criado de los dos mientras me ponían a gusto los cuernos. Los tres estábamos de acuerdo con nuestros papeles y Rosa me anunció lo bien que se lo iba a pasar humillándome con su amante.
El primer día que hablamos por teléfono, Rosa y Eduardo estuvieron un buen rato hablando de lo que íbamos a hacer, de cómo lo haríamos y se reían imaginándose el momento. Antes de colgar Rosa me pasó el teléfono para que saludara a Eduardo y éste me dijo lo siguiente:
"Eres un gilipollas por dejarme follar con esta tía tan estupenda, gilipollas, ¿has oído? Además piénsate bien si vas a venir, porque una vez estés aquí no vas a poder ni rechistar, vas a ser nuestro puto criado y vas a estar las 24 horas a nuestro servicio". Yo no hacía más que asentir, pero al oír esas palabras se me puso la polla a cien y casi me corro de imaginarme la situación que me esperaba. Me gustó mucho su actitud y Rosa estaba encantada.
Por fin quedamos un viernes en Madrid. Íbamos a pasar el fin de semana en un hotel con la peculiaridad de que él volvería a dormir a casa, pues estaba casado y ella, claro, no sabía nada. Eso también me excitaba mucho. Pensaba que él follaba con mi mujer, pero que la suya se la quedaba para él, de modo que yo le ofrecía todo y él nada, me gustaba mucho, muchísimo.
Nos vino a recoger a la estación y desde que lo vi pensé que iba a ser un amante estupendo para ella, todo un caballero, mientras que conmigo iba a ser un chulo.
Habíamos quedado que esa primera tarde nos conoceríamos y luego, al día siguiente, comenzaría todo en serio. Tomamos algo por ahí, hablamos de los planes y de los roles de cada uno y poco a poco yo me fui adaptando a mi papel de marido cornudo y sumiso. Eduardo deseaba tener un criado a toda costa y le daba un morbo terrible que éste fuera, además, el marido de su amante.
Rosa, por su parte, estaba encantada con un tipo tan bien plantado que la trataba como a una reina, a la vez que disfrutaba humillándome de esa manera. Yo, ni que decir tiene que me estaba relamiendo del gusto ante el fin de semana que se me avecinaba. Cuando nos despedimos, como yo ya había adoptado en cierto modo mi papel, Eduardo no dudó en darle un largo beso en la boca a Rosa ante mi presencia y luego se despidió de mí dándome unos golpecitos paternalistas en la cara diciéndome con gran ironía y una sonrisa en la boca: "Hasta mañana, Sebastián, descansa porque te espera buena..."
Sólo con ese gesto subí empalmado a la habitación y Rosa lo notó en el ascensor, lo que fue motivo para cachondearse de mí hasta que nos dormimos. Por supuesto, esa noche no follamos, porque, como dijo Rosa, tenía que guardarse para su hombre. Lo cual, evidentemente, acepté de buen grado.
Llegó la mañana y nos despertaron unos golpecitos en la puerta. Abrí semidormido y entonces entró Eduardo apartándome con un empujón y se dirigió directo a la cama a abrazar a Rosa, que estaba desnuda en la cama. Allí comenzó mi labor. Tuve que descalzar a Eduardo mientras besaba a Rosa sin parar, se desnudó y se metió en la cama para "catar" a Rosa y empezar a coronar mi cabeza con unos buenos cuernos.
Mientras follaban tuve que bajar a encargar un desayuno para ellos en la habitación, momento que aproveché a desayunar yo porque ya me habían anunciado que sólo me dejarían los restos. Subí y los encontré abrazados y charlando después de su primer polvo. Eduardo sonreía pletórico, con un aire de superioridad que me dejaba por los suelos, algo que Rosa sentía y disfrutaba haciéndoselo notar a Eduardo. Cuando llegó el desayuno lo coloqué en la mesa y se lo serví quedándome de pie a la espera de sus instrucciones.
Se ducharon y salimos en coche a comer a El Escorial. Saqué el coche de Eduardo del parking y los recogí en la puerta del hotel. Yo era su chófer y tenía que actuar como tal, de modo que les abría las puertas, les esperaba de pie hasta que entraban. Por supuesto que ellos iban sentados en la parte de atrás pasando de mí, hablándome sólo para indicarme por dónde ir. Eduardo siempre hablaba haciendo alusión a mis cuernos, a lo imbécil que yo era y lo buena que estaba Rosa.
En el restaurante decidieron comer solos mientras yo les esperaba fuera, en el coche, comiendo un bocadillo. Me sentía totalmente humillado y fuera del juego y me dieron tentaciones de acabar la historia, pero en el fondo la disfrutaba, me gustaba sentirme cornudo de esa manera tan evidente y humillante.
Cuando salieron, Eduardo me hizo una seña y me acerqué con el coche, volví a abrirles la puerta y ya sentados me preguntaron: "Qué, ¿has comido bien? Ja, ja." Y se metieron en el coche riendo y charlando como siempre. Me dijeron que parara en un parque cercano para pasear y, como siempre, me quedé esperando en el coche.
Al cabo de media hora volvían despacio, agarrados, por uno de los caminos de tierra del parque y me quedé observándolos mientras se acercaban besándose. Me sentía como un cabrón gilipollas. Allí, esperando a que llegaran para llevarlos a otro sitio y luciendo una cornamenta que ya empezaba a pesarme. Al llegar al coche Eduardo me dijo: "Tú, saca un trapo y límpianos los zapatos que por el parque se nos han llenado de polvo."
Nadie rechistó, incluso ellos estaban serios y les parecía lo más natural. Empecé por Rosa, que apoyó el pie en un banco cercano mientras hablaba con Eduardo. Froté un rato sus zapatos hasta dejarlos brillantes de nuevo. Luego le tocó a Eduardo que ni siquiera alzó los pies al banco, de manera que tuve que arrodillarme en el suelo para poder limpiarlos bien. Se reía mientras fumaba y me decía: "A ver cómo lo haces, que si te sale bien te contrato, ja ja ja."Entre tanto debió pasar alguna persona que se quedó mirando, pero yo seguía mi trabajo y Eduardo disfrutaba de estas muestras públicas de humillación. Le gustaba sentirse un tío poderoso delante de todo el mundo y yo, con mi papel, le daba el juego estupendo, aparte de follar con mi chica, pero eso de momento no lo sabía la gente.
Después del paseo por el parque los llevé de nuevo al hotel. Ellos se bajaron en la puerta y yo aparqué el coche en el garaje. Al subir a la habitación noté cómo el conserje me miraba como diciendo: "Vaya cuernos que llevas, tío." Llamé a la puerta de la habitación y tardaron en abrirme. Salió Eduardo sin camisa y llegué a ver a Rosa desnuda en la cama. Me dijo que me fuera a comprar más condones, un consolador y algo para merendar. Me dio la tarjeta para entrar la habitación y me cerró la puerta en las narices.
Anduve vagando un buen rato, pues había hecho la compra en un momento en uno de los sex-shops de la zona y pensé que preferirían estar solos. Volví a las dos horas. Llamé antes de entrar y me gritaron que pasara. Al abrir la puerta me encontré a Rosa a cuatro patas y Eduardo follándosela por detrás como un bestia. Me dijo: "Mira qué bien, llegas para ver cómo cabalgo a tu mujercita, cornudo de mierda." También Rosa me regaló un piropo y me dijo: "Mira, imbécil, cómo disfruto con la polla de un tío de verdad. Esto sí que es follar, no lo tuyo." Sólo con estas palabras ya me había empalmado y como Rosa se lo imaginaba me dijo: "Anda, desnúdate y enséñanos cómo estás...que seguro que la tienes a tope." Así que me desnudé a topa prisa y efectivamente dejé a la vista mi erección al tiempo que los dos se reían de que los cuernos me pusieran tan cachondo.
Eduardo siguió un rato culeando a Rosa entre gemidos y yo miraba absorto su polla dura entrando y saliendo sin parar. De repente, Eduardo paró, salto de la cama, me cogió del pelo y me metió la cara en el coño húmedo de Rosa. Me dijo: "Lame, perro de mierda, limpia el coño de tu mujer que me acabo de follar y déjalo como nuevo, venga chupa, cabrón."
Rosa se reía sin parar y yo comencé a lamer su coño. Estaba super húmedo, yo nunca lo había visto así, y le pasé la lengua como un perro fiel, sabiendo que me estaba comiendo las humedades producidas por otro tío, por su amante. Mientras Eduardo me preguntaba: "¿Qué, te gusta, cabrón? Me parece que sí, porque no paras de lamer, además te veo la polla por detrás y tío, me das pena. Estás más cachondo que un perro en celo. Venga, lame todo, perrito." Y se rió sonoramente a la vez que me propinaba una buena patada en el culo.
Cuando le pareció oportuno me retiró cogiéndome de los pelos de nuevo y me condujo hasta el lateral de la cama y me dijo que me quedara ahí abajo a cuatro patas. Tenía toda la cara pringada por el coño de Rosa y ellos se descojonaban de mi aspecto. Yo me relamía lo que quedaba y entonces Eduardo se sentó encima de Rosa y le metió la polla en la boca. Estaban tan excitados de antes que Eduardo se corrió encima de ella en pocos minutos y Rosa hizo otro tanto tocándose el clítoris, que se lo había dejado yo antes a punto. Me pidieron un papel para Rosa y la limpié de semen. Luego se echaron una siesta mientras yo me quedé en el suelo. Allí no aguanté más y en silencio me hice una paja de campeonato. Después también me quedé dormido.
Me despertaron las pataditas de Eduardo en mi cara. Lo vi sentado en la cama apoyando sus pies en mi pecho y diciéndome: "Levanta de ahí, perro, y prepáranos un baño, venga." Me levanté precipitado y vi a Rosa estupenda en la cama desnuda con sus deliciosos pechos a la vista y le sonreí. Ella se rió y me dijo: "Echa abundante espuma y que no esté ardiendo." Les preparé el baño y les dejé solos hasta que me llamaran.
Mientras arreglé la cama y preparé algo de cenar en la mesa con lo que había comprado.
Cuando acabaron me llamaron para que les preparara las toallas y tuve que secarles los pies. Eduardo no perdía detalle para que yo me sintiera su criado y yo, en el fondo, se lo agradecía. Parecía que tenía mucha práctica tratándome como criado y viendo su decisión yo adoptaba cada vez más mi papel con más seguridad también.
Mientras cenaban algo me hicieron ponerme a sus pies como si fuera un felpudo, los dos estaban descalzos y yo tenía la polla dura como la piedra, aplastada contra el suelo. De vez en cuando se divertían a mi costa y me tiraban algo de comer al suelo para que lo cogiera con la boca y entonces se carcajeaban.
Era realmente humillante, pero, insisto, yo me sentía feliz allí abajo. Cuando acabaron relamí sus platos y luego recogí todo. Ya era tarde y Eduardo tenía que irse a casa con su mujer. Yo me quedaba con Rosa, mi mujer, a la que había follado Eduardo sin parar, al mismo tiempo que me había humillado hasta más no poder. Se despidió de Rosa con un gran beso en la boca y a mí, que seguía a gatas por el suelo, me acercó su zapato izquierdo a la boca para que se lo besara. Y eso fue lo que hice.
Me daba hasta vergüenza mirar a Rosa después de tanta humillación, pero ella estaba encantada y en seguida me preguntó qué que tal lo había pasado. Ella, según afirmó, había disfrutado como nunca y ya estaba ansiosa de que llegara el día siguiente. Viendo que ella estaba satisfecha me quedé más tranquilo y nos acostamos para descansar para el domingo. Antes de dormirnos repasamos lo ocurrido y yo me hice una paja rememorando los mejores momentos. Ella, agotada de tanto sexo, se durmió sin hacerme mucho caso. Me imagino que pensando en su querido Eduardo.
Al día siguiente se repitió la misma escena del anterior. Eduardo llamó, me empujó y se lanzó a la cama a por Rosa. Era como una rutina, Rosa le abrazó como a un salvador y yo me quedé de pie mirando. Eduardo había planeado pasar todo el día en el hotel hasta que nos fuéramos por la tarde de vuelta. Así que me dijo que me fuera a comprar algo de comer y de beber mientras ellos descansaban un ratito.
"Venga, cornudito", me dijo, "tráenos algo de comer que nos lo vamos a pasar muy bien."
Salí como siempre, bajo la mirada del conserje, que ya debía saberlo todo, compré lo necesario y volví al cuarto. No estaban follando y, además, encima de la cama había una cuerda destinada para mí. A Eduardo le daba un morbo terrible atarme en la silla mientras ellos follaban y así lo hizo. Puso la silla mirando a la cama, me senté y me ató fuertemente por el tronco.
Cuando ya estaba bien sujeto me dio un par de bofetadas que le causaron una estrepitosa carcajada a Rosa y luego Eduardo me dio unos golpecitos paternalistas en la cabeza diciendo: "Ya verás cómo disfrutas, cabroncete, te van a salir unos cuernos hasta el techo." Me quedé atado en la silla, desnudo, de frente a ellos y empezaron la sesión. Primero fue Rosa quien le chupó la polla a Eduardo hasta ponérsela a tope. Mientras yo la veía tocarse el coño sin parar, con las piernas bien abiertas esperando que se la follara.
En seguida Eduardo, con la verga bien erecta, se la metió despacito mientras me miraba sonriendo y diciendo: "¿Ves cómo se abre tu mujer para que me la folle? Está deseosa de mi polla, pero a ti no te importa, eres un puto cornudo, gilipollas y además te gusta." Bien lo sabía él que me gustaba, además mi polla estaba empezando a ponerse dura del espectáculo.
Una vez adentro empezó a mover el culo contra Rosa y agarrándola de las caderas se la follaba sin para mientras gritaban cosas como: "Toma puta, ábrete para que te folle delante del cornudo de tu marido." "Fóllame más, más fuerte, quiero más, jódeme hasta romperme. Que se joda ese cabrón de mierda, además estará empalmado como un cerdo." Yo estaba viendo cómo se la follaba Eduardo casi por primera vez, oyendo todas esas cosas, atado a la silla sin poder hacer nada y sin embargo estaba disfrutando tanto o más que ellos, me sentía un cornudo muy feliz, lo único quizás que me habría gustado hacer era estar más cerca para poder chupar algo que ellos me dieran, pero eso lo tuve al terminar.
Cuando acabaron, después de haber pasado por varias posturas, entre otras la de Rosa a cuatro patas mirándome y él por detrás follándosela. Esa visión fue increíble, ver sus dos caras desencajadas de placer mirándome, aquello era tremendo, maravilloso. Como digo, cuando acabaron Eduardo se levantó en seguida, vino hacia mí, se subió a la silla y apuntándome con su polla todavía algo erecta y con el condón puesto me dijo:
"Ahora vas a probar las delicias del amor, ja ja, abre la boca, cornudo de mierda, que te voy a meter la polla para que te quedes con el condón y lo saborees"
Abrí la boca, introdujo su polla la cerré y la volvió a sacar mientras yo retenía el condón usado. Estaba húmedo y sabía a una mezcla de plástico y flujos de Rosa. Cuando lo tuve un rato más empecé a saborear el semen de Eduardo que empezaba a salirse. Los dos me miraban atentamente y Eduardo dijo:
"Parece que le gusta bastante ¿no? ¿Está rico, cornudo de mierda?" Rosa se reía mientras yo tragaba saliva mezclada con varios sabores más. Se fueron a la ducha y al salir me soltaron y me dijeron que me sacara el condón de la boca y se lo enseñara. Estaba vacío, es decir que me lo había tragado todo. Se descojonaron de mí todo lo que quisieron y me prometieron que si me había gustado iba a tener todos los que quisiera.
Les preparé algo de comer y me acomodé de nuevo a sus pies. Me tiraron algo de comida mientras ellos comían y charlaban de lo bien que se lo habían pasado y de los planes para el futuro, dónde quedaríamos otra vez, etc. Me usaban de alfombra con mucha naturalidad y luego empezaron a hablar más seriamente sobre mí y mi condición de cornudo, pero sobre todo de la de criado sumiso y servil.
Como ya he dicho a Eduardo le obsesionaba la idea de tener criados como yo y pensaba que si había tanta gente así, él podría disponer cuando quisiera de ese tipo de gente. A mí ni me hablaban, era como un mueble. De todo lo que dijeron esto me llamó lo que más la atención:
"Mira, Rosa, si este disfruta sirviéndonos, hay que aprovecharlo, hay que explotarlo y luego ya ves con qué poco se contenta." Y Rosa contestaba: "Yo creo que tenemos la obligación de hacerlo. Pienso que es gente inferior que disfruta sirviendo a los de clase más alta y así hay un intercambio muy productivo, todos salimos ganando." Mientras decía esto me ponía el pie en la boca y metía los dedos para que se los calentara, era ya una costumbre habitual.
"¿Ves con qué gusto lame? Sería una pena que yo me quedara sin este tipo de masajes." Eduardo, a la vez que me tiró una rodaja de chorizo al suelo, asentía lo que decía Rosa y yo me contenía para no correrme allí mismo, además me lo habían prohibido. No obstante se dieron cuenta de mi erección y para fin de fiesta me dejaron hacerme una paja en el suelo. "Pero cuidadito con salpicar", dijo Eduardo y se sentó al lado de Rosa para observarme cómo me corría con los pies de ambos encima de mi cabeza.
Ya por la tarde nos llevó Eduardo a la estación y allí se despidió de Rosa con un muerdo de escándalo delante de todo el mundo y yo allí parado, mirando al suelo.
El destino me corneó
Les escribo más que nada porque quiero tener a alguien a quien poderle contar mi historia real, verdadera que estoy viviendo en este momento. Yo soy delgado, 1.70 m. Peso 67 kg. De 36 años y cabellos entrecano. Mi mujer es morochita con el cabello cortado a lo varón tiene 30 años, 1.65 de estatura y lo más lindo que tiene son sus caderas que es angostita, rematado con un hermoso culo, chiquito y bien parado. Tenemos 2 hijas, la más grande tiene 3 años y la otra uno y medio.
Lo que nos llevo a esta situación fue el que yo no tuviera trabajo debido a que en la provincia en la que vivimos hay una pobreza increíble (vivimos en la provincia de Corrientes en Argentina), estábamos pasando muchas necesidades. Claudia mi mujer estaba embarazada de 5 meses de nuestra primera nena, ella me dijo que saldría a buscar trabajo porque no aguantaba más esta situación(no teníamos ni pan duro para comer), cuando le pregunté a dónde iba a ir me dijo que en el diario hay un pedido para secretaria de una firma de abogados. A las 3.30 de la tarde se fue al centro al estudio de los abogados yo me quedé preocupado porque sabía que a una mujer embarazada era muy difícil que la tomaran.
Llegó pasado las 5 de la tarde con una cara, lo primero que le pregunté era si se sentía bien qué era lo que le pasaba Claudia me contestó que nada que estaba cansada. Le pregunté si quería tomar unos mates mientras me contaba cómo le fue con la entrevista. ("mate" es un preparado de hojas molidas de una planta que se llama Yerba Mate, es muy común en la Argentina y Uruguay), estando ya mateando me dijo:
Sabes lo que me dijo el abogado que me entrevistó, que él lo que quería era a una chica para calmarle los nervios y sus necesidades, me quedé sorprendida y después remató diciendo me entendés, lo que quiero es una mina que se abra de piernas cuando se lo pida, sin chistar ni lloriqueos. Vas a ganar muy bien. Si aceptas el trabajo te quiero mañana a las 8 para empezar a trabajar.
Yo estaba sorprendido aunque me lo esperaba porque en este país es muy común que pasen estas cosas. Empezamos a conversar este tema como es mi carácter tranquilo y en un momento dado mi mujer se enojó y gritando me dijo -lo que pasa es que vos no tenés carácter para nada, no servís para nada o no te has dado cuenta que desde que nos casamos el que lleva los pantalones en esta casa soy yo. Aunque me duela admitirlo es cierto mi mujer tiene un carácter fuerte y me domina enseguida aparte que la amo tanto, la necesito tanto que callé y no se habló más del tema. Cuando nos estábamos acostando le pregunté si mañana iba a salir a buscar trabajo -no sé mañana te aviso.
A la mañana siguiente me desperté tarde, cuando estaba preparando unos mates vi en la mesa una nota que decía -anda a lo de don Joaquín y pedile que te fíe para la comida. Vuelvo al mediodía, Me fui a trabajar. Con mucha bronca y desilusión limpié la casa y preparé la comida. A las doce sentí un auto que paró en la puerta y después entró Claudia me saludo y se sentó en la mesa a comer yo no aguanté más y le pregunté como le fue en el "TRABAJO" -bien al parecer le gusta mi pancita porque se la pasó acariciándomela. Y qué más pregunté yo. -también me tocó las tetas y me preguntó si ya tenían leche. Yo no aguanté más y le dije, sos una puta de mierda.
Ella lanzándome un bollo de pan por la cara dijo. -sí soy una puta pero por tu culpa, yo no quiero seguir pasando más necesidad y si no te gusta me voy a la mierda de esta casa y se fue a la pieza, después de unos minutos me paré y me dirigí al cuarto y cuando vi que estaba haciendo las maletas se me vino el mundo abajo. Reconozco que soy muy maricón porque lo primero que hice fue abrazarla y llorando le pedí perdón.
Claudia que también estaba llorando me dijo -éste es mi trabajo te guste o no y no quiero que discutamos más sobre el tema si querés que me quede. -Esté bien lo que tú digas. Fue lo único que pude decir.
Para las cuatro de la tarde estábamos los dos en la vereda esperando a su jefe que la pasara a buscar, cuando llegó me dio un beso de despedida y se fue.
Cuando llegó a la noche me saludó con otro beso y le pregunté cómo le fue, -mira te voy a decir lo que tanto querés escuchar, se la pasó toda la tarde tocándome el culo y las tetas hasta me chupó una para ver si le podía sacar leche, cuando dijo eso se largó a reír, risa que me contagió.
Luego dijo que estaba cansada que se daría un baño y se acostaría (a los dos meses me enteraría que su jefe le rompió el culo el primer día, encima dos veces una a la mañana y otra a la tarde además estuvo mucho tiempo de rodillas chapándole la pija, por eso el cansancio).
Antes de que cumpliera una semana de trabajo estaba mi mujer leyendo unos papeles en la cama y yo acostado a su lado viendo la tele me dijo -Toma fírmame estos papeles que mañana los tengo que presentar sin falta. Qué es le pregunté -Es mi contrato de trabajo, no es obligación que lo firmes pero si le haces va a ser mejor para todos.
No podía creer lo que leía, mi mujer me miraba de reojo para ver mi reacción. No recuerdo muy bien lo que decía todo el documento pero lo más destacado era que Claudia tenía un estricto horario de entrada pero no de salida.
Que cuando el estudio lo considerara oportuno tendría que hacer horas extras inclusive feriados y fin de semana. Y otros puntos que sinceramente no me acuerdo pero que decía claramente que podían disponer de mi mujer cuando ellos quisieran. En realidad era un papel sin valor alguno, pero que mi mujer redactó para tener tranquilidad y para mostrarle a su jefe que yo estaba de acuerdo.
-No te preocupes mi amor Alberto no es lo que pensábamos es tierno, cariñoso y además me trata con mucho respeto delante de otras personas y quiere que vos estés de acuerdo con esta relación.
Al otro día, al mediodía cuando estábamos comiendo Claudia me entregó unos papeles diciendo. -Toma léelo aquí están mis deberes y obligaciones de trabajo y también los tuyos.
Reglas indispensable de una secretaria
-Estar siempre disponible a cualquier hora del día y de la semana.
-Usar siempre minifaldas y blusas fáciles de sacar.
-Queda totalmente prohibido usar ropa interior (sólo podrá usar tanga en los días de menstruación).
-Deberá tener todo el cuerpo completamente depilado (brazos, piernas, axilas y pubis).
-El marido se encargará de la depilación asegurándose que su mujer vaya debidamente presentable al trabajo.
-La secretaria deberá tener un corte de pelo al estilo varón.
-La secretaria deberá estar atenta a los requerimientos de su patrón.
-La secretaria deberá ofrecer cualquier parte de su cuerpo cuando vea o presienta que su patrón necesita relajarse.
En realidad es mucho más largo pero puedo asegurarte que es asqueroso.
Cuando estaba por protestar Claudia me dijo -Estas son las reglas del juego si la respetamos vas a ver qué pronto vamos a estar mucho mejor. Tiempo después cuando ya no había secretos entre nosotros me enteré que fue ella también la que redactó sus propias reglas sólo para ver mi reacción, pero le salió el tiro por la culata porque sin pensarlo se lo mostró a Alberto (su jefe) para que vea mi firma dando consentimiento a las reglas.
-Ya que has escrito tus propias reglas y tu marido las aprobó te vas valer de ellas como tu nuevo estilo de vida.
Con apenas una semana de trabajo de mi mujer yo estaba aquella noche depilando completamente a Claudia.
Al siguiente fin de semana era viernes, como eso de las 1.30 de la madrugada yo la estaba esperando porque era muy tarde, llega mi esposa completamente desnuda sólo los zapatos tenía puestos, -Alberto quiere hablar contigo esta afuera esperándote. Cuando iba por el pasillo porque vivimos al fondo de un terreno me di cuenta que mi mujer estaba detrás mío.
-Qué tal vos sos Osvaldo el marido de Claudia.
-Sí, mucho gusto vos sos Alberto.
-Sí, el patrón de tu mujer, mira qué hermosa, así me gusta tenerla.
Claudia que estaba al lado de nosotros rió y se abrazo a la cintura de Alberto.
-Bueno te quería ver para avisarte que mañana sábado al mediodía prepares un asado para los tres aquí en tu casa, OK.
-Sí con mucho gusto.
-Vamos putita, ah tu mujer se va conmigo, a las 11.30 ó 12 del mediodía estamos por aquí.
Después que se fueron pensé, y si pasaba alguien por la calle y veía a mi mujer desnuda. Y también me di cuenta que estaba muy excitado porque Claudia iba a pasar su primera noche fuera de casa durmiendo en la cama de otro hombre y yo solo. Confieso que me hice una paja imaginándome lo que ellos estaban haciendo.
Al mediodía estaba el asado listo cuando ellos llegaron. Mi casa tiene medianeras de casi 2 m. de alto y el pasillo esta flanqueado por dos paredones que pertenece a la casa de los vecinos. Claudia apareció otra vez desnuda, venía con una enorme sonrisa, me abrazó y me dio un hermoso y apasionado beso. (Le sentí un sabor raro pero no dije nada) -Anoche lo pasé bárbaro, me dijo.
Alberto venía con un sacón largo que seguramente tenía puesto mi esposa antes de llegar a casa. Estirándome la mano me saludó.
-Hola, Osvaldo y ya esté listo el asado se ve espectacular.
-Sí ya esta listo cuando ustedes quieran.
Mi mujer se acerca y me dice -Mira mi amor me estoy ensuciando toda y poniendo una pierna en una silla pude ver que tenía un tapón en su vagina, se paso la mano por la entrepierna y hablando bajo me dijo, poniendo cara de mala, probá es el semen se Alberto, y quiero que me limpies con tu lengua, demostrale que estás orgulloso de tu mujer.
Me hizo acostar boca arriba en el piso, puso un pie en cada costado de mi cabeza y empezó a bajar hasta quedar con su concha a escasos centímetros de mi boca. Miré para arriba y lo único que vi fue su panza.
-Mi amor sosteneme que en esta postura me canso mucho. Con mis dos manos la sostenía de sus nalgas. Ella antes de sacar el tapón me dijo. -Abrí bien la boca que caiga todo adentro. Fue una gran cantidad de semen y jugos de mi mujer lo que tuve que tragar. Alberto que se sentó frente a ella le dijo. -Mové los músculos de tu vagina para que caiga todo. Estuvimos como 15 min. En esa posición yo tirado en el medio del patio con Claudia sentada sobre mí.
-Bueno listo, terminen que tengo hambre.
-Mi amor terminaste, le dije que sí. Se levantó y fue hasta Alberto quien le metió dos dedos dentro de la concha, al sacarlos los miró detenidamente.
-Buen trabajo Osvaldo.
Luego de eso nos sentamos a comer, la charla fue amena y divertida porque hizo comentarios sobre algunos casos judiciales que tenía, ya en los postres mientras estaba yo en la cocina, mi mujer se acercó y me dijo:
-Mi amor quiero que me entregues a Alberto así con tu permiso él pueda usarme cuando lo desee.
-Y cómo es eso, aparte él ya hace lo que quiere contigo.
-Sí, pero a él le gusta hablar de frente, y aclarar las cosas.
-¿Qué tengo que hacer?
-Mientras me visto te explico.
Se puso un camisón de dormir color blanco, ropa interior y se sacó los zapatos negros que llevaba. Cuando llegamos frente de Alberto, Claudia me apretó la mano al ver que yo no reaccionaba, entonces dije:
-Alberto, aquí... aquí te entrego a mi mujer incondicionalmente para que hagas con ella y de ella, lo que desees.
Él mirando a mi esposa le dijo. -Y vos, ¿estás de acuerdo? -Sí, totalmente.
Mirándome me ordenó. -Sácale el vestido. Claudia quedó en ropa interior.
-Ahora el sostén y la tanga. Mi mujer volvió a quedar como dios la trajo al mundo.
-Acérquense, pero primero pellízcale los pezones se los apreté muy fuerte ella se quejó pero los pezones le quedaron duros y parados, tomando a Claudia con la mano izquierda por la cintura y la derecha tomé su brazo, nos acercamos y volví a decir, -con mi aprobación se la entrego, y estamos a su servicios. Él tomando la mano de Claudia comentó:
-Así me gusta debidamente presentada, la hizo arrodillarse entre sus piernas y estirándole fuerte del pezón izquierdo dijo: -Ahora sí sos completamente mía, al igual que tu esposo espero obediencia y total dedicación hacia mí. Mi mujer sólo movió la cabeza en señal de aprobación. Él se levantó de la silla y con una enorme sonrisa me dio la mano mientras me abrazaba y palmeaba mi espalda.
-Quiero que sepas que te respeto y te admiro mucho más que los cabrones éstos(refiriéndose a los políticos y jueces con los que él tiene mucha relación).
-Párate mi amor, vamos a brindar por este nuevo y definitivo acuerdo salud.
-Osvaldo, por qué brindamos.
-Por los tres y porque seamos felices, salud.
-¿Claudia?
-Porque espero hacerte feliz, y porque estoy muy orgullosa de mi marido, salud.
Dándole un chirlo en la nalga a Claudia, le ordenó que fuera a preparar el dormitorio, luego comentó:
-Estoy muy cansado, y tengo mucho trabajo para este fin de semana. Me voy a recostar un rato. Y se fue para el dormitorio.
Yo levanté la mesa y limpié la cocina, cuando estaba por sentarme a descansar escucho el televisor que teníamos en la pieza, al asomarme por la puerta veo a Alberto acostado desnudo y leyendo el diario. Al verme me hizo una seña de silencio y me indico que trajera una silla. Me senté a su lado y dijo:
-No es hermosa.
Mi mujer estaba atravesada en la cama con su cabeza apoyada en la entrepiernas de él y con su miembro flácido dentro de su boca, estaba completamente dormida.
-De a poco se está acostumbrando a dormir con su chupete.
Mientras tomábamos un whisky Alberto empezó a preguntar.
-¿Cómo te sentís? ¿cómo se llevan ustedes?
-La verdad me siento raro no sé, con un poco de vergüenza y nuestra relación tengo que admitir es muy buena, cuando hacemos el amor lo hacemos con mucha pasión cosa que antes no ocurría.
-Y qué opinas sobre las obligaciones que vas a tener de ahora en más.
-Jamás pensé que tendría que probar el semen de otra persona ni tampoco hacerlo delante de otro hombre.
-No te preocupes, ya te vas a acostumbrar y no sólo a eso sino también a verme cómo disfruto con tu mujer. Claudia me dijo que a vos te gusta que te dominen que sos muy sumiso por eso voy a repetir lo mismo que le dije a ella. Quiero que vos te encargues de su higiene, como lo hiciste hace rato. Ella va a venir todo los días con su concha y culo llenos de mi semen para compartirlo contigo. También quiero que controles que no se bañe cuando llegue, sino que lo haga un rato antes de salir para su trabajo, entendiste. Mi intención es que ustedes se acostumbren al olor del que ahora es su dueño, que cuando se acuesten para dormir lo hagan con el perfume a sexo y el olor a semen que trae tu mujer. En cuanto a las relaciones entre ustedes te doy permiso para que tengan dos veces a la semana, por supuesto el fin de semana no cuenta. ¿OK?
-Sí Alberto.
-Ah, otra cosa no me gusta que me llames así, decíme Mi señor o Amo dentro y fuera de esta casa, está claro.
-Sí mi señor.
-¿Qué nombre te gusta para tu mujer ¿Puta, perra o esclava?
-Perrita, dije yo.
-Esta bien de ahora en más, en todo momento y lugar se va a llamar perrita.
-Bueno brindemos por la perrita y por vos cornudo. ¿Te molesta que te diga cornudo?
-No, si estamos entre nosotros.
Después de eso hablamos por mucho tiempo sobre lo que tenía que aceptar y acostumbrarme. Una de esas cosas era que perrita iba a pasar mucho tiempo fuera de casa.
Como a las cinco de la tarde mientras yo leía el diario "Mi señor" entró al baño desnudo y perrita detrás con un cepillo de dientes nuevo, se lo entregó y después mientras mi señor se limpiaba los dientes ella se arrodilló detrás de él con sus manos le separó los cachetes y empezó a lamerle el culo. Yo me excité y empecé a tocarme la pija, ella me vio y me brindó una hermosa sonrisa para después seguir con su trabajo.
Cuando mi señor salió del baño, caminó hacia mí y dijo:
-Vaya, te excitó ver el trabajo de mi perrita. Mi mujer se abrazó a su cintura y con la mano derecha le empezó a hacer una paja muy lenta.
Perrita al ver que no sacaba los ojos de la pija de nuestro amo dijo:
-Mide 20 casi 21 de largo y la cabeza que es lo más ancho cinco y medio (es bastante cabezona y colorada)
-Vamos a enseñarle cómo entra en tu culo mientras él se masturba.
-Ponte en cuatro con el culo apuntando a tu marido y apoya la cabeza en el piso, Osvaldo pásale la lengua por el culo y déjale mucha saliva.
Cuando termine me volví a sentar, ya con mi pija en la mano. Él puso sus piernas a cada lado dándome la espalda.
-Observa cómo entra.
Agarrándose la pija con una mano y agachándose apoyó la cabezota en la entrada, hizo presión y la cabeza entró al mismo tiempo que perrita daba un fuerte quejido, se quedó un minuto así y después empezó un sube y baja tan potente que en tres movidas sus grandes huevos chocaban en la concha a su vez ésta se abría por completo dejando ver su agujero. Con un fuerte chirlo en una nalga dijo:
-Vamos quiero escuchar lo que te enseñé.
Cuando él bajaba perrita decía "abro" y cuando subía "aprieto".
Por casi 10 min. Escuché:
-Abro, aprieto, abro, aprieto ¿le estoy dando placer amo?
-Sí, seguí que lo estoy disfrutando. Y... te gusta lo que ves.
-Es increíble, fue lo único que dije.
-Ahora viene lo mejor, a ver puta abrí bien el culo que tu marido lo vea.
De repente se paró sacando la verga del culo que hizo un ruido al salir y un grito de mi esposa.
-Mira qué hermoso agujero que tiene.
Fue fantástico porque se le veía las paredes de su tripa y en realidad no sé qué diámetro habrá tenido pero se le veía muy grande, luego se la volvió a meter pero esta vez sin la ayuda de su mano y de un sólo empujón que le volvió a sacar un grito a perrita. Por otro buen rato lo único que se escuchaba era:
-Abro, Aprieto, ¿le estoy dando placer amo? Abro, Aprieto, mi cuerpo le pertenece amo, abro, aprieto, me gusta ser usada por usted mi señor, abro, aprieto, abro, aprieto, mi bebé se esta hinchando, ¿desea depositar su semen en alguna otra parte de mi cuerpo?
Al principio creí que se trataba de nuestro hijo que se estaba gestando en su panza. Pero luego comprendí que perrita le llamaba bebe a la pija de nuestro amo.
Este en un momento dado saco la pija del culo y con un fuerte quejido derramó una buena cantidad de leche espesa en la raya del culo de perrita, agarrándose la pija desparramó la leche por todo el culo y la concha, mirándome ordeno:
-Ya sabes lo que tenés que hacer.
Sin pensarlo me arrodillé y con mi lengua limpié y tragué todo el semen.
-Su perrita esta limpia señor, dije cuando terminé.
Él chasqueo los dedos y perrita se acercó de rodillas y empezó a limpiar con su boca a su bebe. Perrita mirando a los ojos de su amo le dijo.
-Ha quedado satisfecho mi señor. Al ver y escuchar eso, tuve un gran orgasmo tirando mi leche al piso. Ellos empezaron a aplaudir y riéndose decían: -Bravo, bravo.
Mi mujer se acercó a mí en cuatro patas, dándome un profundo beso con gusto a semen y saliva dijo agradécele por lo que te mostró.
-Muchas gracias amo, por lo que me acaba de mostrar.
-Puff, y esto no es nada, te queda mucho por ver todavía. Ahora anda, tráeme la ropa y vísteme que me tengo que ir a trabajar.
Cuando se estaban yendo perrita me dijo que no la esperara que vendría recién el lunes al medio día que tuviera la comida preparada.
-Este es el primer día de una nueva vida, dijo nuestro amo. Los miraba marcharse, él impecablemente vestido con su traje y mi mujer completamente desnuda tomada de su mano y tocándose su pancita, mientras pensaba: sí nuestras vidas han cambiado para siempre, sobre todo los besos de Claudia, que a partir de ahora serán con sabor a semen.
Tengo mucho más para contar, y bastante desagradable. Espero recibir correspondencia de ustedes expresando su opinión y sus experiencias. Sólo quiero tener a un amigo con quien desahogarme es todo.
Mensaje de mi mujer: Dice que si alguna chica casada o no y que le guste ser dominada o esté pasando por una experiencia parecida o que sólo quiera escribirle con gusto le va a contestar.
Lo que nos llevo a esta situación fue el que yo no tuviera trabajo debido a que en la provincia en la que vivimos hay una pobreza increíble (vivimos en la provincia de Corrientes en Argentina), estábamos pasando muchas necesidades. Claudia mi mujer estaba embarazada de 5 meses de nuestra primera nena, ella me dijo que saldría a buscar trabajo porque no aguantaba más esta situación(no teníamos ni pan duro para comer), cuando le pregunté a dónde iba a ir me dijo que en el diario hay un pedido para secretaria de una firma de abogados. A las 3.30 de la tarde se fue al centro al estudio de los abogados yo me quedé preocupado porque sabía que a una mujer embarazada era muy difícil que la tomaran.
Llegó pasado las 5 de la tarde con una cara, lo primero que le pregunté era si se sentía bien qué era lo que le pasaba Claudia me contestó que nada que estaba cansada. Le pregunté si quería tomar unos mates mientras me contaba cómo le fue con la entrevista. ("mate" es un preparado de hojas molidas de una planta que se llama Yerba Mate, es muy común en la Argentina y Uruguay), estando ya mateando me dijo:
Sabes lo que me dijo el abogado que me entrevistó, que él lo que quería era a una chica para calmarle los nervios y sus necesidades, me quedé sorprendida y después remató diciendo me entendés, lo que quiero es una mina que se abra de piernas cuando se lo pida, sin chistar ni lloriqueos. Vas a ganar muy bien. Si aceptas el trabajo te quiero mañana a las 8 para empezar a trabajar.
Yo estaba sorprendido aunque me lo esperaba porque en este país es muy común que pasen estas cosas. Empezamos a conversar este tema como es mi carácter tranquilo y en un momento dado mi mujer se enojó y gritando me dijo -lo que pasa es que vos no tenés carácter para nada, no servís para nada o no te has dado cuenta que desde que nos casamos el que lleva los pantalones en esta casa soy yo. Aunque me duela admitirlo es cierto mi mujer tiene un carácter fuerte y me domina enseguida aparte que la amo tanto, la necesito tanto que callé y no se habló más del tema. Cuando nos estábamos acostando le pregunté si mañana iba a salir a buscar trabajo -no sé mañana te aviso.
A la mañana siguiente me desperté tarde, cuando estaba preparando unos mates vi en la mesa una nota que decía -anda a lo de don Joaquín y pedile que te fíe para la comida. Vuelvo al mediodía, Me fui a trabajar. Con mucha bronca y desilusión limpié la casa y preparé la comida. A las doce sentí un auto que paró en la puerta y después entró Claudia me saludo y se sentó en la mesa a comer yo no aguanté más y le pregunté como le fue en el "TRABAJO" -bien al parecer le gusta mi pancita porque se la pasó acariciándomela. Y qué más pregunté yo. -también me tocó las tetas y me preguntó si ya tenían leche. Yo no aguanté más y le dije, sos una puta de mierda.
Ella lanzándome un bollo de pan por la cara dijo. -sí soy una puta pero por tu culpa, yo no quiero seguir pasando más necesidad y si no te gusta me voy a la mierda de esta casa y se fue a la pieza, después de unos minutos me paré y me dirigí al cuarto y cuando vi que estaba haciendo las maletas se me vino el mundo abajo. Reconozco que soy muy maricón porque lo primero que hice fue abrazarla y llorando le pedí perdón.
Claudia que también estaba llorando me dijo -éste es mi trabajo te guste o no y no quiero que discutamos más sobre el tema si querés que me quede. -Esté bien lo que tú digas. Fue lo único que pude decir.
Para las cuatro de la tarde estábamos los dos en la vereda esperando a su jefe que la pasara a buscar, cuando llegó me dio un beso de despedida y se fue.
Cuando llegó a la noche me saludó con otro beso y le pregunté cómo le fue, -mira te voy a decir lo que tanto querés escuchar, se la pasó toda la tarde tocándome el culo y las tetas hasta me chupó una para ver si le podía sacar leche, cuando dijo eso se largó a reír, risa que me contagió.
Luego dijo que estaba cansada que se daría un baño y se acostaría (a los dos meses me enteraría que su jefe le rompió el culo el primer día, encima dos veces una a la mañana y otra a la tarde además estuvo mucho tiempo de rodillas chapándole la pija, por eso el cansancio).
Antes de que cumpliera una semana de trabajo estaba mi mujer leyendo unos papeles en la cama y yo acostado a su lado viendo la tele me dijo -Toma fírmame estos papeles que mañana los tengo que presentar sin falta. Qué es le pregunté -Es mi contrato de trabajo, no es obligación que lo firmes pero si le haces va a ser mejor para todos.
No podía creer lo que leía, mi mujer me miraba de reojo para ver mi reacción. No recuerdo muy bien lo que decía todo el documento pero lo más destacado era que Claudia tenía un estricto horario de entrada pero no de salida.
Que cuando el estudio lo considerara oportuno tendría que hacer horas extras inclusive feriados y fin de semana. Y otros puntos que sinceramente no me acuerdo pero que decía claramente que podían disponer de mi mujer cuando ellos quisieran. En realidad era un papel sin valor alguno, pero que mi mujer redactó para tener tranquilidad y para mostrarle a su jefe que yo estaba de acuerdo.
-No te preocupes mi amor Alberto no es lo que pensábamos es tierno, cariñoso y además me trata con mucho respeto delante de otras personas y quiere que vos estés de acuerdo con esta relación.
Al otro día, al mediodía cuando estábamos comiendo Claudia me entregó unos papeles diciendo. -Toma léelo aquí están mis deberes y obligaciones de trabajo y también los tuyos.
Reglas indispensable de una secretaria
-Estar siempre disponible a cualquier hora del día y de la semana.
-Usar siempre minifaldas y blusas fáciles de sacar.
-Queda totalmente prohibido usar ropa interior (sólo podrá usar tanga en los días de menstruación).
-Deberá tener todo el cuerpo completamente depilado (brazos, piernas, axilas y pubis).
-El marido se encargará de la depilación asegurándose que su mujer vaya debidamente presentable al trabajo.
-La secretaria deberá tener un corte de pelo al estilo varón.
-La secretaria deberá estar atenta a los requerimientos de su patrón.
-La secretaria deberá ofrecer cualquier parte de su cuerpo cuando vea o presienta que su patrón necesita relajarse.
En realidad es mucho más largo pero puedo asegurarte que es asqueroso.
Cuando estaba por protestar Claudia me dijo -Estas son las reglas del juego si la respetamos vas a ver qué pronto vamos a estar mucho mejor. Tiempo después cuando ya no había secretos entre nosotros me enteré que fue ella también la que redactó sus propias reglas sólo para ver mi reacción, pero le salió el tiro por la culata porque sin pensarlo se lo mostró a Alberto (su jefe) para que vea mi firma dando consentimiento a las reglas.
-Ya que has escrito tus propias reglas y tu marido las aprobó te vas valer de ellas como tu nuevo estilo de vida.
Con apenas una semana de trabajo de mi mujer yo estaba aquella noche depilando completamente a Claudia.
Al siguiente fin de semana era viernes, como eso de las 1.30 de la madrugada yo la estaba esperando porque era muy tarde, llega mi esposa completamente desnuda sólo los zapatos tenía puestos, -Alberto quiere hablar contigo esta afuera esperándote. Cuando iba por el pasillo porque vivimos al fondo de un terreno me di cuenta que mi mujer estaba detrás mío.
-Qué tal vos sos Osvaldo el marido de Claudia.
-Sí, mucho gusto vos sos Alberto.
-Sí, el patrón de tu mujer, mira qué hermosa, así me gusta tenerla.
Claudia que estaba al lado de nosotros rió y se abrazo a la cintura de Alberto.
-Bueno te quería ver para avisarte que mañana sábado al mediodía prepares un asado para los tres aquí en tu casa, OK.
-Sí con mucho gusto.
-Vamos putita, ah tu mujer se va conmigo, a las 11.30 ó 12 del mediodía estamos por aquí.
Después que se fueron pensé, y si pasaba alguien por la calle y veía a mi mujer desnuda. Y también me di cuenta que estaba muy excitado porque Claudia iba a pasar su primera noche fuera de casa durmiendo en la cama de otro hombre y yo solo. Confieso que me hice una paja imaginándome lo que ellos estaban haciendo.
Al mediodía estaba el asado listo cuando ellos llegaron. Mi casa tiene medianeras de casi 2 m. de alto y el pasillo esta flanqueado por dos paredones que pertenece a la casa de los vecinos. Claudia apareció otra vez desnuda, venía con una enorme sonrisa, me abrazó y me dio un hermoso y apasionado beso. (Le sentí un sabor raro pero no dije nada) -Anoche lo pasé bárbaro, me dijo.
Alberto venía con un sacón largo que seguramente tenía puesto mi esposa antes de llegar a casa. Estirándome la mano me saludó.
-Hola, Osvaldo y ya esté listo el asado se ve espectacular.
-Sí ya esta listo cuando ustedes quieran.
Mi mujer se acerca y me dice -Mira mi amor me estoy ensuciando toda y poniendo una pierna en una silla pude ver que tenía un tapón en su vagina, se paso la mano por la entrepierna y hablando bajo me dijo, poniendo cara de mala, probá es el semen se Alberto, y quiero que me limpies con tu lengua, demostrale que estás orgulloso de tu mujer.
Me hizo acostar boca arriba en el piso, puso un pie en cada costado de mi cabeza y empezó a bajar hasta quedar con su concha a escasos centímetros de mi boca. Miré para arriba y lo único que vi fue su panza.
-Mi amor sosteneme que en esta postura me canso mucho. Con mis dos manos la sostenía de sus nalgas. Ella antes de sacar el tapón me dijo. -Abrí bien la boca que caiga todo adentro. Fue una gran cantidad de semen y jugos de mi mujer lo que tuve que tragar. Alberto que se sentó frente a ella le dijo. -Mové los músculos de tu vagina para que caiga todo. Estuvimos como 15 min. En esa posición yo tirado en el medio del patio con Claudia sentada sobre mí.
-Bueno listo, terminen que tengo hambre.
-Mi amor terminaste, le dije que sí. Se levantó y fue hasta Alberto quien le metió dos dedos dentro de la concha, al sacarlos los miró detenidamente.
-Buen trabajo Osvaldo.
Luego de eso nos sentamos a comer, la charla fue amena y divertida porque hizo comentarios sobre algunos casos judiciales que tenía, ya en los postres mientras estaba yo en la cocina, mi mujer se acercó y me dijo:
-Mi amor quiero que me entregues a Alberto así con tu permiso él pueda usarme cuando lo desee.
-Y cómo es eso, aparte él ya hace lo que quiere contigo.
-Sí, pero a él le gusta hablar de frente, y aclarar las cosas.
-¿Qué tengo que hacer?
-Mientras me visto te explico.
Se puso un camisón de dormir color blanco, ropa interior y se sacó los zapatos negros que llevaba. Cuando llegamos frente de Alberto, Claudia me apretó la mano al ver que yo no reaccionaba, entonces dije:
-Alberto, aquí... aquí te entrego a mi mujer incondicionalmente para que hagas con ella y de ella, lo que desees.
Él mirando a mi esposa le dijo. -Y vos, ¿estás de acuerdo? -Sí, totalmente.
Mirándome me ordenó. -Sácale el vestido. Claudia quedó en ropa interior.
-Ahora el sostén y la tanga. Mi mujer volvió a quedar como dios la trajo al mundo.
-Acérquense, pero primero pellízcale los pezones se los apreté muy fuerte ella se quejó pero los pezones le quedaron duros y parados, tomando a Claudia con la mano izquierda por la cintura y la derecha tomé su brazo, nos acercamos y volví a decir, -con mi aprobación se la entrego, y estamos a su servicios. Él tomando la mano de Claudia comentó:
-Así me gusta debidamente presentada, la hizo arrodillarse entre sus piernas y estirándole fuerte del pezón izquierdo dijo: -Ahora sí sos completamente mía, al igual que tu esposo espero obediencia y total dedicación hacia mí. Mi mujer sólo movió la cabeza en señal de aprobación. Él se levantó de la silla y con una enorme sonrisa me dio la mano mientras me abrazaba y palmeaba mi espalda.
-Quiero que sepas que te respeto y te admiro mucho más que los cabrones éstos(refiriéndose a los políticos y jueces con los que él tiene mucha relación).
-Párate mi amor, vamos a brindar por este nuevo y definitivo acuerdo salud.
-Osvaldo, por qué brindamos.
-Por los tres y porque seamos felices, salud.
-¿Claudia?
-Porque espero hacerte feliz, y porque estoy muy orgullosa de mi marido, salud.
Dándole un chirlo en la nalga a Claudia, le ordenó que fuera a preparar el dormitorio, luego comentó:
-Estoy muy cansado, y tengo mucho trabajo para este fin de semana. Me voy a recostar un rato. Y se fue para el dormitorio.
Yo levanté la mesa y limpié la cocina, cuando estaba por sentarme a descansar escucho el televisor que teníamos en la pieza, al asomarme por la puerta veo a Alberto acostado desnudo y leyendo el diario. Al verme me hizo una seña de silencio y me indico que trajera una silla. Me senté a su lado y dijo:
-No es hermosa.
Mi mujer estaba atravesada en la cama con su cabeza apoyada en la entrepiernas de él y con su miembro flácido dentro de su boca, estaba completamente dormida.
-De a poco se está acostumbrando a dormir con su chupete.
Mientras tomábamos un whisky Alberto empezó a preguntar.
-¿Cómo te sentís? ¿cómo se llevan ustedes?
-La verdad me siento raro no sé, con un poco de vergüenza y nuestra relación tengo que admitir es muy buena, cuando hacemos el amor lo hacemos con mucha pasión cosa que antes no ocurría.
-Y qué opinas sobre las obligaciones que vas a tener de ahora en más.
-Jamás pensé que tendría que probar el semen de otra persona ni tampoco hacerlo delante de otro hombre.
-No te preocupes, ya te vas a acostumbrar y no sólo a eso sino también a verme cómo disfruto con tu mujer. Claudia me dijo que a vos te gusta que te dominen que sos muy sumiso por eso voy a repetir lo mismo que le dije a ella. Quiero que vos te encargues de su higiene, como lo hiciste hace rato. Ella va a venir todo los días con su concha y culo llenos de mi semen para compartirlo contigo. También quiero que controles que no se bañe cuando llegue, sino que lo haga un rato antes de salir para su trabajo, entendiste. Mi intención es que ustedes se acostumbren al olor del que ahora es su dueño, que cuando se acuesten para dormir lo hagan con el perfume a sexo y el olor a semen que trae tu mujer. En cuanto a las relaciones entre ustedes te doy permiso para que tengan dos veces a la semana, por supuesto el fin de semana no cuenta. ¿OK?
-Sí Alberto.
-Ah, otra cosa no me gusta que me llames así, decíme Mi señor o Amo dentro y fuera de esta casa, está claro.
-Sí mi señor.
-¿Qué nombre te gusta para tu mujer ¿Puta, perra o esclava?
-Perrita, dije yo.
-Esta bien de ahora en más, en todo momento y lugar se va a llamar perrita.
-Bueno brindemos por la perrita y por vos cornudo. ¿Te molesta que te diga cornudo?
-No, si estamos entre nosotros.
Después de eso hablamos por mucho tiempo sobre lo que tenía que aceptar y acostumbrarme. Una de esas cosas era que perrita iba a pasar mucho tiempo fuera de casa.
Como a las cinco de la tarde mientras yo leía el diario "Mi señor" entró al baño desnudo y perrita detrás con un cepillo de dientes nuevo, se lo entregó y después mientras mi señor se limpiaba los dientes ella se arrodilló detrás de él con sus manos le separó los cachetes y empezó a lamerle el culo. Yo me excité y empecé a tocarme la pija, ella me vio y me brindó una hermosa sonrisa para después seguir con su trabajo.
Cuando mi señor salió del baño, caminó hacia mí y dijo:
-Vaya, te excitó ver el trabajo de mi perrita. Mi mujer se abrazó a su cintura y con la mano derecha le empezó a hacer una paja muy lenta.
Perrita al ver que no sacaba los ojos de la pija de nuestro amo dijo:
-Mide 20 casi 21 de largo y la cabeza que es lo más ancho cinco y medio (es bastante cabezona y colorada)
-Vamos a enseñarle cómo entra en tu culo mientras él se masturba.
-Ponte en cuatro con el culo apuntando a tu marido y apoya la cabeza en el piso, Osvaldo pásale la lengua por el culo y déjale mucha saliva.
Cuando termine me volví a sentar, ya con mi pija en la mano. Él puso sus piernas a cada lado dándome la espalda.
-Observa cómo entra.
Agarrándose la pija con una mano y agachándose apoyó la cabezota en la entrada, hizo presión y la cabeza entró al mismo tiempo que perrita daba un fuerte quejido, se quedó un minuto así y después empezó un sube y baja tan potente que en tres movidas sus grandes huevos chocaban en la concha a su vez ésta se abría por completo dejando ver su agujero. Con un fuerte chirlo en una nalga dijo:
-Vamos quiero escuchar lo que te enseñé.
Cuando él bajaba perrita decía "abro" y cuando subía "aprieto".
Por casi 10 min. Escuché:
-Abro, aprieto, abro, aprieto ¿le estoy dando placer amo?
-Sí, seguí que lo estoy disfrutando. Y... te gusta lo que ves.
-Es increíble, fue lo único que dije.
-Ahora viene lo mejor, a ver puta abrí bien el culo que tu marido lo vea.
De repente se paró sacando la verga del culo que hizo un ruido al salir y un grito de mi esposa.
-Mira qué hermoso agujero que tiene.
Fue fantástico porque se le veía las paredes de su tripa y en realidad no sé qué diámetro habrá tenido pero se le veía muy grande, luego se la volvió a meter pero esta vez sin la ayuda de su mano y de un sólo empujón que le volvió a sacar un grito a perrita. Por otro buen rato lo único que se escuchaba era:
-Abro, Aprieto, ¿le estoy dando placer amo? Abro, Aprieto, mi cuerpo le pertenece amo, abro, aprieto, me gusta ser usada por usted mi señor, abro, aprieto, abro, aprieto, mi bebé se esta hinchando, ¿desea depositar su semen en alguna otra parte de mi cuerpo?
Al principio creí que se trataba de nuestro hijo que se estaba gestando en su panza. Pero luego comprendí que perrita le llamaba bebe a la pija de nuestro amo.
Este en un momento dado saco la pija del culo y con un fuerte quejido derramó una buena cantidad de leche espesa en la raya del culo de perrita, agarrándose la pija desparramó la leche por todo el culo y la concha, mirándome ordeno:
-Ya sabes lo que tenés que hacer.
Sin pensarlo me arrodillé y con mi lengua limpié y tragué todo el semen.
-Su perrita esta limpia señor, dije cuando terminé.
Él chasqueo los dedos y perrita se acercó de rodillas y empezó a limpiar con su boca a su bebe. Perrita mirando a los ojos de su amo le dijo.
-Ha quedado satisfecho mi señor. Al ver y escuchar eso, tuve un gran orgasmo tirando mi leche al piso. Ellos empezaron a aplaudir y riéndose decían: -Bravo, bravo.
Mi mujer se acercó a mí en cuatro patas, dándome un profundo beso con gusto a semen y saliva dijo agradécele por lo que te mostró.
-Muchas gracias amo, por lo que me acaba de mostrar.
-Puff, y esto no es nada, te queda mucho por ver todavía. Ahora anda, tráeme la ropa y vísteme que me tengo que ir a trabajar.
Cuando se estaban yendo perrita me dijo que no la esperara que vendría recién el lunes al medio día que tuviera la comida preparada.
-Este es el primer día de una nueva vida, dijo nuestro amo. Los miraba marcharse, él impecablemente vestido con su traje y mi mujer completamente desnuda tomada de su mano y tocándose su pancita, mientras pensaba: sí nuestras vidas han cambiado para siempre, sobre todo los besos de Claudia, que a partir de ahora serán con sabor a semen.
Tengo mucho más para contar, y bastante desagradable. Espero recibir correspondencia de ustedes expresando su opinión y sus experiencias. Sólo quiero tener a un amigo con quien desahogarme es todo.
Mensaje de mi mujer: Dice que si alguna chica casada o no y que le guste ser dominada o esté pasando por una experiencia parecida o que sólo quiera escribirle con gusto le va a contestar.
A las órdenes de mi mujer
Que tal, bueno quiero contarles las experiencias que suelo tener cada vez más a menudo. Les diré en primer lugar, que soy un varón de 32 años y estoy casado con una mujer de la que diría que no es fea, sino de esas mujeres deseables, apetecibles, aunque no llegan, cuando te fijas bien, a ser lo que se dice una modelo. Es decir, no es perfecta pero está muy "buena". También les dire que no tenemos hijos.
Aparte de su aspecto físico, tiene un carácter tremendo, casi masculino. Tengo que darles un dato, y es que ella es la que trabaja;yo no lo hago y me dedico a las "tareas del hogar", es decir, estoy "parao". En esta situación llevo los cinco años de matrimonio, aunque realizo algunos trabajos de pasante en un bufete de Notario.
Ella, mi mujer, con el paso del tiempo se ha ido acostumbrando a plantear las cosas en forma de órdenes. A imponérmelo todo porque sí. La verdad es que me encuentro cómodo cumpliendo sus "mandatos" que, a medida que pasa el tiempo, son cada vez más groseros y despectivos, aunque no siempre, pues también tiene momentos de dulzura y cariño hacia mí. Probablemente ese comportamiento generalizado venga determinado, primero, por su situación preponderante, y segundo porque sexualmente ella es la que domina.
Yo me dejo hacer, es decir, cumplo lo que me dice. Voy a ponerles un ejemplo desde este punto de vista sexual y así sabrán como es la relación que mantenemos, aunque no sé como comenzar, ni tampoco como calificar este relato cuando quiera catalogarlo al presentarlo a esa página web.
Yo, no sé si porque desde los 14 años he tratado con muchas mujeres, debido al trabajo que tenía o porqué, pero lo cierto es que tengo que admitir que soy, en la actualidad, un hombre debil mentalmente para algunas cosas, y ésta del sexo es una de ellas;como decía, estoy alcanzando un punto en el que cada vez más pienso en hombres. Pienso en ellos pero no en su personalidad;es decir no me gustaría conocelerlos personalmente, las imágenes que tengo son de sus pollas;grandes pollas con grandes capullos que me introduzco en la boca y lamo con suavidad, tranquilidad y deleite;con tiempo. Así, voy pasando de uno a otro(no les veo la cara, no los conozco)cuerpo;unos más morenos, belludos y otros más cetrinos llegando a rubios con inmensas pollas gruesas y blancas que terminan en un rosado glande.
En fin, estas visiones las tengo cuando estoy caliente, en casa, sólo y llegado un momento tengo que masturbarme para quedarme satisfecho. Lo que pasa después, en mi análisis, es que compruebo que no me arrepiento, que me atrae la idea.
Llegé a un momento tal en que un día, de verano, estando con Esther en la cama, a esa hora que llaman de la "siesta", noto como ella se coloca detrás de mí y comienza a empujarme y a susurrarme que si me gustaba como entrataba y salía su polla. En un primer momento, estrañado me volví y le dije que qué estaba haciendo, que qué pretendía. Ella contestó que me callara(pero esta vez no era una orden, sino más bien susurraba)y que sientiera su caliente coño en mí culo y le dijera que si me gustaba, pero que no contestara en seguida, que esperara un poco. Asi de esa forma continuó, "entrando y saliendo", apretanto su bulba contra mí. No supe como reaccionar, al mismo tiempo pensé que cómo sabía ella que me gustaba esto. ¿Me habría visto en algún momento cuando yo creía que estaba sólo?;¿sería que esas cosas se notan(que no lo creo)en cualquier hombre con estas particularidades?.
En fin lo cierto es que después de pensar, en ese instante, esas cosas y más, pasé a concentrarme en el calorcillo que sus envestidas dejaban en mi cada vez que apretaba, llegando un momento en que no pude más, inmediatamente me puse a buscar el compás con ella y en ese momento se me escapó un "follame". Momento en el que dijo:¡lo sabía! te gustan las pollas(siguió susurrando). Eres afeminado.
Sabía que si te hacía esto cederías y te abrirías como una putita, que es lo que eres, maricón, guarra, puerca, y caerías derrotado ante mí.
Amador(ese soy yo), me dijo:ahora no solo trabajo para la casa sino que soy el macho de ella. Voy a ser tu "hombre" y eso se va a traducir en que vas a tener que cumplir con todos mís deseos.
Esto lo decía mientras seguía apretando y aflojando y yo al mismo ritmo y diciendo cosas como:te gusta?, cuantos tios te han follado?, a cuantos se la has mamado putilla?, ¿te han dado ya por el culo, mariquita?, te gustan eh? Y cosas así. ;entonces pasó su mano sobre mí cintura y agarró mi pene y me masturbó. . . la corrida fue inmediata y pletorica.
Al terminar, los dos boca arriba y pasado el calor de la contienda(ella follaba realmente como un hombre)
comenzo a insultarme y a decir lo desgraciada que era por haberse casado con un hombre al que le gustan las pollas, con un perfecto maricón. Yo estaba sin habla, no podía articular palabra, era lógico, acababa de ser descubierto. Estaba completamente a su merced.
Hubo un silencio relativamente largo del cual resultó lo siguiente:
Mira Amador a partir de ahora voy a traer a casa a quien yo quiera, lo digo para que sepas que si un día aparezco con un hombre no te asustes, guapa, ní te asustes si me ves que traigo a una mujer;también me gustan y mucho.
Aquello que pasó entre nosotros me dejó terriblemente triste por un lado, pero por otro tengo que decir que relajado y satisfecho por haber actuado como lo hice.
De todas formas también pensé que lo de ser "maricón" como ella decía no era del todo cierto, porque cuando estaba en casa la chica de la limpieza, que venía los sabados, y a la que Esther llama la "criada", era indudable que me la ponía dura.
Isabel, la chica cumplidora de su trabajo, ciertamente, es, lo que se suele decir para describir a una verdadera mujer:"una hembra". Una, no vella, sino "hermosa" y guapa mujer. Hermosura que sin embargo debía descubrir bajo su delantal y su ropa, pues no se trata de una chica fríbola, aunque tampoco denotaba que fuese recatada.
Así las cosas, decidí, para compensarme a mí mismo, "atacar" a Isabel, lo decidí(se perfectamente que se trataba de una necesidad inconsciente de equilibrar lo vivido con mi mujer)y lo hice.
El sabado siguiente como suele hacer Isabel al llegar a casa a las diez de la mañana y colgar su abrigo, me dí cuenta de que no iba como siempre(es decir vestida de pantalón y con el mandilón puesto), no, inauditamente se encontraba únicamente con el mandilón. Era extraño, no entendía porqué. Lo cierto es que me preparó el desayuno y me lo sirvió en el salón(Esther no estaba en ese momento), en el que yo estaba leyendo la prensa del día. Cuando había tomado la mitad, aproximadamente, entró con los trapos de limpieza y el quita-polvo junto con la pequeña escalera que permite acceder al techo para limiparlo.
Estaba rara, no porque la expresión de su cara fuese distinta, que no lo estaba, sino por que actuaba más desenvuelta, como sabiendo que tenía el mando de la situación, o al menos eso fue lo que noté.
Ciertamente(déspues sabrán porqué)desenvuelta y agil en lo que estaba haciendo, se puso en un lugar estratégico que me permitía verla aunque debía volver algo la cabeza para ello. Acto seguido se subió a la escalera, al peldaño sexto, al más alto, y comenzó a limpiar(todo esto los dos en silencio en un ambiente que comenzaba a notar ya algo cortante)y de pronto oigo un ruido como de algo que se cae y vuelvo a oir y es Isabel que dice: ¡vaya! se me ha caido el quita-polvo. Inmediatamente me levanto y lo recojo, y al elevar la cabeza dí de bruces con unas pierna deliciosas que van ascendiendo hasta acabar en un amelocotonado culo en el que ambos gluteo se encuentran unidos "pretamente", con la fuerza que da la juventud de la carne nueva.
Ella, miró sonriendo hacia mí viendo que yo la estaba mirando;le estaba mirando el culo por debajo del mandilón y era un bello culo que no llevaba bragas. Ese momento en el que las miradas se cruzan(en esa posición que ella tenía y en la que tenía yo)nos dijimos que sí, que ibamos a follar seguramente. Me estaba diciendo con la mirada y con su sonrisa porqué no llevaba las bragas puestas. No lo pensé más y me atreví a introducir mí mano, pero no muy alto, sino algo por encima de la rodilla y allí la dejé posada;noté que se ponía un poquitín, no nerviosa, pero sí impaciente. Era el momento exacto para continuar o desistir, y actué, conocía perfectamente a las mujeres ;había estado con muchas en mí juventud y ahora era yo el que era el mayor y la joven ella. Sabía que la iba a hacer gozar, pero por experiencia también sabía que debía hacerlo despacio, lentamente y sin que el celo del momento hiciera que perdiera el control de la partida que ivamos a comenzar.
Inmediatamente introduje la otra mano a la misma altura que tenía la derecha y con las dos al mismo paso le subí el mandilón para arriba al tiempo que introducía mi lengua por la raja de su culo separándole ambos gluteos. Mi lengua, lentamente, iba saboreando cada centimetro de su piel y apretó cuando llegó al orificio deseado;un orificio pequeño y marrón que parecía que por sí mismo tenía vida;se resistía a aflojarse, pero yo lo conseguiría. Efectivamente, poco a poco parece que a ella le daba placer lo que suevemente le estaba haciendo;no se movía de la posición que mantenía en la escalera. Hice que bajara un peldaño para poder introducirle aún más mí lengua, ella solícita bajó abriendo ahora mucho más sus piernas. Conseguí aflojarlo e introducir toda mí lengua en él(me la estaba follando con la lengua).
Lógicamente me empalmé enseguida(lo que corroboraba que no era tan maricón como Esther decía)y mí polla se salió del calzoncillo y traspasó la abertura de la bata de algodón azul marino que llevaba puesta, momento en el que la dulce Isabel volvió la cabeza hacía mí y la vió ahí(si tuviera que describir mi polla diría que es una de esas pollas no delgadas pero tampoco exageradas;eso sí el capullo que tengo es un capullo bello y hermoso que bien podría haber sido el final de otra polla más grande y que bien aprovechado daría gusto a cualquier mujer)fuera del albornoz y temblerosa aunque iniesta y desafiante.
Sin embargo ella se dejaba hacer, no se bajó de la escalera hasta que se lo dije.
Pasado ese momento de excitación inicial nos detuvimos y nos miramos y ella, tomando la iniciativa, me besó en los labios.
Sabía que no debía acelerarme, debía tener el control pleno si quería que Isabel fuese testigo de mi "varonilidad". Saqué sus pechos por encima de su sostén(que pechos "Dios mio")eran unos pechos rosados y duros, puntiagudos sus pezones y tersos como ningunos otros. Que puedo decirles en este momento(el mundo podía acabarse, o mejor detenerse). No sé porqué pero al instante de saborearlos me quitó de ellos y me pregunto que qué quería si sentarme o que fuesemos a la cama. Le contesté que a la cama de matrimonio(sabía que eso le iba a dar morbo)a lo que en principio puso reparos obligados, pero leves.
Ella fue al cuarto de baño y cogió unas toallas y yo me acoste excitado en la cama, boca arriba, esperándola. Vino desnuda y se paseo por la habitación mirándose en el espejo al tiempo que adoptaba poses excitantes para mí. Acudió después a la cama, como una niña cuando va a recoger su muñeca, y se detuvo mirandome la polla. Me dijo que estaba bien, que le gustaba(pero yo denoté que no era así exactamente y pensé porqué estaba allí, porque coincidentemente en el tiempo con lo ocurrido con mi mujer, estaba allí Isabel;no lo entendía:de momento).
Lo cierto es que a pesar de ese presentimiento, Isabel supo darme el placer que yo(pues también en mis fantasias soñé con ella)esperaba. Comenzo dándome besos en el capullo para poco a poco ir tragandosela;la levantaba, la besaba se la introducía y lamía mis huevos. En ese momento me extraño que me dijera que quería comerme el culo;que ella sabía que daba mucho placer a los hombres. Ahí comenzo(probablemente sin fundamento en ese momento)mi mosqueo, el cual hacía que en cierta medida me retrayera. Accedí a ello y lo cierto es que me dio una comida de culo que llegado un momento lo que verdaderamente queria era que una buena polla me estuviese penetrando.
Esta situación hizo que(con idea femenina)me quisierá vengar(lógicamente ella no estaba al tanto de mis pensamientos). Le dije, mira Isabel no sé si alguien por ahí te habrá dado por el culo o no, pero cariño, yo te lo voy a follar de todas todas. Sin más ella se volvío y desde la cama, levantó la toalla del suelo y subió un tarro de crema y cuando me lo enseño dijo:esto sirve para que las pollas como la tuya y mayores aún penetren a todo aquél que desee ser penetrado. (nuevo mosqueo:"penetren a todo aquél":por tanto a mí también, "que dese ser penetrado"). Lo que escuché lo guarde en mí memoria por si acaso.
En fin, volvió Isabel a lo suyo, a lo que había dejado a medias:siguió comiendome el culo y paso a mi polla mamándomela hasta que supo que estaba preparada para que se la metiese.
Eso hice, se la introduje suavemente, pero quería hacerle daño(aunque no fuese por su culpa)por las palabras que dijo, por esa coincidencia que empezaba a no parecerme tal y que si bien en otro momento no hubieran sido significativas, ahora para mí sí lo eran. Por tanto, quise hacerle daño y se lo hice:le dí varias envestidas con tal fuerza que comenzo a sangrar levemente. Me detuve y se lo dije, pero ella no quiso que parase, me conminó a seguir, a penetrarla, llegando en un momento dado, y teniéndola toda dentro, me confiesa que lo que yo le estaba metiendo y sin ánimo de ofender no era nada para lo que ella se introducía en su delicioso culo;que estaba acostumbrada a pollas de más calibre que el mio(ahora parecía que algo vengativa si estaba;se parecía algo a Esther).
En ese momento se me aflojó. Sencillamente al oir lo que dijo se me aflojó y se la saque.
Para qué hice eso, cogió un enfado tal que se le escapó la verdad sin querer. Ahora iba a saber yo porqué estaba Isabel precisamente en la cama conmigo ese día, ese sabado en concreto y no otro;porque miradas de deseo habíamos tenido casi todos los sabados que venía a casa.
Comenzó preguntándome si no estaba extrañado de lo que había pasado, a lo que conteste que sí que siempre la había visto con pantalones debajo del mandilón y le confesé que me costaba algo más imaginarla desnuda cuando me masturbaba pensando en ella.
¿ Saben que contesto? ¿y que me dejó sorprendido?:¡qué mariconazo eres pensando en mí y meneándotela a mi costa!. ¿mariconazo?, ¿porqué? No es lógico que un hombre piense en una mujer como tú, maxime si únicamente la ve un dia a la semana?. A esto ella contestó:sí, pero eso será un hombre y no un mariquita como tú(me dejó helado, sin saber porqué inmediatamente relacioné a Isabel con mi mujer. ). Continuó y dijo:¿sabes porqué estoy aquí?. A lo que le respondí que no, que no lo sabía.
Bueno veras Amador, dijo, tú mujer, de la que soy una de sus amantes y digo una porque no sólo son mujeres sino también algunos buenos ejemplares("machos", dijo machos), me ha dicho que tú, su marido erás maricón, y como a mí siempre me habías gustado no me lo creía. Pero cuando se te ha aflojado he comprendido que efectivamente lo eres y punto. (se puso chula, ¿porqué?, pues realmente si se me aflojó fue porque dijo que estaba acostumbrada a otras pollas mas gordas).
Además, continuó, pienso que a todos los hombres a los que les gusta dar por el culo a las mujeres acaban de una u otra manera siendo lo que tú:maricones que desean que les den a ellos una buena ración de polla otros que muy probablemente acaben a su vez siendo maricones igualmente, por mucho que en ese momento lo desconozcan. Pero no te aflijas porque afeminados que les guste hacer una buena mamada hay miles. Cada día más, por eso tu mujer te probó y acertó:¡Bingo, Amador es maricón perdido!
No supe que decir, tenía mil preguntas en la cabeza y no podía hacer ninguna.
En ese momento oí que la puerta principal de la casa se abría y que entraban varias personas, al menos dos, ya que se oían varias voces distintas. Miré a Isabel y ví que se reía, me dijo Amador es tú mujer con un hombre al que no conoces pero que vas a conocer y probablemente, según lo que decida la señora, que me lo dijo, podrás chuparsela, aunque en este punto no me hagas mucho caso. Lo que si es cierto que vas a presenciar como uno que actualmente es macho, y desde luego con una polla que te va a sorprender, nos folla a las dos y probablemente a ti también.
No nos movimos de la cama, entró Esther y riendo, con una sonrisa que si la conoces sabes que al mismo tiempo es sensura, dijo:Hola Amadorcín, ¿qué pasa, me has puesto los cuernos con Isabel?, ¿Le has dado buena polla a la mamona de Isabelita?. (y de pronto dijo:)Isabel, ven aquí ahora mismo, guarra, que quiero mitrarte a la cara para saber como está mi amor a la que tanto adoro. ¿no te habrá comido mi coñito, no?
No, no, respondió Isabel, bueno en tal caso ve al cuarto de baño y ponte esta ropa que he comprado para ti para este momento tan esperado por mí(dijo Esther)y que podrás usar en todas las reuniones que tengamos. Mientras tanto yo estaba callado, sin fuerza, a la espectativa de lo que allí se estaba cociendo. Sabía que no estabamos sólos, que había un desconocido en otra parte de la casa y al que yo no conocía y que por un lado no quería conocer pero por otro lo estaba deseando.
Inmediatamente me vino un pensamiento a la cabeza que me decía, ¡sueltate y expresa tus verdaderos sentimientos!¿pero cuales erán?(eran realmente afeminado y me gustaban los hombres o no?;pronto iba a saberlo).
Esther se dirigió a mí a continuación y me dijo que me vistiese que quería presentarme a un hombre, que como me adelantó en su momento, los traería a casa cuando ella quisiese.
Rápido maricón(primer latigazo)que no tenemos todo el día, dijo. Aquél "maricón" fue el detonante para que yo diese un giro mental y me posicionará, sino definitivamente, si en aquel momento en el papel de un verdadero efeminado el cual paso de estar cohibido a tener una actitud complaciente de todos los deseos y requerimientos que pudieran hacerle(ya estaba chupandole la polla a aquel desconocido sin aún conocerlo ni haberlo visto nunca;me dabo mucho morbo).
Cuando estaba vestido con pantalón y camisa, sin darme tiempo a ponerme el jersey Esther, casi gritando, dijo no, no, Amadorcita, así no te vistas, te vas a poner(dijo acercandose a mí y comenzando a hablar más bajo)unas bragas mías que en tu honor acabo de comprar. Saco de una bolsa unas preciosas bragas de encaje y nylon con ribetes azules(ella sabe que me gusta el azul)y me las alargo mirándome y dicendo:anda¡ no te cortes que va a ser tú estreno. Hoy vas, por primera vez, ¿supongo, no?, a saber que se siente teniendo una verdadera polla en el culito y así sabrás el placer que puedes llegar a tener en esa circunstancia en la que te la meten como tú se la has metido a Isabel(¿cómo lo sabía?).
Ah, Amador el hombre que está ahí fuera se llama Diego y es un señor que te va a gustar. Te diré que si sale bien haremos un buen negocio del que tu, como mi esposo, ¿puedo decir esposa?, saldrás beneficiado.
Te adelanto que le gustan mucho las mujeres pero se encuentra en una edad en que comienzan a gustarle los hombres igualmente, de manera que en vez de buscarle otro hombre he preferido buscarle una maricona fácil como tu para que no se incomode demasiado con esa experiencia. ¿vale?. A ello le respondí(ya siendo todo hembra)que sí que lo que ella quisiera.
Bueno, puta, me dijo, te vas ir a la cocina, así como estas:en bragas, en plan esclava, y vas a ir preparando unos cocteles para los cinco. ¿para los cinco, dije?. Si para los cinco, porque también he traido a lo que llaman en los barrios bajos a "mí chulo", al macho que debería haber tenido en tu lugar, el que de verdad me da placer. Pero a ese no pienses que podrás tocarlo si yo no lo digo.
Con miedo fui despacio a la cocina mientras oía una conversación a lo lejos, al parecer de los que Esther había traído a casa. Estuve preparando las bebidas unos quince minutos y cuando estaba terminando apareció Isabel diciendo:putita dice tu mujer que te des prisa que necesita calentar a los invitados ahora.
Le dije :Isabel estoy cortado y me dá vergüenza acudir al salón.
A ello respondió que no me cortara que los hombres se habían quitado la camisa, por el calor, y que no habría problema, que solo sentiria lo que me gusta ser, una puta que espera por primera vez tener un buen nabo en su boquita, que iba a pasar a formar parte del club de las mamonas de forma irremediable y que todo eso ocurría por ser como soy:por tener y ser un culito inquieto. Era verdad.
En fin cogí la bandeja y entré en el salón. Allí en ambos sofás se encontraban ellos sentados uno frente al otro hablando y cuando entré, aunque veían que me encontraba en bragas, se levantaron y me saludaron con toda normalidad como si tuviese puestos los pantalones igual que ellos.
Puse las bebidas en la mesa y me retiré a la cocina, pero cuando salía del salón llegaba Esther. Se había quitado la ropa anterior y venía con un camisón trasparente debajo del cual llebaba unas bragas también trasparente y el sujetador igual. Me dijo, pasa no te vayas a la cocina y ven al salón que nos bebamos esos maravillosos cocteles que has preparado, esto lo decía mientras hacía su entrada en el salón;yo la seguí y me senté en una esquina del sofá más grande en el que en la otra esquina se encontraba el que posiblemente, deduje, sería el señor del que me había hablado antes, Diego.
Me dí cuenta que Isabel no estaba, estaba en el dormitorio y no sé porqué no estaba allí. Lo supe pronto.
La conversación era intrascendente, todos bebían con transquilidad, incluso yo, maxime en la situación que estaba.
Pero todo comenzó a dar un giro cuando Isabel entró, y de esa instrascendencia se paso, casi de forma violenta, por la visión que estaba dando Isabel, a otra de puro masoquismo visual y de palabra. Fue un cambio radical, diría.
Me explico, Isabel venía con un cinturón de esos que cuando se colocan permiten que una polla de plastico que lleva sujeta quede en la posición que cualquier hombre tiene cuando está empalmado. Era una muy buena copia, seguramente de un buen follador. Comenzó, despacio, a pasearse por el salón mientras los demás enpezaban a sonreir. Lentamente su fue acercando a nosotros y con aquella polla que parecía de verdad llegó hasta Esther a la que le dijo:Señora ojalá tuviera usted una como esta para que yo pudiera chuparsela todos los sabados y me diese placer.
Esther, riendo, dio un sorbo a la copa y bebió y acto seguido dijo:no necesito tenerla de verdad porque de verdad ya tengo la de Carlos. Carlos, dijo sacatelá por favor para que Isabel vea que es muy similar la que ella tiene a la tuya. Dicho y hecho, Carlos comenzo a desabrocharse el pantalón(estaba ya empalmado)e introduciendo su varonil mano por la bragueta se la sacó fuera. Yo nuca ví polla semejante:estaba dura como una piedra, era larga y gorda de un color setrino que hace que inmediatamente te atraiga, lo que hizo que todos los presentes desearamos en ese momento contemplarla con admiración y con tiempo suficiente. El tal Carlos era un hombre varonil, con bello en los brazos y fuertote. Era guapo, pero de una guapura deseable. No el guapo afeminado. Diego, parecía nervioso y de ello Esther se dio cuenta e inmediatamente se levantó y fue hacia Isabel a la que seguramente dijo que atendiera a Diego.
Con sorpresa para mí, y delante de todos, Esther en voz alta se dirigió a mí diciendo:Oye, tú, Amador, putita vuelve a preparar otras bebidas y ven pronto que alguíen quiere que se la mames. Al oir eso mi respiración se entrecortaba, no podía respirar y quería salir del salón a toda prisa.
Mientras recogía las copas ví como Isabel ya estaba de rodillas ante Diego que seguía sentado en el sofá y le desabrochaba la cremallera del pantalón. Me dio tiempo e versela, y puedo jurar que me gusto, me gustó mucho aquella polla, más que la de Carlos. No sé, era distinta y junto con su cuerpo, el de un hombre de unos cuarenta y nueve o cincuenta años, que muy probablemente tomara algún extimulante, me excito más que el otro. Pensé que ya tendría tiempo de probarla, pero antes que yo la cerda de Isabel la cataría primero. Efectivamente Isabel, sentada en la alfombra, estiró las piernas y entre las de Diego comenzó a besarle los huevos que eran ciertamente gordos, como puños. El tal Diego estaba buenísimo:sin camisa ofrecía un pecho belludo deseable cien por cien.
Caundo estaba preparando las bebidas oí que Isabel me llamó:!maricona¡(eso hizo que se me abriera el culo, me gustó ese trato en aquel momento)ven aquí que tengo una cosa para ti:A lo que contesté:ahora cuando acabe. E inmediatamente oí la voz de Esther:Amador ¡ven inmediatamente aquí¡, se oyó.
Lo deje todo y acudí viendo como Diego estaba de pie con los pantalones de seda gris bajados e Isabel de rrodillas se la mamaba. Diego le sujetaba con la mano la mata de pelo que le caía a Isabel por los hombros. Se veía que la muy puta estaba disfrutando de aquella deliciosa polla que ahora brillaba cuando podía verse en toda su plenitud. Diego me miraba y parecía decir:mira que mamada me están haciendo.
Yo, aparte la mía de él y fui al otro sofá desde el que Esther me había llamado.
De forma soez Esther me preguntó, oye maricón, dile a Carlos desde cuando te gustan los nabos, putita.
Que bien te quedan esas bragitas, ¿verdad?, ¿te gustas con ellas puestas?, ¿te sientes comoda?, ¿a que sí?, Mira Carlos, Amador se ha empalmado cuando ha visto la polla de Diego. Inmediatamente Diego me miró y yo agaché la cabeza. No te cortes guarra, me dijo, no te acuerda del otro día cuando te estuve dando por el culo en la cama, parecía que sentías como si te estuviera metiendo una polla de verdad. El culo lo tenías abierto y sudoroso. Por el cabía un bate de beisbol.
A continuación, sin esperarlo lo más minimo(parecía que tenía ordenes dadas)Isabel vino hacia mí, me bajó las bragas y comenzó a chuparmela, al tiempo que Esther me decía:ves que polla más pequeñita tienes, la propia de una maricona. Por que tu eres una maricona ¿no?(pregunto mi mujer)e insistió nuevamente con la misma pregunta a lo que le respondí, por fin:SÍ me gustan los hombres pero no he estado con ninguno. Confieso que me gustaría probarlo. A lo que respondió Esther, si eres buena lo probarás. Por eso cuando traigas las bebidas que has dejado sin terminar en la cocina ya veremos. Anda¡ corre y cuanto menos tardes antes podrás saborear la polla de Carlos(me quedé sorprendido, qué pretendía), Carlos no parecía enfadado, como si estuviera acostumbrado a ello, cosa que contradecía lo dicho por Esther en el dormitorio.
Cuando entré, nueva sorpresa, ahora Esther, junto Isabel, las dos al unisono deban buena cuenta del miembro de Diego y éste comenzó a quitarle las bragas a Esther, y cuando se las hubo quitado del todo la levantó, (el volvió a sentarse)le dio la vuelta y la sentó sobre su polla que, poco a poco se iba introduciendo en su coño. Vista así, Esther estaba inmensamente deseable. Me miraba y parecía decirme:mira como un hombre de verdad me da placer.
Dejé la bandeja nuevamente en la mesa. Ya no podía más y si bien quería que me dieron por el culo y mamar las pollas de ambos, en aquél preciso momento lo que más me atraía era el coño de Isabel. Un coño rasurado, no muy grande y probablemente con un buen sabor. A él acudí y no fui rechazado. Verdaderamente aquella Isabel era hermosa(pense en la relación entre ambas y creo que a la larga sería Isabel la dominante entre ellas).
Diego no se cansaba, seguro que tomó algo para poder estar en forma. Esther comenzaba a gemir placenteramente, una y otra vez, cuando la tenía introducida del todo. Ahora me daba cuenta que era imposible que esa mujer gozara conmigo. Ahora comprendo que a las mujeres les va más un gran miembro que uno que no lo sea, por mucho morbo que el sujeto en cuestión pueda darles. (donde se ponga un pollón que se quiten medianias).
Por fin pude penetrar a Isabel como tantas veces lo hice en pensamiento. Pero era mejor, su coño muy caliente me daba gusto, mi polla rozaba toda su pared interior, parecía que nunca se la habían follado.
Acto seguido Esther levanto su cabeza y salió de Diego para decir¡Atención todos!(a lo que todos respondieron)ahora se va a estrenar, la declarada nueva maricona oficial de la casa como mamona. Y le pido a Carlos que fuese paciente conmigo "porque es novata en esto", aunque yo sé que en sueños a chupado varios cientos de nabos de los hombres más increibles que puedan existir.
Ven aquí, dijo, ven y comienza tu andadura femenina, huele a un macho, quedaté con su olor y sabor y nunca más volverás a ser hombre. Inicialmente me hallaba cohibido, no por la situación sino por las miradas de los demás(me hubiera gustado más con Diego y a solas, la verdad).
Yo reaccioné como que se me pedía, como se esperaba de una maricona loca. Fui hacia Carlos y me arrodillé entre sus piernas, agarre su polla y sin pensarlo dos veces me la introduje en la boca. Era verdaderamente gruesa. Tenía un sabor metálico que me gustó. Inmediatamente, si me quedaba algo de hombre se terminó ahí. Que rica estaba, mi boca se introducía en ella abarcándola todo lo que podía. Atenué la marcha, ahora la miraba y la saboreaba nuevamente(todos estaban callados y mirándome). me estaba deleitando. Le bajé los pantalones y le dí la vuelta, hice que se tumbara en el sofá boca-abajo y comence a comerle el culo. Este Carlos estaba "rico" de verdad.
En fin. así estuve un rato, pues ni Carlos ni Diego parecía querer correrse. Podría apostar que tomaban algo para mantener la erección. Ya cansado un poco(así estuve unos veinte minutos)lo deje y todos comenzaron a aplaudir y felicitarme por ello(en el fondo si bien en un principio Esther me trató mal, ahora parecía contenta;ella sabría porqué).
Por otro lado pensaba que Carlos no era ese hombre idílio con el que toda mujer pensaba estar, como me dijo Esther. No, no era ese tipo de hombre, más bien parecía un profesional del sexo;uno de esos que se alquilan para estos menesteres. Y en tal caso, pensé, de qué se trata con esta reunión. No tuve más remedio que llegar a la conclusión de que todo estaba girando en torno a Diego. Esther habló de negocio.
Me fije en él y ahora, nuevamente Esther se la estaba chupando, al tiempo que le dijo a Carlos :"Carlos cariño comemé un poco el culo, quieres, preparamelo para después, para que puedas "clavarmenla mejor"¿vale?. En esto Carlos se levantó, dio otro sorbo a la copa y se puso de rodillas detrás de Esther haciendo lo que ella le pedía.
Si mis conjeturas parecían ciertas, ahora lo iban a ser mucho más, ya que Isabel, nuevamente con su polla de latex, se puso detrás de Carlos y tras darle saliba en el culo comenzó a introducirle aquella descomunal polla de plastico.
Efectivamente, Carlos, ese hombre, que realmente estaba buenisimo, era al mismo tiempo un "hombre para todo". Por tanto, debía concluir que al igual que yo, no le importaba que le dieran por el culo. No creo que hubiera sido distinto si quien se la introduce hubiera sido yo o el propio Diego. No era cierto lo que Esther me dijo en el dormitorio. ;Carlos no era el tipo de hombre que, en general, podría gustarle a ella. Aunque sexualmente era un "numero uno". Ya ven. ahí me tienen viéndolos a ellos después de que ellos me vieran a mí. Sin embargo, para mí, el mayor placer aún estaba por llegar.
Así, como estaban, los dejé, era mucho para mí ese comienzo. Decidí ir al dormitorio a descansar un poco, mientras tanto seguía con las bragas que Esther me dió, me gustaban, me sentía como una mujer ciertamente.
Dentro ya del dormitorio pase al cuarto de baño y me alivíe un poco con agua y me quité las bragas y desnudo ya, nuevamente en el dormitorio me senté en una butaca que se encontraba al lado de la cama. La persiana de la ventaja estaba a medio bajar, me levanté y la bajé un poco más, quería la penumbra para poder reflexionar sobre todo lo que me estaba pasando.
Así estuve una media hora, interín oía voces y risas provenientes del salón;se lo estaban pasando bien.
Casí me duermo, si no fuera porque Diego e Isabel entraron en el dormitorio y tras verme, como si no estuviera, Diego pasó al cuarto de baño e Isabel se tumbó en la cama boca-abajo. también parecía algo cansada, pero era joven.
Diego al salir, parecía como renovado, como si no hubiera estado dandoles gusto a Esther e Isabel antes en el salón. Es decir, no salió del cuarto de baño en la misma forma en que entró. (qué tomaría para estar tan empalmado)Cuando me fijé en su polla la tenía mejor que antes, ahora podía versela más de cerca y les digo que a cualquier mujer le hubiera gustado ocupar mi lugar en ese momento.
Me encontraba espectante, esperaba ver qué iba a ocurrir. Y lo que ocurrió fue que Isabel, al escuchar que Diego salía del baño se dio media vuelta y quedó sentada sobre la cama esperándolo.
Éste se acercó y se puso, de pie, delante de ella. Isabel con una mano comenzó, despacio, a tocarle suavemente los huevos y sin soltarlos, incluso apretando un poco, lo que permitió que el miembro subiera hacia arriba y bajando ella su cabeza se pudo meter esa atrayente polla en su boca. No se oía nada, algún ruido de fondo que parecía indicar que Esther y Carlos estaban hablando, pero nada más, lo que permitía escuchar el ruido que Isabel hacía mientras estaba mamándosela a Diego;éste me miró y yo, ya sin nada que ocultar lo mire a él sin bajar la cabeza. Sonrió y le dijo a Isabel si quería que la follara un poco a lo que ésta respondió dandose la vuelta y "a cuatro pies" se puso en una posicion que permitía a Diego darle por donde quisiera. Diego eligió, y acertó plenamente, en follarle el coño.
Yo estaba asombrado de cómo una polla así podía entrar en un coño(yo ya antes lo había probado)tan estrecho y como ella comenzaba a dar grititos, esos grititos de placer que se dan cuando algo es pleno y te llena completamente de lo que sea, en este caso, de placer. Si bien Diego era en un principio el que marcaba el ritmo con sus acometidas, poco a poco fue pausandolas y fue Isabel la que, sin querer que aquello terminara(se le veía la cara de guarra que tenía;una cara exhultante y llena de placer)era la que acabó moviéndose, era ella la que ahora marcaba el ritmo, el cuándo la polla de Diego iba a entrar en ella.
Yo estaba nuevamente empalmado y dandole algunos masajes a mi polla, que se me puso como nunca pensaría que llegara a ponerse:ahora podría decir que la tenía tan gorda como Carlos, aunque era Diego el verdadero"macho" que estaba en la casa. Cogí la polla de plástico que estaba sobre la mesilla y comencé a darle lametones e introducirla en mi boca. Mientras tanto Carlos se hechó en la cama, y Isabel se dirigió a mí y me dijo:¡Chocho! Ahora vas a ver como lo que te dije antes no era mentira, y acto seguido se metió el nabo de Diego por el culo, despacio pero hasta el fondo, y tenedido todo él dentro y sin sacarlo, comenzó como a girar sobre él y a gritar, sí, a gritar de placer. No lo sacaba de su culo parecía que quería que nunca se lo sacara de allí. En voz alta comenzó a decir:Diego, chulo, eres un chulo y voy a ser tu puta, te lo juro, que polla tienes hijo-puta. Eres un veradero macho sin necesidad de más adjetivos. Follamé así, que tu polla me reviente, sigue, sigue, sigue. . . . Gemía y gritaba. Desde luego no era para menos.
Y aquí llega el momento algido:Diego, que tenía los brazos extendidos sobre la cama, levantó uno de ellos e hizo un gesto para que me acercara. Me sorprendió, pero no quería decir no, pero tampoco quería acudir velozmente. Me levanté y poco a poco me acerqué a él. De pie al lado de la cama, el acerco un poco su brazo y me cogió la mano. se la llevó a la boca, con sorpresa para mí, y la beso. En ese momento ya no pude resistirme, quería comermelo y que fuese él el primero en darme polla por detrás.
Claro, Isabel se encontraba(en el quinto?, en el sexto orgasmo?)como les dije con toda su polla dentro de su culo, lo que indicaba que dicha polla no perdía fuerza en absoluto. de manera que la única forma de participar e ir sustituyendo a Isabel era comenzar besandole los huevos, más que besarlos comencé a chuparselos. Inmediatamente, y con sorpresa para mí, Isabel se sale y termina corriendo hacia el baño y vuelve con una toalla mojada con la que limpia la posible suciedad que Diego pudiera tener en su pene.
(esto me confirmaba que efectivamente todo giraba en la casa buscando el placer de Diego y este me estaba requiriendo, sorprendentemente, a mi ahora)
Isabel dijo que no podía más en ese momento y que nos dejaba solos, y salió de la habitación.
Diego me levantó de la postura que tenía, mientras le chupaba sus huevos me posicionó para que más comodamente pudiera hacerle una mamada. Eso fue precisamente lo que hice a continuación. Indudablemente esa polla era, no solo algo mayor y más dura que la de Carlos, sino con un sabor mas varonil, más seco y metalico que la de Carlos. Le dije:dame tiempo para saborearte y después hazme lo que quieras.
El se abrió de piernas y brazos y dejó que yo se la chupara. Aquél glande era delicioso, lo mordía con cuidado y lo lamía sacándole todo su sabor. Eran movimientos mecánicos que parecía que siempre los había dado, cuando realmente ese día fue para mí el primero. Me la introducía todo lo que podía, me llagaba a la garganta y me daba la sensación de que iba a vomitar pero lo cierto es que no era así sino que al tenerla toda en la boca y llegarme hasta la campanilla esa era la sensación que daba. Después de unos minutos de estas así, mamando como una puta experta, me dí cuenta de que el orificio de mí culo estaba completamente abierto. Mientras seguía con mi "trabajo", llevé una de mis manos hacia ese orificio y con facilidad pude introducirme un dedo, y otro, pude introducirme dos dedos que entraban y salían con suavidad.
Le dije a Diego que me disculpara que iba un momento al baño y enseguida volvía. Él no dijo nada y yo me levanté y fui al baño, donde me lavé bien el sitio, el único sitio, por donde quería que Diego me "hiciera mujer". Volví, antes de salir, a ponerme las bragas de Esther y ya con ellas puestas salí de nuevo dirigiendome hacia la cama. Era extraño pero no había oido hablar a Diego desde que llegó a casa. Se limitaba a hablar con los ojos.
Cuando llegué al pie de la cama me agaché para besar su torso. un torso belludo y delicioso que desprendía un olor a colonia que hacía, junto con el olor de su polla, que me extasiara.
Di la vuelta a la cama y me tumbé dándole la espalda. Diego comenzó a pasar su mano por mis muslos y por la parte de mis gluteos introduciendo su mano entre las bragas para abarcar todo el gluteo que estaba magreando. Yo estaba sintiendo lo que nunca hubiera podido imaginar. Era una sensación nueva, femenina completamente, de indefensión, y tenía a un macho que en pocos segundo iba a meter su polla hasta el fondo de mi culo, iba a hacer conmiigo lo que quisiera. Lo deseaba, lo esperaba, estaba ansioso porque me quitara las bragas y me la metiera.
Eso fue precisamente lo que hizo, me las bajó y con mi ayuda desaparecieron de nuestra vista.
Acto seguido paso su mano derecha sobre mi garganta y se acercó a mí dándome pequeños empujones, con su cuerpo y con su polla. La notaba caliente, ardiendo más bien. Yo volví el brazo hacia atrás y llevé mi mano derecha hacia su polla, la masajeé y la dirigí hacia el culo. desde luego me planteaba cómo iba a conseguir introducírmela con aquél diámetro que tenía.
Me acordé de la crema de Isabel que estaba sobre la mesilla y facilmente acerqué la mano izquierda y cogí el bote que la contenía. Pase el bote a Diego y este lo cogió, lo abrió y se untó dos dedos con aquella especie de baselina. A continuación los bajó y me restregó la crema por el orificio la tiempo que poco a poco iba introduciendolos. Como sea que sus dedos estaban impregnados de lubricante entraban con facilidad.
Por primera vez me habló:¿te gusta?. A lo que le respondí que inmensamente. Que hacía tiempo y en secreto, esperaba una situación como aquella, pero que lo que no sabía era la buena suerte que iba a tener.
Saco los dedos y agarró su polla y comenzó a metérmela, poco a poco, despacio, con suavidad y sin darme cuenta la tenía completamente dentro, no me dolía. Senti gusto, mucho gusto. La notaba toda, cada centrimetro de ella. Me agarró por la cintura y apretaba. Le gustaba darme por el culo, era evidente, le gustaba introducir su polla por aquél orifico estrecho que le daba placer;segunro que más que el coño de Esther. En fin, Diego me folló de lo lindo durante una media hora. Indudablemente tomaba algo, pues no era normal mantener una erección durante tanto tiempo y sin correrse.
Al final conseguí que eyaculara después de ir al baño trayendo una toalla con agua caliente y limpiarle sus partes, que una vez limpias comencé, a modo de agradecimiento, a chupar y a chupar con tanta maestria que no tardó en expulsar su semen. Un semen copioso y denso que me llenó la boca por completo.
En fin, hasta aquí boy a contarles hoy. Probablemente en otra ocasión, si me apetece, volveré a decirles cómo continuó mi vida en este aspecto. En este aspecto sexual que tantos quebraderos de cabeza suele dar a las personas durante su periodo sexual.
Un saludo para todos de Amador
Aparte de su aspecto físico, tiene un carácter tremendo, casi masculino. Tengo que darles un dato, y es que ella es la que trabaja;yo no lo hago y me dedico a las "tareas del hogar", es decir, estoy "parao". En esta situación llevo los cinco años de matrimonio, aunque realizo algunos trabajos de pasante en un bufete de Notario.
Ella, mi mujer, con el paso del tiempo se ha ido acostumbrando a plantear las cosas en forma de órdenes. A imponérmelo todo porque sí. La verdad es que me encuentro cómodo cumpliendo sus "mandatos" que, a medida que pasa el tiempo, son cada vez más groseros y despectivos, aunque no siempre, pues también tiene momentos de dulzura y cariño hacia mí. Probablemente ese comportamiento generalizado venga determinado, primero, por su situación preponderante, y segundo porque sexualmente ella es la que domina.
Yo me dejo hacer, es decir, cumplo lo que me dice. Voy a ponerles un ejemplo desde este punto de vista sexual y así sabrán como es la relación que mantenemos, aunque no sé como comenzar, ni tampoco como calificar este relato cuando quiera catalogarlo al presentarlo a esa página web.
Yo, no sé si porque desde los 14 años he tratado con muchas mujeres, debido al trabajo que tenía o porqué, pero lo cierto es que tengo que admitir que soy, en la actualidad, un hombre debil mentalmente para algunas cosas, y ésta del sexo es una de ellas;como decía, estoy alcanzando un punto en el que cada vez más pienso en hombres. Pienso en ellos pero no en su personalidad;es decir no me gustaría conocelerlos personalmente, las imágenes que tengo son de sus pollas;grandes pollas con grandes capullos que me introduzco en la boca y lamo con suavidad, tranquilidad y deleite;con tiempo. Así, voy pasando de uno a otro(no les veo la cara, no los conozco)cuerpo;unos más morenos, belludos y otros más cetrinos llegando a rubios con inmensas pollas gruesas y blancas que terminan en un rosado glande.
En fin, estas visiones las tengo cuando estoy caliente, en casa, sólo y llegado un momento tengo que masturbarme para quedarme satisfecho. Lo que pasa después, en mi análisis, es que compruebo que no me arrepiento, que me atrae la idea.
Llegé a un momento tal en que un día, de verano, estando con Esther en la cama, a esa hora que llaman de la "siesta", noto como ella se coloca detrás de mí y comienza a empujarme y a susurrarme que si me gustaba como entrataba y salía su polla. En un primer momento, estrañado me volví y le dije que qué estaba haciendo, que qué pretendía. Ella contestó que me callara(pero esta vez no era una orden, sino más bien susurraba)y que sientiera su caliente coño en mí culo y le dijera que si me gustaba, pero que no contestara en seguida, que esperara un poco. Asi de esa forma continuó, "entrando y saliendo", apretanto su bulba contra mí. No supe como reaccionar, al mismo tiempo pensé que cómo sabía ella que me gustaba esto. ¿Me habría visto en algún momento cuando yo creía que estaba sólo?;¿sería que esas cosas se notan(que no lo creo)en cualquier hombre con estas particularidades?.
En fin lo cierto es que después de pensar, en ese instante, esas cosas y más, pasé a concentrarme en el calorcillo que sus envestidas dejaban en mi cada vez que apretaba, llegando un momento en que no pude más, inmediatamente me puse a buscar el compás con ella y en ese momento se me escapó un "follame". Momento en el que dijo:¡lo sabía! te gustan las pollas(siguió susurrando). Eres afeminado.
Sabía que si te hacía esto cederías y te abrirías como una putita, que es lo que eres, maricón, guarra, puerca, y caerías derrotado ante mí.
Amador(ese soy yo), me dijo:ahora no solo trabajo para la casa sino que soy el macho de ella. Voy a ser tu "hombre" y eso se va a traducir en que vas a tener que cumplir con todos mís deseos.
Esto lo decía mientras seguía apretando y aflojando y yo al mismo ritmo y diciendo cosas como:te gusta?, cuantos tios te han follado?, a cuantos se la has mamado putilla?, ¿te han dado ya por el culo, mariquita?, te gustan eh? Y cosas así. ;entonces pasó su mano sobre mí cintura y agarró mi pene y me masturbó. . . la corrida fue inmediata y pletorica.
Al terminar, los dos boca arriba y pasado el calor de la contienda(ella follaba realmente como un hombre)
comenzo a insultarme y a decir lo desgraciada que era por haberse casado con un hombre al que le gustan las pollas, con un perfecto maricón. Yo estaba sin habla, no podía articular palabra, era lógico, acababa de ser descubierto. Estaba completamente a su merced.
Hubo un silencio relativamente largo del cual resultó lo siguiente:
Mira Amador a partir de ahora voy a traer a casa a quien yo quiera, lo digo para que sepas que si un día aparezco con un hombre no te asustes, guapa, ní te asustes si me ves que traigo a una mujer;también me gustan y mucho.
Aquello que pasó entre nosotros me dejó terriblemente triste por un lado, pero por otro tengo que decir que relajado y satisfecho por haber actuado como lo hice.
De todas formas también pensé que lo de ser "maricón" como ella decía no era del todo cierto, porque cuando estaba en casa la chica de la limpieza, que venía los sabados, y a la que Esther llama la "criada", era indudable que me la ponía dura.
Isabel, la chica cumplidora de su trabajo, ciertamente, es, lo que se suele decir para describir a una verdadera mujer:"una hembra". Una, no vella, sino "hermosa" y guapa mujer. Hermosura que sin embargo debía descubrir bajo su delantal y su ropa, pues no se trata de una chica fríbola, aunque tampoco denotaba que fuese recatada.
Así las cosas, decidí, para compensarme a mí mismo, "atacar" a Isabel, lo decidí(se perfectamente que se trataba de una necesidad inconsciente de equilibrar lo vivido con mi mujer)y lo hice.
El sabado siguiente como suele hacer Isabel al llegar a casa a las diez de la mañana y colgar su abrigo, me dí cuenta de que no iba como siempre(es decir vestida de pantalón y con el mandilón puesto), no, inauditamente se encontraba únicamente con el mandilón. Era extraño, no entendía porqué. Lo cierto es que me preparó el desayuno y me lo sirvió en el salón(Esther no estaba en ese momento), en el que yo estaba leyendo la prensa del día. Cuando había tomado la mitad, aproximadamente, entró con los trapos de limpieza y el quita-polvo junto con la pequeña escalera que permite acceder al techo para limiparlo.
Estaba rara, no porque la expresión de su cara fuese distinta, que no lo estaba, sino por que actuaba más desenvuelta, como sabiendo que tenía el mando de la situación, o al menos eso fue lo que noté.
Ciertamente(déspues sabrán porqué)desenvuelta y agil en lo que estaba haciendo, se puso en un lugar estratégico que me permitía verla aunque debía volver algo la cabeza para ello. Acto seguido se subió a la escalera, al peldaño sexto, al más alto, y comenzó a limpiar(todo esto los dos en silencio en un ambiente que comenzaba a notar ya algo cortante)y de pronto oigo un ruido como de algo que se cae y vuelvo a oir y es Isabel que dice: ¡vaya! se me ha caido el quita-polvo. Inmediatamente me levanto y lo recojo, y al elevar la cabeza dí de bruces con unas pierna deliciosas que van ascendiendo hasta acabar en un amelocotonado culo en el que ambos gluteo se encuentran unidos "pretamente", con la fuerza que da la juventud de la carne nueva.
Ella, miró sonriendo hacia mí viendo que yo la estaba mirando;le estaba mirando el culo por debajo del mandilón y era un bello culo que no llevaba bragas. Ese momento en el que las miradas se cruzan(en esa posición que ella tenía y en la que tenía yo)nos dijimos que sí, que ibamos a follar seguramente. Me estaba diciendo con la mirada y con su sonrisa porqué no llevaba las bragas puestas. No lo pensé más y me atreví a introducir mí mano, pero no muy alto, sino algo por encima de la rodilla y allí la dejé posada;noté que se ponía un poquitín, no nerviosa, pero sí impaciente. Era el momento exacto para continuar o desistir, y actué, conocía perfectamente a las mujeres ;había estado con muchas en mí juventud y ahora era yo el que era el mayor y la joven ella. Sabía que la iba a hacer gozar, pero por experiencia también sabía que debía hacerlo despacio, lentamente y sin que el celo del momento hiciera que perdiera el control de la partida que ivamos a comenzar.
Inmediatamente introduje la otra mano a la misma altura que tenía la derecha y con las dos al mismo paso le subí el mandilón para arriba al tiempo que introducía mi lengua por la raja de su culo separándole ambos gluteos. Mi lengua, lentamente, iba saboreando cada centimetro de su piel y apretó cuando llegó al orificio deseado;un orificio pequeño y marrón que parecía que por sí mismo tenía vida;se resistía a aflojarse, pero yo lo conseguiría. Efectivamente, poco a poco parece que a ella le daba placer lo que suevemente le estaba haciendo;no se movía de la posición que mantenía en la escalera. Hice que bajara un peldaño para poder introducirle aún más mí lengua, ella solícita bajó abriendo ahora mucho más sus piernas. Conseguí aflojarlo e introducir toda mí lengua en él(me la estaba follando con la lengua).
Lógicamente me empalmé enseguida(lo que corroboraba que no era tan maricón como Esther decía)y mí polla se salió del calzoncillo y traspasó la abertura de la bata de algodón azul marino que llevaba puesta, momento en el que la dulce Isabel volvió la cabeza hacía mí y la vió ahí(si tuviera que describir mi polla diría que es una de esas pollas no delgadas pero tampoco exageradas;eso sí el capullo que tengo es un capullo bello y hermoso que bien podría haber sido el final de otra polla más grande y que bien aprovechado daría gusto a cualquier mujer)fuera del albornoz y temblerosa aunque iniesta y desafiante.
Sin embargo ella se dejaba hacer, no se bajó de la escalera hasta que se lo dije.
Pasado ese momento de excitación inicial nos detuvimos y nos miramos y ella, tomando la iniciativa, me besó en los labios.
Sabía que no debía acelerarme, debía tener el control pleno si quería que Isabel fuese testigo de mi "varonilidad". Saqué sus pechos por encima de su sostén(que pechos "Dios mio")eran unos pechos rosados y duros, puntiagudos sus pezones y tersos como ningunos otros. Que puedo decirles en este momento(el mundo podía acabarse, o mejor detenerse). No sé porqué pero al instante de saborearlos me quitó de ellos y me pregunto que qué quería si sentarme o que fuesemos a la cama. Le contesté que a la cama de matrimonio(sabía que eso le iba a dar morbo)a lo que en principio puso reparos obligados, pero leves.
Ella fue al cuarto de baño y cogió unas toallas y yo me acoste excitado en la cama, boca arriba, esperándola. Vino desnuda y se paseo por la habitación mirándose en el espejo al tiempo que adoptaba poses excitantes para mí. Acudió después a la cama, como una niña cuando va a recoger su muñeca, y se detuvo mirandome la polla. Me dijo que estaba bien, que le gustaba(pero yo denoté que no era así exactamente y pensé porqué estaba allí, porque coincidentemente en el tiempo con lo ocurrido con mi mujer, estaba allí Isabel;no lo entendía:de momento).
Lo cierto es que a pesar de ese presentimiento, Isabel supo darme el placer que yo(pues también en mis fantasias soñé con ella)esperaba. Comenzo dándome besos en el capullo para poco a poco ir tragandosela;la levantaba, la besaba se la introducía y lamía mis huevos. En ese momento me extraño que me dijera que quería comerme el culo;que ella sabía que daba mucho placer a los hombres. Ahí comenzo(probablemente sin fundamento en ese momento)mi mosqueo, el cual hacía que en cierta medida me retrayera. Accedí a ello y lo cierto es que me dio una comida de culo que llegado un momento lo que verdaderamente queria era que una buena polla me estuviese penetrando.
Esta situación hizo que(con idea femenina)me quisierá vengar(lógicamente ella no estaba al tanto de mis pensamientos). Le dije, mira Isabel no sé si alguien por ahí te habrá dado por el culo o no, pero cariño, yo te lo voy a follar de todas todas. Sin más ella se volvío y desde la cama, levantó la toalla del suelo y subió un tarro de crema y cuando me lo enseño dijo:esto sirve para que las pollas como la tuya y mayores aún penetren a todo aquél que desee ser penetrado. (nuevo mosqueo:"penetren a todo aquél":por tanto a mí también, "que dese ser penetrado"). Lo que escuché lo guarde en mí memoria por si acaso.
En fin, volvió Isabel a lo suyo, a lo que había dejado a medias:siguió comiendome el culo y paso a mi polla mamándomela hasta que supo que estaba preparada para que se la metiese.
Eso hice, se la introduje suavemente, pero quería hacerle daño(aunque no fuese por su culpa)por las palabras que dijo, por esa coincidencia que empezaba a no parecerme tal y que si bien en otro momento no hubieran sido significativas, ahora para mí sí lo eran. Por tanto, quise hacerle daño y se lo hice:le dí varias envestidas con tal fuerza que comenzo a sangrar levemente. Me detuve y se lo dije, pero ella no quiso que parase, me conminó a seguir, a penetrarla, llegando en un momento dado, y teniéndola toda dentro, me confiesa que lo que yo le estaba metiendo y sin ánimo de ofender no era nada para lo que ella se introducía en su delicioso culo;que estaba acostumbrada a pollas de más calibre que el mio(ahora parecía que algo vengativa si estaba;se parecía algo a Esther).
En ese momento se me aflojó. Sencillamente al oir lo que dijo se me aflojó y se la saque.
Para qué hice eso, cogió un enfado tal que se le escapó la verdad sin querer. Ahora iba a saber yo porqué estaba Isabel precisamente en la cama conmigo ese día, ese sabado en concreto y no otro;porque miradas de deseo habíamos tenido casi todos los sabados que venía a casa.
Comenzó preguntándome si no estaba extrañado de lo que había pasado, a lo que conteste que sí que siempre la había visto con pantalones debajo del mandilón y le confesé que me costaba algo más imaginarla desnuda cuando me masturbaba pensando en ella.
¿ Saben que contesto? ¿y que me dejó sorprendido?:¡qué mariconazo eres pensando en mí y meneándotela a mi costa!. ¿mariconazo?, ¿porqué? No es lógico que un hombre piense en una mujer como tú, maxime si únicamente la ve un dia a la semana?. A esto ella contestó:sí, pero eso será un hombre y no un mariquita como tú(me dejó helado, sin saber porqué inmediatamente relacioné a Isabel con mi mujer. ). Continuó y dijo:¿sabes porqué estoy aquí?. A lo que le respondí que no, que no lo sabía.
Bueno veras Amador, dijo, tú mujer, de la que soy una de sus amantes y digo una porque no sólo son mujeres sino también algunos buenos ejemplares("machos", dijo machos), me ha dicho que tú, su marido erás maricón, y como a mí siempre me habías gustado no me lo creía. Pero cuando se te ha aflojado he comprendido que efectivamente lo eres y punto. (se puso chula, ¿porqué?, pues realmente si se me aflojó fue porque dijo que estaba acostumbrada a otras pollas mas gordas).
Además, continuó, pienso que a todos los hombres a los que les gusta dar por el culo a las mujeres acaban de una u otra manera siendo lo que tú:maricones que desean que les den a ellos una buena ración de polla otros que muy probablemente acaben a su vez siendo maricones igualmente, por mucho que en ese momento lo desconozcan. Pero no te aflijas porque afeminados que les guste hacer una buena mamada hay miles. Cada día más, por eso tu mujer te probó y acertó:¡Bingo, Amador es maricón perdido!
No supe que decir, tenía mil preguntas en la cabeza y no podía hacer ninguna.
En ese momento oí que la puerta principal de la casa se abría y que entraban varias personas, al menos dos, ya que se oían varias voces distintas. Miré a Isabel y ví que se reía, me dijo Amador es tú mujer con un hombre al que no conoces pero que vas a conocer y probablemente, según lo que decida la señora, que me lo dijo, podrás chuparsela, aunque en este punto no me hagas mucho caso. Lo que si es cierto que vas a presenciar como uno que actualmente es macho, y desde luego con una polla que te va a sorprender, nos folla a las dos y probablemente a ti también.
No nos movimos de la cama, entró Esther y riendo, con una sonrisa que si la conoces sabes que al mismo tiempo es sensura, dijo:Hola Amadorcín, ¿qué pasa, me has puesto los cuernos con Isabel?, ¿Le has dado buena polla a la mamona de Isabelita?. (y de pronto dijo:)Isabel, ven aquí ahora mismo, guarra, que quiero mitrarte a la cara para saber como está mi amor a la que tanto adoro. ¿no te habrá comido mi coñito, no?
No, no, respondió Isabel, bueno en tal caso ve al cuarto de baño y ponte esta ropa que he comprado para ti para este momento tan esperado por mí(dijo Esther)y que podrás usar en todas las reuniones que tengamos. Mientras tanto yo estaba callado, sin fuerza, a la espectativa de lo que allí se estaba cociendo. Sabía que no estabamos sólos, que había un desconocido en otra parte de la casa y al que yo no conocía y que por un lado no quería conocer pero por otro lo estaba deseando.
Inmediatamente me vino un pensamiento a la cabeza que me decía, ¡sueltate y expresa tus verdaderos sentimientos!¿pero cuales erán?(eran realmente afeminado y me gustaban los hombres o no?;pronto iba a saberlo).
Esther se dirigió a mí a continuación y me dijo que me vistiese que quería presentarme a un hombre, que como me adelantó en su momento, los traería a casa cuando ella quisiese.
Rápido maricón(primer latigazo)que no tenemos todo el día, dijo. Aquél "maricón" fue el detonante para que yo diese un giro mental y me posicionará, sino definitivamente, si en aquel momento en el papel de un verdadero efeminado el cual paso de estar cohibido a tener una actitud complaciente de todos los deseos y requerimientos que pudieran hacerle(ya estaba chupandole la polla a aquel desconocido sin aún conocerlo ni haberlo visto nunca;me dabo mucho morbo).
Cuando estaba vestido con pantalón y camisa, sin darme tiempo a ponerme el jersey Esther, casi gritando, dijo no, no, Amadorcita, así no te vistas, te vas a poner(dijo acercandose a mí y comenzando a hablar más bajo)unas bragas mías que en tu honor acabo de comprar. Saco de una bolsa unas preciosas bragas de encaje y nylon con ribetes azules(ella sabe que me gusta el azul)y me las alargo mirándome y dicendo:anda¡ no te cortes que va a ser tú estreno. Hoy vas, por primera vez, ¿supongo, no?, a saber que se siente teniendo una verdadera polla en el culito y así sabrás el placer que puedes llegar a tener en esa circunstancia en la que te la meten como tú se la has metido a Isabel(¿cómo lo sabía?).
Ah, Amador el hombre que está ahí fuera se llama Diego y es un señor que te va a gustar. Te diré que si sale bien haremos un buen negocio del que tu, como mi esposo, ¿puedo decir esposa?, saldrás beneficiado.
Te adelanto que le gustan mucho las mujeres pero se encuentra en una edad en que comienzan a gustarle los hombres igualmente, de manera que en vez de buscarle otro hombre he preferido buscarle una maricona fácil como tu para que no se incomode demasiado con esa experiencia. ¿vale?. A ello le respondí(ya siendo todo hembra)que sí que lo que ella quisiera.
Bueno, puta, me dijo, te vas ir a la cocina, así como estas:en bragas, en plan esclava, y vas a ir preparando unos cocteles para los cinco. ¿para los cinco, dije?. Si para los cinco, porque también he traido a lo que llaman en los barrios bajos a "mí chulo", al macho que debería haber tenido en tu lugar, el que de verdad me da placer. Pero a ese no pienses que podrás tocarlo si yo no lo digo.
Con miedo fui despacio a la cocina mientras oía una conversación a lo lejos, al parecer de los que Esther había traído a casa. Estuve preparando las bebidas unos quince minutos y cuando estaba terminando apareció Isabel diciendo:putita dice tu mujer que te des prisa que necesita calentar a los invitados ahora.
Le dije :Isabel estoy cortado y me dá vergüenza acudir al salón.
A ello respondió que no me cortara que los hombres se habían quitado la camisa, por el calor, y que no habría problema, que solo sentiria lo que me gusta ser, una puta que espera por primera vez tener un buen nabo en su boquita, que iba a pasar a formar parte del club de las mamonas de forma irremediable y que todo eso ocurría por ser como soy:por tener y ser un culito inquieto. Era verdad.
En fin cogí la bandeja y entré en el salón. Allí en ambos sofás se encontraban ellos sentados uno frente al otro hablando y cuando entré, aunque veían que me encontraba en bragas, se levantaron y me saludaron con toda normalidad como si tuviese puestos los pantalones igual que ellos.
Puse las bebidas en la mesa y me retiré a la cocina, pero cuando salía del salón llegaba Esther. Se había quitado la ropa anterior y venía con un camisón trasparente debajo del cual llebaba unas bragas también trasparente y el sujetador igual. Me dijo, pasa no te vayas a la cocina y ven al salón que nos bebamos esos maravillosos cocteles que has preparado, esto lo decía mientras hacía su entrada en el salón;yo la seguí y me senté en una esquina del sofá más grande en el que en la otra esquina se encontraba el que posiblemente, deduje, sería el señor del que me había hablado antes, Diego.
Me dí cuenta que Isabel no estaba, estaba en el dormitorio y no sé porqué no estaba allí. Lo supe pronto.
La conversación era intrascendente, todos bebían con transquilidad, incluso yo, maxime en la situación que estaba.
Pero todo comenzó a dar un giro cuando Isabel entró, y de esa instrascendencia se paso, casi de forma violenta, por la visión que estaba dando Isabel, a otra de puro masoquismo visual y de palabra. Fue un cambio radical, diría.
Me explico, Isabel venía con un cinturón de esos que cuando se colocan permiten que una polla de plastico que lleva sujeta quede en la posición que cualquier hombre tiene cuando está empalmado. Era una muy buena copia, seguramente de un buen follador. Comenzó, despacio, a pasearse por el salón mientras los demás enpezaban a sonreir. Lentamente su fue acercando a nosotros y con aquella polla que parecía de verdad llegó hasta Esther a la que le dijo:Señora ojalá tuviera usted una como esta para que yo pudiera chuparsela todos los sabados y me diese placer.
Esther, riendo, dio un sorbo a la copa y bebió y acto seguido dijo:no necesito tenerla de verdad porque de verdad ya tengo la de Carlos. Carlos, dijo sacatelá por favor para que Isabel vea que es muy similar la que ella tiene a la tuya. Dicho y hecho, Carlos comenzo a desabrocharse el pantalón(estaba ya empalmado)e introduciendo su varonil mano por la bragueta se la sacó fuera. Yo nuca ví polla semejante:estaba dura como una piedra, era larga y gorda de un color setrino que hace que inmediatamente te atraiga, lo que hizo que todos los presentes desearamos en ese momento contemplarla con admiración y con tiempo suficiente. El tal Carlos era un hombre varonil, con bello en los brazos y fuertote. Era guapo, pero de una guapura deseable. No el guapo afeminado. Diego, parecía nervioso y de ello Esther se dio cuenta e inmediatamente se levantó y fue hacia Isabel a la que seguramente dijo que atendiera a Diego.
Con sorpresa para mí, y delante de todos, Esther en voz alta se dirigió a mí diciendo:Oye, tú, Amador, putita vuelve a preparar otras bebidas y ven pronto que alguíen quiere que se la mames. Al oir eso mi respiración se entrecortaba, no podía respirar y quería salir del salón a toda prisa.
Mientras recogía las copas ví como Isabel ya estaba de rodillas ante Diego que seguía sentado en el sofá y le desabrochaba la cremallera del pantalón. Me dio tiempo e versela, y puedo jurar que me gusto, me gustó mucho aquella polla, más que la de Carlos. No sé, era distinta y junto con su cuerpo, el de un hombre de unos cuarenta y nueve o cincuenta años, que muy probablemente tomara algún extimulante, me excito más que el otro. Pensé que ya tendría tiempo de probarla, pero antes que yo la cerda de Isabel la cataría primero. Efectivamente Isabel, sentada en la alfombra, estiró las piernas y entre las de Diego comenzó a besarle los huevos que eran ciertamente gordos, como puños. El tal Diego estaba buenísimo:sin camisa ofrecía un pecho belludo deseable cien por cien.
Caundo estaba preparando las bebidas oí que Isabel me llamó:!maricona¡(eso hizo que se me abriera el culo, me gustó ese trato en aquel momento)ven aquí que tengo una cosa para ti:A lo que contesté:ahora cuando acabe. E inmediatamente oí la voz de Esther:Amador ¡ven inmediatamente aquí¡, se oyó.
Lo deje todo y acudí viendo como Diego estaba de pie con los pantalones de seda gris bajados e Isabel de rrodillas se la mamaba. Diego le sujetaba con la mano la mata de pelo que le caía a Isabel por los hombros. Se veía que la muy puta estaba disfrutando de aquella deliciosa polla que ahora brillaba cuando podía verse en toda su plenitud. Diego me miraba y parecía decir:mira que mamada me están haciendo.
Yo, aparte la mía de él y fui al otro sofá desde el que Esther me había llamado.
De forma soez Esther me preguntó, oye maricón, dile a Carlos desde cuando te gustan los nabos, putita.
Que bien te quedan esas bragitas, ¿verdad?, ¿te gustas con ellas puestas?, ¿te sientes comoda?, ¿a que sí?, Mira Carlos, Amador se ha empalmado cuando ha visto la polla de Diego. Inmediatamente Diego me miró y yo agaché la cabeza. No te cortes guarra, me dijo, no te acuerda del otro día cuando te estuve dando por el culo en la cama, parecía que sentías como si te estuviera metiendo una polla de verdad. El culo lo tenías abierto y sudoroso. Por el cabía un bate de beisbol.
A continuación, sin esperarlo lo más minimo(parecía que tenía ordenes dadas)Isabel vino hacia mí, me bajó las bragas y comenzó a chuparmela, al tiempo que Esther me decía:ves que polla más pequeñita tienes, la propia de una maricona. Por que tu eres una maricona ¿no?(pregunto mi mujer)e insistió nuevamente con la misma pregunta a lo que le respondí, por fin:SÍ me gustan los hombres pero no he estado con ninguno. Confieso que me gustaría probarlo. A lo que respondió Esther, si eres buena lo probarás. Por eso cuando traigas las bebidas que has dejado sin terminar en la cocina ya veremos. Anda¡ corre y cuanto menos tardes antes podrás saborear la polla de Carlos(me quedé sorprendido, qué pretendía), Carlos no parecía enfadado, como si estuviera acostumbrado a ello, cosa que contradecía lo dicho por Esther en el dormitorio.
Cuando entré, nueva sorpresa, ahora Esther, junto Isabel, las dos al unisono deban buena cuenta del miembro de Diego y éste comenzó a quitarle las bragas a Esther, y cuando se las hubo quitado del todo la levantó, (el volvió a sentarse)le dio la vuelta y la sentó sobre su polla que, poco a poco se iba introduciendo en su coño. Vista así, Esther estaba inmensamente deseable. Me miraba y parecía decirme:mira como un hombre de verdad me da placer.
Dejé la bandeja nuevamente en la mesa. Ya no podía más y si bien quería que me dieron por el culo y mamar las pollas de ambos, en aquél preciso momento lo que más me atraía era el coño de Isabel. Un coño rasurado, no muy grande y probablemente con un buen sabor. A él acudí y no fui rechazado. Verdaderamente aquella Isabel era hermosa(pense en la relación entre ambas y creo que a la larga sería Isabel la dominante entre ellas).
Diego no se cansaba, seguro que tomó algo para poder estar en forma. Esther comenzaba a gemir placenteramente, una y otra vez, cuando la tenía introducida del todo. Ahora me daba cuenta que era imposible que esa mujer gozara conmigo. Ahora comprendo que a las mujeres les va más un gran miembro que uno que no lo sea, por mucho morbo que el sujeto en cuestión pueda darles. (donde se ponga un pollón que se quiten medianias).
Por fin pude penetrar a Isabel como tantas veces lo hice en pensamiento. Pero era mejor, su coño muy caliente me daba gusto, mi polla rozaba toda su pared interior, parecía que nunca se la habían follado.
Acto seguido Esther levanto su cabeza y salió de Diego para decir¡Atención todos!(a lo que todos respondieron)ahora se va a estrenar, la declarada nueva maricona oficial de la casa como mamona. Y le pido a Carlos que fuese paciente conmigo "porque es novata en esto", aunque yo sé que en sueños a chupado varios cientos de nabos de los hombres más increibles que puedan existir.
Ven aquí, dijo, ven y comienza tu andadura femenina, huele a un macho, quedaté con su olor y sabor y nunca más volverás a ser hombre. Inicialmente me hallaba cohibido, no por la situación sino por las miradas de los demás(me hubiera gustado más con Diego y a solas, la verdad).
Yo reaccioné como que se me pedía, como se esperaba de una maricona loca. Fui hacia Carlos y me arrodillé entre sus piernas, agarre su polla y sin pensarlo dos veces me la introduje en la boca. Era verdaderamente gruesa. Tenía un sabor metálico que me gustó. Inmediatamente, si me quedaba algo de hombre se terminó ahí. Que rica estaba, mi boca se introducía en ella abarcándola todo lo que podía. Atenué la marcha, ahora la miraba y la saboreaba nuevamente(todos estaban callados y mirándome). me estaba deleitando. Le bajé los pantalones y le dí la vuelta, hice que se tumbara en el sofá boca-abajo y comence a comerle el culo. Este Carlos estaba "rico" de verdad.
En fin. así estuve un rato, pues ni Carlos ni Diego parecía querer correrse. Podría apostar que tomaban algo para mantener la erección. Ya cansado un poco(así estuve unos veinte minutos)lo deje y todos comenzaron a aplaudir y felicitarme por ello(en el fondo si bien en un principio Esther me trató mal, ahora parecía contenta;ella sabría porqué).
Por otro lado pensaba que Carlos no era ese hombre idílio con el que toda mujer pensaba estar, como me dijo Esther. No, no era ese tipo de hombre, más bien parecía un profesional del sexo;uno de esos que se alquilan para estos menesteres. Y en tal caso, pensé, de qué se trata con esta reunión. No tuve más remedio que llegar a la conclusión de que todo estaba girando en torno a Diego. Esther habló de negocio.
Me fije en él y ahora, nuevamente Esther se la estaba chupando, al tiempo que le dijo a Carlos :"Carlos cariño comemé un poco el culo, quieres, preparamelo para después, para que puedas "clavarmenla mejor"¿vale?. En esto Carlos se levantó, dio otro sorbo a la copa y se puso de rodillas detrás de Esther haciendo lo que ella le pedía.
Si mis conjeturas parecían ciertas, ahora lo iban a ser mucho más, ya que Isabel, nuevamente con su polla de latex, se puso detrás de Carlos y tras darle saliba en el culo comenzó a introducirle aquella descomunal polla de plastico.
Efectivamente, Carlos, ese hombre, que realmente estaba buenisimo, era al mismo tiempo un "hombre para todo". Por tanto, debía concluir que al igual que yo, no le importaba que le dieran por el culo. No creo que hubiera sido distinto si quien se la introduce hubiera sido yo o el propio Diego. No era cierto lo que Esther me dijo en el dormitorio. ;Carlos no era el tipo de hombre que, en general, podría gustarle a ella. Aunque sexualmente era un "numero uno". Ya ven. ahí me tienen viéndolos a ellos después de que ellos me vieran a mí. Sin embargo, para mí, el mayor placer aún estaba por llegar.
Así, como estaban, los dejé, era mucho para mí ese comienzo. Decidí ir al dormitorio a descansar un poco, mientras tanto seguía con las bragas que Esther me dió, me gustaban, me sentía como una mujer ciertamente.
Dentro ya del dormitorio pase al cuarto de baño y me alivíe un poco con agua y me quité las bragas y desnudo ya, nuevamente en el dormitorio me senté en una butaca que se encontraba al lado de la cama. La persiana de la ventaja estaba a medio bajar, me levanté y la bajé un poco más, quería la penumbra para poder reflexionar sobre todo lo que me estaba pasando.
Así estuve una media hora, interín oía voces y risas provenientes del salón;se lo estaban pasando bien.
Casí me duermo, si no fuera porque Diego e Isabel entraron en el dormitorio y tras verme, como si no estuviera, Diego pasó al cuarto de baño e Isabel se tumbó en la cama boca-abajo. también parecía algo cansada, pero era joven.
Diego al salir, parecía como renovado, como si no hubiera estado dandoles gusto a Esther e Isabel antes en el salón. Es decir, no salió del cuarto de baño en la misma forma en que entró. (qué tomaría para estar tan empalmado)Cuando me fijé en su polla la tenía mejor que antes, ahora podía versela más de cerca y les digo que a cualquier mujer le hubiera gustado ocupar mi lugar en ese momento.
Me encontraba espectante, esperaba ver qué iba a ocurrir. Y lo que ocurrió fue que Isabel, al escuchar que Diego salía del baño se dio media vuelta y quedó sentada sobre la cama esperándolo.
Éste se acercó y se puso, de pie, delante de ella. Isabel con una mano comenzó, despacio, a tocarle suavemente los huevos y sin soltarlos, incluso apretando un poco, lo que permitió que el miembro subiera hacia arriba y bajando ella su cabeza se pudo meter esa atrayente polla en su boca. No se oía nada, algún ruido de fondo que parecía indicar que Esther y Carlos estaban hablando, pero nada más, lo que permitía escuchar el ruido que Isabel hacía mientras estaba mamándosela a Diego;éste me miró y yo, ya sin nada que ocultar lo mire a él sin bajar la cabeza. Sonrió y le dijo a Isabel si quería que la follara un poco a lo que ésta respondió dandose la vuelta y "a cuatro pies" se puso en una posicion que permitía a Diego darle por donde quisiera. Diego eligió, y acertó plenamente, en follarle el coño.
Yo estaba asombrado de cómo una polla así podía entrar en un coño(yo ya antes lo había probado)tan estrecho y como ella comenzaba a dar grititos, esos grititos de placer que se dan cuando algo es pleno y te llena completamente de lo que sea, en este caso, de placer. Si bien Diego era en un principio el que marcaba el ritmo con sus acometidas, poco a poco fue pausandolas y fue Isabel la que, sin querer que aquello terminara(se le veía la cara de guarra que tenía;una cara exhultante y llena de placer)era la que acabó moviéndose, era ella la que ahora marcaba el ritmo, el cuándo la polla de Diego iba a entrar en ella.
Yo estaba nuevamente empalmado y dandole algunos masajes a mi polla, que se me puso como nunca pensaría que llegara a ponerse:ahora podría decir que la tenía tan gorda como Carlos, aunque era Diego el verdadero"macho" que estaba en la casa. Cogí la polla de plástico que estaba sobre la mesilla y comencé a darle lametones e introducirla en mi boca. Mientras tanto Carlos se hechó en la cama, y Isabel se dirigió a mí y me dijo:¡Chocho! Ahora vas a ver como lo que te dije antes no era mentira, y acto seguido se metió el nabo de Diego por el culo, despacio pero hasta el fondo, y tenedido todo él dentro y sin sacarlo, comenzó como a girar sobre él y a gritar, sí, a gritar de placer. No lo sacaba de su culo parecía que quería que nunca se lo sacara de allí. En voz alta comenzó a decir:Diego, chulo, eres un chulo y voy a ser tu puta, te lo juro, que polla tienes hijo-puta. Eres un veradero macho sin necesidad de más adjetivos. Follamé así, que tu polla me reviente, sigue, sigue, sigue. . . . Gemía y gritaba. Desde luego no era para menos.
Y aquí llega el momento algido:Diego, que tenía los brazos extendidos sobre la cama, levantó uno de ellos e hizo un gesto para que me acercara. Me sorprendió, pero no quería decir no, pero tampoco quería acudir velozmente. Me levanté y poco a poco me acerqué a él. De pie al lado de la cama, el acerco un poco su brazo y me cogió la mano. se la llevó a la boca, con sorpresa para mí, y la beso. En ese momento ya no pude resistirme, quería comermelo y que fuese él el primero en darme polla por detrás.
Claro, Isabel se encontraba(en el quinto?, en el sexto orgasmo?)como les dije con toda su polla dentro de su culo, lo que indicaba que dicha polla no perdía fuerza en absoluto. de manera que la única forma de participar e ir sustituyendo a Isabel era comenzar besandole los huevos, más que besarlos comencé a chuparselos. Inmediatamente, y con sorpresa para mí, Isabel se sale y termina corriendo hacia el baño y vuelve con una toalla mojada con la que limpia la posible suciedad que Diego pudiera tener en su pene.
(esto me confirmaba que efectivamente todo giraba en la casa buscando el placer de Diego y este me estaba requiriendo, sorprendentemente, a mi ahora)
Isabel dijo que no podía más en ese momento y que nos dejaba solos, y salió de la habitación.
Diego me levantó de la postura que tenía, mientras le chupaba sus huevos me posicionó para que más comodamente pudiera hacerle una mamada. Eso fue precisamente lo que hice a continuación. Indudablemente esa polla era, no solo algo mayor y más dura que la de Carlos, sino con un sabor mas varonil, más seco y metalico que la de Carlos. Le dije:dame tiempo para saborearte y después hazme lo que quieras.
El se abrió de piernas y brazos y dejó que yo se la chupara. Aquél glande era delicioso, lo mordía con cuidado y lo lamía sacándole todo su sabor. Eran movimientos mecánicos que parecía que siempre los había dado, cuando realmente ese día fue para mí el primero. Me la introducía todo lo que podía, me llagaba a la garganta y me daba la sensación de que iba a vomitar pero lo cierto es que no era así sino que al tenerla toda en la boca y llegarme hasta la campanilla esa era la sensación que daba. Después de unos minutos de estas así, mamando como una puta experta, me dí cuenta de que el orificio de mí culo estaba completamente abierto. Mientras seguía con mi "trabajo", llevé una de mis manos hacia ese orificio y con facilidad pude introducirme un dedo, y otro, pude introducirme dos dedos que entraban y salían con suavidad.
Le dije a Diego que me disculpara que iba un momento al baño y enseguida volvía. Él no dijo nada y yo me levanté y fui al baño, donde me lavé bien el sitio, el único sitio, por donde quería que Diego me "hiciera mujer". Volví, antes de salir, a ponerme las bragas de Esther y ya con ellas puestas salí de nuevo dirigiendome hacia la cama. Era extraño pero no había oido hablar a Diego desde que llegó a casa. Se limitaba a hablar con los ojos.
Cuando llegué al pie de la cama me agaché para besar su torso. un torso belludo y delicioso que desprendía un olor a colonia que hacía, junto con el olor de su polla, que me extasiara.
Di la vuelta a la cama y me tumbé dándole la espalda. Diego comenzó a pasar su mano por mis muslos y por la parte de mis gluteos introduciendo su mano entre las bragas para abarcar todo el gluteo que estaba magreando. Yo estaba sintiendo lo que nunca hubiera podido imaginar. Era una sensación nueva, femenina completamente, de indefensión, y tenía a un macho que en pocos segundo iba a meter su polla hasta el fondo de mi culo, iba a hacer conmiigo lo que quisiera. Lo deseaba, lo esperaba, estaba ansioso porque me quitara las bragas y me la metiera.
Eso fue precisamente lo que hizo, me las bajó y con mi ayuda desaparecieron de nuestra vista.
Acto seguido paso su mano derecha sobre mi garganta y se acercó a mí dándome pequeños empujones, con su cuerpo y con su polla. La notaba caliente, ardiendo más bien. Yo volví el brazo hacia atrás y llevé mi mano derecha hacia su polla, la masajeé y la dirigí hacia el culo. desde luego me planteaba cómo iba a conseguir introducírmela con aquél diámetro que tenía.
Me acordé de la crema de Isabel que estaba sobre la mesilla y facilmente acerqué la mano izquierda y cogí el bote que la contenía. Pase el bote a Diego y este lo cogió, lo abrió y se untó dos dedos con aquella especie de baselina. A continuación los bajó y me restregó la crema por el orificio la tiempo que poco a poco iba introduciendolos. Como sea que sus dedos estaban impregnados de lubricante entraban con facilidad.
Por primera vez me habló:¿te gusta?. A lo que le respondí que inmensamente. Que hacía tiempo y en secreto, esperaba una situación como aquella, pero que lo que no sabía era la buena suerte que iba a tener.
Saco los dedos y agarró su polla y comenzó a metérmela, poco a poco, despacio, con suavidad y sin darme cuenta la tenía completamente dentro, no me dolía. Senti gusto, mucho gusto. La notaba toda, cada centrimetro de ella. Me agarró por la cintura y apretaba. Le gustaba darme por el culo, era evidente, le gustaba introducir su polla por aquél orifico estrecho que le daba placer;segunro que más que el coño de Esther. En fin, Diego me folló de lo lindo durante una media hora. Indudablemente tomaba algo, pues no era normal mantener una erección durante tanto tiempo y sin correrse.
Al final conseguí que eyaculara después de ir al baño trayendo una toalla con agua caliente y limpiarle sus partes, que una vez limpias comencé, a modo de agradecimiento, a chupar y a chupar con tanta maestria que no tardó en expulsar su semen. Un semen copioso y denso que me llenó la boca por completo.
En fin, hasta aquí boy a contarles hoy. Probablemente en otra ocasión, si me apetece, volveré a decirles cómo continuó mi vida en este aspecto. En este aspecto sexual que tantos quebraderos de cabeza suele dar a las personas durante su periodo sexual.
Un saludo para todos de Amador
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